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viernes, abril 24, 2015

SIEMPRE ME GUSTARON LOS LIRIOS

                           (c) Lirios

Siempre me gustaron los lirios,
morados, azules, amarillos, blancos.

Admiro su quietud de luna,
su tacto triste, como de tierra sola.

Huelen a niebla dulce,
atravesada por una luz hermosa.

Bajo su apariencia de frialdad,
se pliega la ternura viva,
en la búsqueda inútil
de una melancolía eterna.

Siempre me gustaron los lirios,
como me gustan las apacibles tardes blancas
y como me gustas, tú,
sin una razón que convenza a los incrédulos.

Luz del Olmo 

miércoles, abril 22, 2015

SEFARAD


                        
                

Me lo encontré en el Talgo camino de Santander, cuando atravesábamos los pueblos de la provincia de Burgos. Como no me llegaba el sueño, decidí acercarme hasta el bar para entretenerme un poco. Él se encontraba allí, detrás de la barra. Nos reconocimos al instante y eso que hacia ya varios años que nos habíamos perdido la pista. Nos alegramos y entre risas entablamos la conversación, porque en ese momento, no había nadie en la cafetería del tren. Hablamos de esto, de aquello y entonces me soltó la frase: “A veces, en el curso de un viaje, se escuchan y se cuentan historias de viajes”.

A pesar del tiempo y la distancia, los dos habíamos continuado con nuestra afición desmesurada en eso de leer y escribir. “Cuenta, cuenta”, le incité entusiasmada y me relató una de las muchas historias de amor y sexo que pueden suceder en un recinto cerrado, como puede ser el tren y sus compartimientos más secretos, “ aunque no lo creas, el lavabo es un lugar propicio donde los viajeros que transportamos, con toda su vida a cuestas, desfogan sus veleidades”.

Al terminar sus historias, algunas que había vivido como camarero en el tren, y otras que le contaron, los dos advertimos, cómo la hora del conticinio, empezaba a desaparecer y deseamos con todas nuestras fuerzas, retener el tiempo pasado en la memoria.

-¿Qué estás leyendo?

-Sefarad

-Buen libro. Denso, con un ritmo vibrante en sus palabras, mezclando situaciones, personajes, lugares, puntos de vista, donde el lector ha de participar activamente para no perderse el hilo.

-Y tú, qué estás leyendo ahora- le interrogué curiosa.

  • El Proceso, de Kafka.
  • Recuerdo que ya lo habías leído.
  • Sí, pero a Kafka siempre hay que volverlo a releer y  más 

    si estás leyendo el libro de Muñoz Molina.

Nos volvimos a mirar directamente a los ojos y comprendimos que nuestra complicidad y sintonía en esto de leer y escribir, a pesar de los años y la distancia, seguía inalterable.

  • ¿Recibiste mi carta?

No pudimos hablar de ello. Los viajeros, al igual que la luz del día, habían comenzado a llegar.


Luz del OLmo


viernes, abril 10, 2015

MIS PASEOS POR EL MADRID CON LLUVIA


Cuando salí de mi casa en la mañana de ayer, el cielo amaneció nublado  y sin lluvia, por eso me olvidé del paraguas.

Había  medio quedado con una amiga para ver la primavera  en el Retiro. Ella me había hablado  de una exposición muy interesante  que se encontraba en La Casa de Vacas.

                       
A las diez de la mañana, la hora de la cita, comenzaron a caer algunas gotas y la exposición  de Antonio de Felipe “Graffitipop”  me sirvió de refugio.

Refugio donde me entretuve una hora y no sólo por la lluvia torrencial que me impedía caminar por los numerosos paseos  que se encuentran en el parque, con sus árboles ya repletos de hojas verdes y flores de distintos colores,











si no también porque en verdad  descubrí que todo lo que me había comentado mi amiga  a cerca de la exposición,  era muy cierto y  merecía la pena, detenerse y degustarla. Según palabras del propio autor : "Más que una exposición es una experiencia artística" y así lo sentí.



















A las once, poco más o menos, dejó de llover y  también supe que mi amiga, había decidido no venir. El mal tiempo la desanimó, así que sin compañía y en ese momento sin agua que cayese del cielo,  decidí pasear  y observar la primavera  cuando no luce el sol,  en el parque del Retiro.

Poco me duraron  los paseos porque al rato, comenzaron  de nuevo las gotas de lluvia, no obstante, me dio tiempo  a llegar hasta  el Palacio de Velázquez,


para ver y mirar otra exposición  del artista italiano  Luciano Fabro, donde descubrí que la  utilización  de los amplios espacios, combinados  con los materiales simples y comunes que utilizamos en nuestra vida cotidiana como telas, plásticos, hierros, maderas, piedras, papel, cristal..,  me estaban llevando a respirar poesía en un sentimiento interior de serenidad.



Era la hora de volver a casa y no tuve más remedio que cruzar el Retiro  bajo la lluvia de abril y sin paraguas.

A veces los paseos no se presentan como los piensas en tu imaginación y  aunque las condiciones parezcan adversas, en ocasiones te pueden dar gratas sorpresas  porque no importa dónde estés, si no más bien como tú te sientas.


Luz del Olmo

miércoles, abril 08, 2015

EL HÉROE DISCRETO, PERDIDO, HALLADO Y FINALIZADO



                                  (c) Luz

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente
.
                                                                                                        Fernando Pessoa

La literatura, como todo arte, es la demostración de que la vida no basta.

                                                                                                         Fernando Pessoa

Este martes de primavera en Semana Santa, decidí mostrar al  libro  El Héroe discreto, que también en los espacios fuera de los transportes habituales, donde le ha gustado que le leyese, se podía sentir cómodo, por ello le mostré cómo de ancha puede ser Castilla y tener horizontes ilimitados.

Parece que le gustó. En  las dilatadas y amplias llanuras, me senté bajo un sol cálido que lucía en un cielo, lleno de luz azul,y,  refrescada por el aire que corría con parsimonia, avancé en mi lectura para comenzar  en ese otro martes del invierno limeño donde don Rigoberto y doña Lucrecia vivieron lo que consideraron el peor día de su vida:

Don Rigoberto tuvo que sufrir el acoso judicial de los mellizos, Miki y Escobita . Se llevó otro susto con las apariciones de Edilberto Torres que seguía teniendo su único hijo Fonchito. Tuvo una llamada de su jefe Ismael Carrera, para comunicarle que ya se encontraba en Lima de vuelta de su viaje de novios y le pedía una cita inmediata. Cita a la que acudió presuroso y donde se enteró de lo mucho que había disfrutado con su mujer Arminda y de las últimas novedades de lo que había hecho con su próspera y rica compañía y de cómo su fortuna había aumentado considerablemente.
A última hora,  su esposa, toda compungida, le comunicó la triste noticia: su amigo, tan lleno de vida, que apenas unas horas antes hablaba con él, acababa de morir.

Seguí leyendo mientras de vez en cuando miraba por un lado las cumbres nevadas de La Pinilla y por otro, la nieve de Los Picos de Urbión y la Sierra de la Demanda, para sumergirme en la traición de Miguel y Mabel, hijo y amante del otro héroe discreto Felicito Yanaqué y la consiguiente amargura y desazón en el descubrimiento, no sólo de los extorsionadores si no también, de su propia sospecha, en relación a quién era su verdadero y único hijo.

La muerte de Ismael Carrera, trajo consigo el encuentro de los personajes en la figura de la viuda Arminda en Piura y la resolución a todas las incógnitas.

Estaba empeñada en dominar este libro que se resistía en ser leído, fuera de los transportes, por eso esta mañana, decidí que el capítulo XX y último iba ser, sí o sí, dentro de mi casa y al llegar a los dos últimos párrafos, recordé al poeta portugués Fernando Pessoa, a quién cito en el comienzo de este pequeño texto.

Luz del Olmo