LA ÚLTIMA COSTA
Había una barcaza, con personajes torvos,
en la orilla dispuesta. La noche de la tierra,
sepultada.
Y más allá aquel barco, de luces mortecinas
en donde se apiñaba, con fervor, aunque triste,
un gentío enlutado.
Enfrente aquella bruma
cerrada bajo un cielo sin firmamento ya.
Y una barca esperando, y otras varadas.
Llegábamos exhaustos, con la carne tirante, algo seca.
Un aire inmóvil, con flecos de humedad,
flotaba en su lugar.
Todo estaba dispuesto.
La niebla, aún más cerrada,
exigía partir.Yo tenía los ojos velados por las lágrimas.
Dispusimos los remos desgastados
y como esclavos, mudos,
empujamos aquellas aguas negras.
Mi madre me miraba, mu fija, desde el barco,
en el viaje aquel de todos a la niebla.
FRANCISCO BRINES - de su libro LA ÚLTIMA COSTA (1995)

¡Cómo llenan algunas palabras!
ResponderEliminarSe nos van muriendo los referentes. Que, al menos, tengan el homenaje de nuestras lecturas.
ResponderEliminarDescanse en paz en el cielo de los poetas
ResponderEliminarCarmen, es verdad que sus palabras llenan.
ResponderEliminarBesos
Pedro, Brines fue un gran referente para mí, desde que leí su primer libro y no he dejado de leerlo. Todos tendremos que irnos, pero algunos como Brines nos dejan sus palabras que son inmortales.
ResponderEliminarBesos
Sor Austringiliana, seguro que está descansando en paz por ese cielo tan lleno de poetas, desde tiempo inmemorial.
ResponderEliminarToque de tocas.