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lunes, enero 08, 2007

EL ÚNICO ESPECTADOR

El cuento que nunca escribiste



EL ÚNICO ESPECTADOR


...mientras dormimos aquí estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres

JORGE LUIS BORGES .

La sala estaba oscura y vacía. En una pantalla grande se podía ver y escuchar el nacimiento, desarrollo y evolución técnica del "Ferrocarril en España".

Pasada media hora, el video, como un niño obediente y aplicado que se ha aprendido bien la lección, volvió a empezar desde él principio:

"El ferrocarril tardó algún tiempo en establecerse en España, en relación con los demás países europeos,...........”

Y el único espectador no se movió de su butaca, seguía allí imperturbable con los ojos fijos en las imágenes que se sucedían entre paisajes, máquinas y vagones arrullados por la voz melódica del presentador.

Pasaba el tiempo y todo seguía igual, el único movimiento rotatorio era el de la cinta que se sucedía una y otra vez agotando los minutos y las horas.

Llegado el momento, la máquina se desconectó. En la pantalla aparecía en letras mayúsculas esta inscripción: HISTORIA DE LA RENFE y fue entonces cuando quedó todo a oscuras y en completo silencio.

Y el único espectador permaneció inmóvil como la muerte.


II

Aquella mañana del mes de Julio no sabia que hacer. Estaba aburrido y salí de casa sin decidir un destino fijo. Bajé por la Gran Vía ( Yo vivo en una de las calles adyacentes, en Barbieri) y al llegar a la esquina del Banco de España, torcí por el Paseo del Prado. Aún no hacía calor, pero el frescor y la sombra de los robles me gustaba y andando llegué hasta la nueva estación de Delicias. Un cartel anunciaba que había una exposición sobre el Ferrocarril en España.

Desde muy pequeño me han atraído los trenes, solía jugar con mis
amigos a ser maquinista acoplando cajas de cartón que encontrábamos en la basura, las uníamos con un cordel y después viajábamos por lugares exóticos e imaginarios.

Recordando viejos tiempos decidí visitar la exposición.

Era curiosa. Máquinas de todas las épocas se sucedían junto con algunos vagones que servían de vagón-cafetería. Era como viajar en el tiempo sin sucesión de paisajes y sin movimiento. Después de disfrutar de aquellos vagones de madera y máquinas antiguas de vapor, me acerqué hasta un tren en miniatura que corría y corría sin parar haciendo un recorrido tan corto que al minuto estaba otra vez de vuelta.

Subí las escaleras. En la segunda planta se anunciaba un video. Como no tenía otra cosa que hacer, pensé que podía pasar un rato agradable y fresco, pues para esa hora ya debía de pegarle bien el calor.

La sala estaba oscura y vacía. Una especie de escalofrío me recorrió el cuerpo; en la pantalla unas letras mayúsculas anunciaban: HISTORIA DE LA RENFE. Me senté. Las luces se apagaron y mis ojos quedaron inmóviles y fijos en la pantalla.

LUZ DEL OLMO

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