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jueves, noviembre 22, 2007

EXPOSICIÓN EN VELILLA











MAUTHAUSEN

Cuando llegué al campo de concentración, no quería entrar. Sospechaba que a pesar del día tan agradable, era verano, y del ambiente tan acogedor, las montañas verdes de Austria lo rodean, inevitablemente me iba a encontrar con el dolor. Estábamos de vacaciones y no me apetecía visitar todo aquel horror que los nazis llevaron a cabo durante la II Guerra Mundial.

Ya la entrada es fea y austera y a pesar de mi resistencia, decidí que debía conocer aquella parte de la historia que todos quisiéramos olvidar.

Pasear por los barracones y ver las salas enormes de madera. Imaginar a las personas que allí vivieron. Encontrar las fotografías de cuerpos desnudos y escuálidos.Ver el trabajo en las canteras de los prisioneros con sus trajes de rayas o el paso de los militares de las SS con sus uniformes y sus botas pisando las piedras que tanto esfuerzo y muerte había costado a los prisioneros, me rebelaba, me revolvía.

Allí estaba la historia de la Europa rota, destrozada, herida y muerta. Esa historia era también la de los españoles republicanos. Algunos volvieron, pero muchos se quedaron en esas tierras cercanas a la ciudad de Linz.

Cuando llegué a los hornos crematorios, fue imposible no llorar y seguí en el llanto al ver las habitaciones cuadradas, llamadas duchas, donde gaseaban a los prisioneros.

Todo esto no era una pesadilla. Había ocurrido y lo que yo estaba viendo era solo una pequeña muestra de la infamia que tantas personas tuvieron que sufrir por unas absurdas y crueles ideas de un genocida y todos sus acompañantes que por convicción o miedo le siguieron.

No sé el porqué, pero mi sensibilidad se acrecentó al subir por la “escalera de la muerte”. Aquella escalera estaba hecha, piedra a piedra por españoles. Sus pocas fuerzas y el estado tan lamentable en que se encontraban llevó a unos cuantos hasta la muerte.

Aunque parezca imposible, al salir de aquel recuerdo de ignominia y crueldad, pensé que hice bien en haber entrado.
Hace más de medio siglo de todo esto y sin embargo, la ideología nazi sigue vigente y no ha sido extirpada de la sociedad. Cuando escribo esto, causalidad o casualidad que sea el 20-N, apenas hace una semana que han matado a un joven antifascista de 16 años en Madrid y este fin de semana ha habido manifestaciones de estos grupos, que cada vez son más numerosos, donde hacen alarde de su ideología fascista y nazi.

A veces no queremos saber porque duele y nos hace sufrir, pero con el cáncer hay que prevenir y conocer para no tener que llegar al tratamiento.

LUZ DEL OLMO

2 comentarios:

Kety dijo...

Hola Luz, tiene que ser impresionante sabiendo lo ocurrido,
a mi me pasó - sin comparar-, cuando visité el cementerio judío en Berlin. Está tal cual, con las sepulturas destrozadas.
un abrazo
kety

Ele Bergón dijo...

Hola Kety, ayer en la exposición me pasó lo mismo, no quería entrar en ella y me costó, pues ver el horror y la crueldad de lo que somos capaces los seres humanos, aunque sea en fotos, duele y mucho.

En la inaguración había hijos, nietos y familiares de personas que habían muerto en este capo. Hablé con algunos de ellos y me di cuenta que si bien muchos pueden superar el odio, a otros les ligue haciendo daño y les es difícil perdonar.

Besos Luz