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lunes, enero 28, 2008

ESTOCOLMO




Ya en el aeropuerto de Arlanda, en la capital sueca, no sabíamos quién nos podía esperar. Imaginábamos que alguien sujetaría un cartel con las iniciales de nuestra agencia. Efectivamente un hombre alto y delgado con cara de despiste, soportaba las letras que en seguida identificamos. Nos acercamos a preguntar. Resultó no ser el guía. Era un viajero más e igual de desorientado que nosotros que venia desde Madrid. Una chica morena le había dicho:

-Toma. Sujeta esto.
Él obedeció.
Como nos habían indicado en Barajas, preguntamos por Ana para entregarle un sobre que le traíamos desde Madrid. Otra chica, que no era la Ana que buscábamos, nos pidió nuestros nombres y recogió el sobre asegurándonos que todo estaba correcto.

Poco a poco se fue reuniendo el grupo y nos llevó hasta un autobús que que resultó ser con matrícula de Salamanca.

Ya en el autocar se presentó nuestra guía, Roselín, una malagueña morena y alegre. También conocimos a José, nuestro chofer.

Roselín nos fue explicando, mientras recorríamos los 50 Kms que hay desde al aeropuerto hasta la capital, algo de la ciudad de Estocolmo y nos hizo sus recomendaciones para hacernos má grata la estancia en este país.

-No tengan ningún problema en beber agua del grifo. Es potable y muy buena. Lo que está prohibido es el fumar en el hotel

-¿Cómo qué no se puede fumar? – preguntó algún empedernido fumador.

-Si. En el hotel no se puede fumar en las habitaciones y sólo a partir de las tres de la tarde, en una sala que tienen destinada para ello.

- Pero si fumas en el váter de la habitación no te ven. – Esta vez era una voz femenina.

- Lo tienen todo controlado y se dan cuentan. Yo he intentado hacer trampas y me han pillado. Les digo que no fumen en las habitaciones- Insistía Roselín.

Como no soy fumadora, ese problema,a no me preocupaba en absoluto. Después comprendí que para algunas personas como Elvira (más tarde d supe que se llamaba Elvira) era de vital importancia. Ya en la recepción del hotel, ella me miró un poco nerviosa. Lo que sí comprendí que en Suecia, eso de fumar como lo de beber, era algo complicado.

-No se olviden de llevar siempre el pasaporte con con Vds. Conviene que no descuiden los bolsos. No es una ciudad muy insegura, pero es mejor prevenir.

-Los países nórdicos son caros - insitía la guía- Así que tenga cuidado cuando se meten en un restaurante. La comida de cualquier puesto de la calle o tiendas no tiene ningún tipo de problemas. Hay unos controles alimentarios muy rigurosos.

Parecía que tenía experiencia y nos ponía sobre aviso. Roselín destacaba por ser eficiente y práctica.

-Ahora, suban a las habitaciones que les hemos asignados y no se olviden de mirar la nota que les pondré aquí, en la planta cuarta, a la orilla del ascensor. Esta tarde tienen tiempo libre. Mañana nos volvemos a ver en el hall de la entrada. El autobús nos estará esperando y dedicaremos toda la mañana para ver la ciudad. Nos acompañará un guía sueco. La televisión seá la encargada de despertarles. Cada uno puede organizar su tiempo como quiera. Les aconsejo, por la hora, coger un barco para tener una primera mirada de la ciudad. Les llevará a las diferentes islas.
La malagueña volvió a repetir las instrucciones una par de veces más. Quizás porque podía ver en nuestras caras el despiste o porque no siempre ella era lo suficiente clara en sus explicaciones.

Para despedirnos dijo:

- Bienvenidos. Espero que lo pasen muy bien y hasta mañana. No olviden mirar la nota.-Insistió.
Estábamos empezando a comprender que nosotros no íbamos a tomar las decisiones del viaje, pues éstas estaban ya programadas, por lo tanto lo mejor era era dejarse llevar y confiar en los expertos.

La habitación del hotel bien. La mayoría subió al piso quinto. Nosotros nos quedamos en el cuarto donde se encontraba el comedor para el desayuno del día siguiente.

Como estamos acostumbrados a ir a nuestro libre albedrío, decidimos no tomar el barco y comenzamos a callejear por la ciudad.

Lo primero que volvimos a ver fue la Sala de Conciertos donde Cela recogió el Nobel. Era un edificio azul con columnas blancas que se encontraba situado muy cerca del hotel. Un pequeño mercadillo ocupaba la plaza de detrás del edificio donde sobresalía una estatua de metal negro, grande y desnuda de Orfeo cómo queriendo escapar de entre varías mujeres. Nos contaron, ahora no recuerdo quién, la historia de este personaje de la mitología y su esposa, la ninfa Eurídice, su muerte, posterior rescate y la nueva y definitiva pérdida de Eurídice, por ser incapaz Orfeo de no mirarla antes de salir del reino de los muertos. Su nuevo intento y retirada a Tracia, donde las mujeres pretendieron consolarlo. Al no conseguirlo, en las fiestas de Baco, estas mujeres, apagaron su voz, le atacaron furiosas y destrozaron su cuerpo.


(Mariano)

Después de esta breve visita, encaminamos nuestros pasos hacia la calle peatonal. Más tarde supimos que Estocolmo es una ciudad formada por 14 islas que se van uniendo por puentes que nosotros pasábamos en nuestro caminar, cruzándolas sin, a veces, darnos cuenta. Cuando la construyeron allá por el año 1252, la llamaron: “Staden mellan broarna,” es decir, la ciudad entre puentes.

Nos paramos en el lugar en que se unen el mar Báltico y el Lago Mälar , justo enfrente del Ayuntamiento. No recuerdo que hora era, quizás las siete o las ocho de la tarde, pero la paz y la tranquilidad que se respiraba, nos hacía sentirnos bien. Los edificios a la orilla del agua tienen una magia especial.

La primera mirada de Estocolmo fue la de una ciudad con una belleza serena, como esas mujeres y hombres que al verles te inspiran calma con su armonía. Volvimos a la calle peatonal y cenamos. Yo no entendía exactamente ( y eso que estaba la carta en inglés) qué iba a cenar, sabía que era algo de patatas y pescado. Resultó ser una patata y pescado en vinagre. Ya lo he comido otra vez y me gusta. No pedimos cerveza, por eso no fue muy caro.



6 comentarios:

Anónimo dijo...

Conozco a una profesora de cultura clásica que nos hablaría extensamente del mito de Orfeo y Euridice,en su blog...
No hubiera relacionado yo a los suecos con los mitos griegos.

Kety dijo...

Hola Luz, en ese viaje, lo único que estaba en su sitio era la estatua; ni Ana, ni el cartel...
Pobres fumadores, soñando con su viaje, y no podían fumar ni en la intimidad de la habitación.


Me alegro de tu llamada, ¡Ah!corrígeme cuando me equivoque. :-)
Un abrazo

Ele Bergón dijo...

Hola Keti, fue un placer hablar contigo y me alegro que me advirtieras de los errores. Lo he mirado un poco por encima y efectivamente, tengo que volver a recolocar la entrada. Ahora no tengo tiempo, pero en cuanto pueda lo haré.

Gracias por leer lo que escribo, no todos al ver un texto tan largo lo hacen o lo van a hacer.

Besos y seguimos en contacto.

Ele Bergón dijo...

¡Hay tantas cosas aún por descubrir! El viajar amplia los horizontes y nos damos cuenta de las diferentes y variadas culturas que se dan en distintos lugares de este nuestro planeta.

¡Somos tan diferentes y a la vez tan iguales!

Besos anónimo amante de la cultura.

Anónimo dijo...

Este amante de la cultura lanza a los cuatro vientos que es ella la que nos alivia de la pesadumbre de vivir.

Anónimo dijo...

La abuela de una pequeña amiga mía nos recuerda con este cuento cómo no se debe viajar:
Fábulas en verso castellano
Juan Eugenio Hartzenbusch

Un pescador, vecino de Bilbao, cogió, yo no sé dónde, un bacalao.
-¿Qué vas a hacer conmigo?- el pez le preguntó con voz llorosa.
Él respondió:-Te llevaré a mi esposa: ella con pulcritud y ligereza te cortará del cuerpo la cabeza; negociaré después con un amigo, y si me da por ti maravedises, irás con él a recorrer países.
-¡Sin cabeza! ¡Ay de mí! -gritó el pescado.
Y replicó el discreto vascongado: -¿Por esa pequeñez te desazonas? Pues hoy viajan así muchas personas.