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lunes, enero 05, 2009

FELIZ NOCHE DE REYES


Tú eres la música de esta tarde

Carlos Murciano

Tú eres la música de esta tarde

de esta tarde fría y oscura

llena de niebla gris.

Música que va anunciando

la noche de los deseos

porque andan los zapatos

en el alféizar de la ventana

llamando a las ilusiones

con tres notas musicales.

Cuando despiertes mañana

¿tendrás lo que has soñado

en estos días de viento y rosas?

Tú eres niño o eres niña

y esos que llaman adultos

te cuentan sus fantasías

por ver a tu inocencia

reflejada en su memoria .

Otros, no.

La han borrado para siempre

Sólo les queda:

la obsesión por poseer.

En cualquier caso, tú (niño o niña)

música de esta tarde fría y gris

eres una marioneta

de los que nacieron antes que tú .

Cuando seas mayor

( niño o niña)

aprenderás a mover los hilos

de los que nacerán después de ti.

5 de Enero de 2000

LUZ DEL OLMO

(Poema publicado en El Informativo Vicálvaro, periódico de barrio que se publicaba por aquellos años de los que guardo unos buenos y gratos recuerdos)

2 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

¿Obsesión por poseer u obsesión por ser?
Me gusta ...

Anónimo dijo...

BAJO UN VIEJO TECHO

Esta noche duermo bajo un viejo techo,
los ratones corren sobre él, como hace mucho tiempo,
y el niño que hay en mí renace en mi sueño,
aspira de nuevo el olor de los muebles de roble,
y mira lleno de miedo hacia la ventana,
pues sabe que ninguna estrella resucita.

Esa noche oí caer las nueces desde el nogal,
escuché los consejos del reloj de péndulo,
supe que el viento vuelca una copa del cielo,
que las sombras se extienden
y la tierra las bebe sin amarlas,
pero el árbol de mi sueño sólo daba hojas verdes
que maduraban en la mañana con el canto del gallo.

Esta noche duermo bajo un viejo techo,
los ratones corren sobre él, como hace mucho tiempo,
pero sé que no hay mañanas y no hay cantos de gallos,
abro los ojos, para no ver reseco el árbol de mis sueños,
y bajo él, la muerte que me tiende la mano.



De Para ángeles y gorriones, 1956
También en: Los dominios perdidos, 1992.
Versión corregida aquí consignada


Un regalo para los niños que somos todos, de vez en cuando. En esta oportunidad estos versos de Jorge Teillier, van para udes.

Navero