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jueves, febrero 22, 2018

UN PASEO POR LIÉRGANES CON EL HOMBRE PEZ EN LA MANO




Y allí estuvimos, a finales del pasado mes de junio, donde dicen que nació El hombre pez.

El día amaneció nublado y con amago de lluvia.
Después de transitar por carreteras de montañas con intensa niebla, donde las vacas interrumpían el trayecto,


 llegamos a nuestro destino a la hora de comer ¿dónde? No había más remedio que hacerlo en el restaurante de El hombre pez .



Su recuerdo se encuentra por todas partes y el agua, que nunca nos dejó, fue nuestra compañía.




Allí sigue el río Miera donde Francisco, el hijo pequeño de la familia de la Vega y Casar, allá por mediados del siglo XVII, encontraba su estado perfecto, al bucear en sus aguas.
También tuvo sus burlas y bromas de mal gusto, como la de un tal Quinquicino, entre otros, para sacar del pozo de Valcaba, la corona de la Virgen Blanca.
 


En  una estatua de bronce, ha quedado inmortalizado en este río Miera, mientras desde una roca mira, relajado y tranquilo, el correr de las aguas,

    después de su gran viaje desde los astilleros de Bilbao, donde lo llevaron sin su consentimiento,y, llegando por su propia voluntad, hasta Cádiz.  


Ahora reposa en la orilla, recordando sus andanzas por los fondos de los mares, donde de vez en cuando, se paraba a descansar.


El puente, con su calzada empedrada y regada por la lluvia, fue construido bastantes años antes de que, ocurriera, o no, esta historia y donde el lodo y la tierra  empaparían las calles nada agradables, para este niño-hombre de leyenda. 

En el siglo XXI han nacido las hortensias, porque quieren recordarnos, cómo todos somos muy  capaces en algo e incapaces en muchas otras habilidades. 






El hombre pez que  nos cuenta Juan Antonio Abella, basándose en su leyenda, recogida por la autoridad, que lo es, del  padre Feijó,  pudo haber existido o no, y haber hecho   su hazaña o ser un pequeño invento,  pero el autor nos lo hace  tan creíble,   que nos trasladamos a la época del Barroco, ayudados por el lenguaje de aquellos tiempos, hasta sumergirnos en el libro,  con la misma facilidad que el hombre pez, buceaba en las aguas de los ríos, mares y océanos.

Hoy,  al escribir  estas letras, recuerdo que mientras yo miraba  como el agua de lluvia caía sobre  río  Miera  que sigue atravesando Liérganes, pensaba en  su cauce que  nunca cambia. 



(c) Fotos de David Plaza  

6 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

Te ha quedado un precioso reportaje. ¿Cómo no se iba a mojar el libro si era "El hombre pez". Un buen fotógrafo además. Hermosa y verde tierra.
Besos, Luz.

Paco Cuesta dijo...

A veces las leyendas toman visos de realidad.
Besos

Myriam dijo...

Estupendo reportaje, Luz, en texto y fotos.

Hermosa tu zambullida en el libro de Abella.

Besos

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Qué hermosa entrada. Y qué lugar tan bonito para tomarse un descanso del calor veraniego. Gracias por ella. Recogeré esta entrada en la que dedique a la obra de Abella, dentro de unos días.
Besos y gracias por tu comprensión a mi retraso y paréntesis.

La seña Carmen dijo...

Liérganes con lluvia tiene más magia que a la luz del sol.

José Antonio Abella dijo...

Muchas gracias por tu hermoso comentario, y por hacerte esa foto con el hombre pez de bronce y el de papel.