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domingo, mayo 20, 2007

UNAS HORAS SOLA EN BARCELONA

Como no me gustan los cables, antes de entrar en el recito, ya se me había cruzado un autobús que indicaba Barcelona, por eso después de los saludos formales, decidí subir en aquel autobús. Por fortuna no tardó mucho en llegar al lugar donde podía tomar el metro o el tren de cercanías. Me decidí por éste último. En la ventanilla de los billetes me dijeron que si bajaba a la vía dos, el tren me llevaría directo al centro, así que comencé a escribir en mi cuaderno de notas:

Cojo el tren no sé en que línea, sólo que su destino es Martorell. Después de viajar por un túnel largo y otro corto, me bajo en la siguiente parada porque me suena el nombre al anunciarla por el altavoz: Plaza de Cataluña.

Estas palomas no son de la Plaza de España en Madrid, son de la Plaza de Cataluña en Barcelona

Comienzo mi andadura dejándome llevar a ver que pasa. En la plaza las fuentes no tienen agua, pero sí hay en esta mañana del sábado, muchas palomas y niños/as. Me parece que hay juegos para ellos. Hago algunas fotos y bajo por una calle que por la cantidad de gente que pasea, me creo son Las Ramblas. Me extraña un poco el que no haya puestos, pero sigo andando con mi ignorancia. Llego a una bifurcación y me desvío. Tengo frente a mi la Catedral. Entro por el lado del Claustro. Lo veo, hago fotos. Me adentro en su interior. Hay mucha gente. Noto el ambiente distendido, pero eso no impide que la atmósfera de la Iglesia me huela a misticismo, espiritualidad y grandeza de todas estas catedrales góticas. El estar allí, me produce la sensación de quererme quedar para siempre que se mezcla con el deseo de irme. Me suele pasar con los lugares que me atraen de una forma especial. Salgo por la puerta principal, no puedo hacer fotos a la fachada porque está toda en obras. Allí, en la explanada hay puestos y demostraciones de Euskadi, ( las autonomías se atraen.) Sigo adelante, creo que bajando encontraré el puerto. Me meto en una calle con bastante circulación, debe ser una de las principales. Sigo caminando y veo que en un restaurante anuncian un menú por nueve euros. Pienso que quizás pueda comer ahí. Sigo el camino y efectivamente distingo ya los mástiles de los barcos. He llagado donde quería. Me siento en un banco y llamo a mi amiga Ino. Comparto con ella el mismo amor “ Y ellos, los poetas, proceden sin duda del mar” escribió Nietzsche . Sigo andando, el cielo está nublado y el reloj que tengo enfrente marca los 25º. Siento la calma pero me parece que este amplio y moderno paseo marítimo tiene demasiadas colillas tiradas en el suelo. Hago fotos y sigo tomando notas.



El paseo por el puerto

Paso por un puesto de helados y decido que voy a comer uno. Tienen varios sabores y empiezo a preguntar. La chica que está fuera del puesto va traduciendo a la de dentro en un idioma que me suena (con el mal oído que tengo) a árabe.

-¿En qué idioma hablas?
- En tagalo, soy filipina

Entonces recuerdo a Percival y aquellas cuatro palabras que me enseñó en su idioma:

-Ku mus ta ka? ( Lo escribo tal y como lo pronuncio)

- Mabuti ( Me contesta con los ojos muy alegres)
- Salamat, le digo y entonces ella se ríe y le cuento cómo lo aprendí.

Me despido y saboreo mi helado de chocolate mientras camino. A un lado el puerto y sus barcos y al otro centros de consumo y pienso que las ciudades, como las personas, son todas iguales y distintas. Miro al cielo que cada vez está más cubierto y veo un telesférico que va y viene. Me pregunto por su recorrido, pero no indago más.

Después de comer mirando el agua, me siento e intento hacer una foto en vuelo a alguna de las gaviotas para regalársela a Juan Salvador que ahora planea por estos nuevos espacios, pero no puede ser. Mientras, ha empezado a llover un poco y Colón me indica con el dedo que puedo pasarme por un pequeño rastrillo con “zarrias” que diría mi madre. Me doy una vuelta y al tomar mi camino de regreso, me doy cuenta que ahora sí estoy en Las Ramblas. Los puestos de flores y animales en jaulas se suceden junto con los mimos y músicos que animan y alegran toda la calle.



Las jaulas que tanto les gustan a otros.


Los puestos de flores que tanto me gustan a mi.

De vuelta otra vez en la Plaza de Cataluña cojo directamente el tren de Cercanías que me llevará a mi destino, Cerdanyola del Vallès.

Cada vez estoy más convencida que los otros forman parte de nosotros, pues aunque paseé sola estuve siempre acompañada y en los momentos que necesité ayuda, con sólo pedirlo, de una forma muy amable, todos me atendieron.

5 comentarios:

pedro dijo...

¿Y que hacías tú por Barcelona?

Ele Bergón dijo...

Andorrear, Pedro, andorrear o lo que es lo mismo cazcalear. Es decir: Andar de una parte a otra, fingiendo hacer algo útil.(Según el Diccionario de la Lengua Española) ¿Es que tú no lo haces nunca?

kety dijo...

Hola Luz, qué gracia me ha hecho ver la palabra "andorrear".En mi pueblo es conocida como tu la defines. No estoy segura, pero en Madrid no me suena haberla escuchado.
Qué envidia, cómo te mueves! y que fotos más chulas haces.
Al igual que a Pedro, te mando la dirección de mi hijo por si te apetece.

http://cabrejas.blogspot.com

Kety

Anónimo dijo...

YA VEO QUE TU PASEO POR BARCELONA TE RESULTO MUY PRODUCTIVO TE DIO TIEMPO A SENTIR MUCHAS SENSACIONES, CLARO QUE COMO NO SOY POETISA NO ME TOCO RECIBIR UNA LLAMADITA EN DIRECTO.
ELVIRA

Ele Bergón dijo...

No te quejes Elvira que a ti te llamé antes y después y te he contando muchos detalles que no están puestos aquí. De todas formas ya lo tendré presente para el próximo viaje. A no ser que lo hagamos juntas y ya no sea necesaria la llamada.

Besos.