Recogemos quimeras de la tarde
en el invierno, y el tiempo,
que todo lo transforma,
a veces cura, pero también mata
ideales y pasiones que en el pasado
tanto nos hicieron temblar.
La intensidad nos soñó
y quiso beber con nosotros
muchos de aquellos paraísos
que imaginamos en instantes
de sabía transparencia.
y cerrador de puertas y ventanas.
¿Por qué y para qué tanta insistencia
si sólo somos partículas
cambiantes en una corriente
imposible de parar y detener?
No hay presente
y sin embargo, con frecuencia,
nos empeñamos en seguir en él.
Pasar, pasar e irnos transformado,
esa puede ser nuestra dicha.
Mas los recuerdos son pertinaces
y se empeñan en anclarnos
sin dejar de influir en un ahora
carente de existencia.
*Poema escrito después de leer el cuento “El Rojo” de Somerset Maugham



