jueves, junio 04, 2020

Y YO, NO TENÍA PALABRAS PARA CONTARLO





Lo nunca visto, ni sentido, ni oído,ocurrió:

Y yo, no tenía palabras para contarlo.

Allí, en el lugar, donde encuentro mi paisaje, empezó la tristeza y  desamparo, cuando el famoso estado de alarma.

Pero yo seguía, sin tener palabras para contarlo.

Allí, donde respiro el mejor de los aires, empezó la primavera que me iba regalando flores, mientras caminaba, con una pequeña libertad, por calles y caminos que me vieron nacer. 

Las palabras no volaba, pero sí lo hacían los vencejos en su trisar.

Me asomaba a las ventanas y terraza para mirar los paisajes nunca vistos, de una autopista vacía de coches, donde solo transitaban grandes camiones  que iban y volvían, pareciéndome ciegos, en un asfalto irreconocible. 

Finalizó marzo, tuvo que pasar abril  y también mayo, para seguir en ese estado catatónico donde mis amigas, las palabras, habían huido, porque esta pandemia, nos iba sumergiendo, a unos más que a otros, en un virus que saltaba de lugares y personas, hasta llevarse algunas, para siempre. 

Fue entonces cuando ya quedé muda y las palabras, decidieron no hacerme ni una pequeña visita. 

Y en esta batalla tan desigual, seguimos luchando, atisbando la luz, de esa oscuridad en niebla, donde andábamos y andamos metidas, hasta que hoy, cuando ya llega junio, puedo retomar mi amistad con las palabras porque  esta vez SÍ, soy capaz de intentar contarlo. 

( Este es un escrito que he hecho para la biblioteca María Moliner de Velilla de San Antonio. Me han pedido un vídeo de cómo yo he  vivido estos aciagos días. El vídeo no lo puedo mandar por correo, así que aquí lo dejo)

(c) Texto y fotos Luz del Olmo 

domingo, mayo 31, 2020

MIENTRAS DORMÍA


Ayer por la noche, mientras dormía, soñé en reconciliarme conmigo misma- que en esto hay que ser egoísta- y comprendí que después, esa reconciliación, la tendré con los demás.


 (c) Texto y foto: Luz del Olmo

sábado, mayo 30, 2020

UNA NUBE



Nube con luz 
¿A dónde te diriges?
¿Vienes conmigo?

viernes, mayo 29, 2020

29 de mayo de 1958




Un 29 de mayo de 1958, moría, en San Juan de Puerto Rico, el gran poeta y Premio Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez, a sus 76 años.  Sus restos reposan en su ciudad natal de Moguer (Huelva)

Estas son algunas de las muchas palabras que nos ha dejado en su inmensa obra. 

"Nunca he vivido en el presente; mi vida es toda  de recuerdos y esperanzas". 

"Vivamos cada día completo, definitivamente , en conjunto y en detalle, por si acaso.

"Lo bueno "solo" tiene dos instantes: "su" instante y, un poco después, "su" eternidad".



(c) Foto  hecha  por Luz del Olmo  en la casa  onubense del poeta.
                                                                 

miércoles, mayo 27, 2020

FELICIDADES




Silbo de mirlo.
Melodía del aire
muy de mañana. 

(c) Foto Ángel de Arteaga
Texto: Luz del Olmo 

martes, mayo 26, 2020

OTROS CONFINAMIENTOS

 Traigo aquí un artículo que Cristina del Olmo publicó, el pasado 22 de mayo,  en la revista  
Revista EcclesiaRevista Ecclesel 22 de mayo que me ha parecido muy  interesante.

 y que me ha parecido muy interesante.

Ana Frank, en mi recuerdo


Está viniendo a mi cabeza estos días de confinamiento la historia de Ana Frank,  la parte de su vida que nos contó en su famoso diario. Sus vivencias vuelven a ser actuales ante esta situación extraña que estamos padeciendo por el Covid-19.

Su confinamiento,  en el desván oscuro de un piso de Amsterdam, por causas mucho más malévolas que por la pandemia que ahora nos azota, nos puede ayudar también a la reflexión.  Sobre todo los más jóvenes pueden descubrir en el «Diario de Ana Frank», o  en algún buen documental que se ha realizado de esta niña judía,  valores que todos podemos recuperar.

Me regalaron el libro a la edad en la que ella comenzó a escribir su diario, con 13 años. Y el recuerdo de su fuerza interior, la alegría  a pesar de las  circunstancias, sus sueños de adolescente y su coraje siempre han estado en mi recuerdo.

Ana Frank comenzó a escribir su  diario durante la ocupación alemana de los Países Bajos en la II Guerra Mundial, en 1942. Durante dos años estuvo escondida con su familia, en lo que fue su casa en Amsterdam. Confinados sin salir, con miedo, con mucho miedo.  En un confinamiento mucho más horrible que el nuestro.  Con un terror provocado por una persecución irracional, de odio de los nazis hacia el pueblo judío.  Su casa, convertida en museo, vuelve a abrir sus puertas, según han anunciado,  el próximo 1 de junio.

En los dos años que se esconde, Ana escribe sobre lo que ocurre en la ”Casa de atrás”, pero también sobre lo que siente y piensa. Además, escribe cuentos, comienza una novela y anota citas en su Cuaderno de frases buenas, que copia de los libros que lee. Así es como la escritura le  ayuda a que el tiempo transcurra.


 El diario se detiene abruptamente el 4 de agosto de 1944, cuando su familia es descubierta por la Gestapo y  enviada al campo de exterminio de Auschwitz. Desde ahí, ella y su hermana fueron nuevamente trasladadas hasta el campo de concentración de Bergen-Belsen, donde murieron en febrero de 1945.  Sus padres permanecieron en Auschwitz. Solo el padre de Ana, Otto, sobrevivió y publicó el diario de su hija en 1947.

Las ganas de sentirse libre y salir a montar en bici, ver gente, ir a la escuela eran algunos de los anhelos que contaba Ana Frank en las páginas del libro.  Echaba de menos la vida sencilla, en la calle, en libertad. Pero se topó con el espanto.

Los acontecimientos en muchas ocasiones nos sobrepasan. Nunca podremos controlar todo, aunque en determinados momentos nos creamos dioses. Por ello, es tiempo de confianza. De esperanza ante tanto sufrimiento. De comprender, desde lo más profundo, que Dios está por encima. De recordar tiempos pasados, que en muchas ocasiones, no fueron mejores.

Estamos en un momento donde la confrontación es inútil – y los políticos no nos están dando lecciones – , donde todos tenemos que estar en la misma barca. Solo si “globalizamos la solidaridad”, como decía el obispo de Ávila, Mons. José María Gil Tamayo, en su entrevista en Ecclesia, después de salir del hospital, podremos superar esta crisis, que no es solo sanitaria, como se está viendo y viviendo.

A esta crisis sanitaria se le añade la crisis social, de valores, además de la económica. Será duro, pero si ponemos a la persona en el centro, todo será más fácil. El desprecio por el ser humano nunca nos llevó a nada bueno.

Cristina del Olmo
22 de mayo 2020 @olmocris



sábado, mayo 23, 2020

LA PALABRA


Hace ya varios años, yo vivía dentro de la caverna de mis pensamientos, a los que me había llevado, durante algo más de doce meses, el miedo.  

Pasado ese tiempo, decidí que debía salir del estado de incertidumbre en el que me encontraba, y,  fue entonces,  cuando  en un acto de pequeña valentía, me propuse caminar por los senderos de  mi   infancia feliz, hasta  que una mañana, por sorpresa, la naturaleza me regaló, estos paisajes de primavera, para comenzar a recuperarme, llegando a encontrar la alegría, que  desde siempre, estuvo conmigo. 

Reflexionando un poco, recuerdo que  no ocurrió de repente.  El proceso fue sosegado y lento, y lo que más contribuyó  en la cura, fueron las PALABRAS, en sus distintas formas: lectura, escritura y en especial,  las escuchadas y  pronunciadas, por amigas y amigos, las que vinieron hasta mí, en los días de autoconfinamiento, en el que me había sumergido.

Mientras pienso en aquello que me pasó, hace ya varios años, mis ojos miran la estantería de esta  habitación propia donde escribo,  para tropezarme  con un  libro  regalado y olvidado, porque ahí lo dejé, sin hacerle el menor caso.

Cuando  termine  de releer  El mundo de Sofía  de Jostein Gaarder, necesariamente tendré que pasar mis ojos por las 732 páginas,  que Irving Wallace  escribió en su libro, La Palabra.

(c) Texto y foto: Luz del Olmo