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viernes, noviembre 07, 2008

Van Gogh

POR LOS AIRES

Es tan inusual ver y sentir los deseos cumplidos que al percibir como salíamos de la habitación y navegábamos a quinientos metros de altura, no lo podíamos creer. Estábamos seguros de no dormir. Nuestras piernas se enlazaban una y otras vez y los dedos iniciaban un recorrido corporal en busca de sensaciones inusitadas y nuevas.

Al llegar a los pantanos de Entrepeñas y Buendia nos besamos, un beso largo intenso, de lenguas zigzagueantes en un mar de saliva.

Atraídos por los olores de ferormonas y tierra seca de los Monegros, que aumentaban nuestro deseo, seguimos el viaje, mientras la piel del uno se mezclaba con la piel del otro.

Ya sabes que los besos en el cuello son los que más me excitan, por eso me mordías una y otra vez. Yo te arañaba la espalda. Reíamos, hablábamos. Éramos felices entre los azules del cielo arriba y el Mediterráneo abajo. Conseguí zafarme y empecé mi recorrido deteniéndome en los pezones. Ahora tú te dejabas hacer, las llanuras de Francia le pedían a mi mano

que se deslizase hacia abajo como una zahorí, hasta llegar al ombligo. El pelo negro con un surtidor que apuntaba a lo alto me estaba esperando. Cambié las manos por la lengua y seguí mi exploración. Soltaste un grito, te estaba lamiendo tu lugar más sensible. Posiblemente entonces pasábamos por el castillo de Chillón donde Lord Bayron celebraba sus orgías.

- ­Qué bien lo haces ­ dijiste

-Cuánto me gusta a mi - musité.

-Date la vuelta, mira hacia abajo, el paisaje es verde y en su interior hay manchas azules.

-Son los lagos de Atersee

El recorrido ahora seguía por la nuca, la espalda, las nalgas y detrás de los muslos hasta acabar en los pies.

-Ahora me toca a mi, dije

Continuaban los tonos verdes y azules, mezclados con rojos y naranjas en las sensaciones de tus manos. El frescor del aire me hacía cerrar los ojos para percibirlo todo mejor.

Boca arriba me besabas, ya para entonces los dos éramos pura humedad. Nubes grises cubrían el continente.

Empezamos a oscilar en continuas subidas y bajadas. Atravesábamos montañas, posiblemente los Cárpatos. El camino era el correcto pues estos vaivenes hacían que nuestros movimientos estuviesen más acompasados y así el placer era mayor. Al llegar el momento del orgasmo debimos pasar por el ALEPH.

Al poco la cama comenzó a descender, la vimos entrar por la ventana y colocarse en la habitación.

Te distes la vuelta hacia un lado, yo hacia el otro y cada uno nos adentramos en nuestro propio sueño.

LUZ DEL OLMO

7 comentarios:

Sor Austringiliana dijo...

Depravadaaaaa estaaaa eraaaa de Interneteeee.Cajitas con luuuuz infeeernaaal.
No me cierreeeees,almaaa gemeeela.Ayyyyy.

PMT dijo...

¡Qué barbaridad! ¡Cuanta luz!¡Qué viaje más fantástico por los castillos a los que irás y volverás una y otra vez mientras el cuerpo aguante!.
Muy bueno, luz. Un abrazote.
¡Ah! y de depravada nada rien de rien.

Javier Hood dijo...

El final del relato muestra que a la hora de la verdad, nos guste o no, nos asuste o nos atraiga, nuestro viaje en esta vida es solitario, tal y como nos enfrentamos al sueño de forma individual. En cualquier caso, el anhelo que transmite el relato queda muy bien plasmado. Un beso de tus Mercaderes del Viento. Lady Maite y el que suscribe, Javier Hood.

Ele Bergón dijo...

Creo Sor Austringiliana que estos canículos no son para ti. Estáte quietecita en tu cajita ......

pmt. Me alegro que pases por aquí, como no haces comentario, creía que te habías olvidado un poco de mi. Gracias por lo que dices de este pequeño relato que en su día me surgió a partir de un comentario que me hizo Mariano: ¡Si pudiésemos viajar en la cama! Tu has escrito más relatos eróticos que yo, así que entiedes más de esto y si no que los lectores visiten tu blog Talvez.

Mis queridos Mercaderes del Viento. Es verdad que la vida es un viaje en solitario, pero en el camino encontramos muchísimas personas que nos acompañan, algunas casi siempre y otras de vez en cuando y en diferentes etapas, como ha ocurrido ahora con vosotros.

FEliz viaje para los tres.

Abejita de la Vega dijo...

Quietecita y calladita, sor, que este relato es muy bello. Seguro que, no muy lejos de su convento, en el siglo XII,algún juglar escribía también relatos eróticos.No los conocemos porque tuvo buen cuidado de que no entrara nadie en sus manuscritos secretos. Y en la plaza del pueblo o en el castillo..lo de siempre: las gestas de los héroes o el relato piadoso de algún clérigo.
Descanse en su tumba, al abrigo de la tapia conventual.
Ssssss

Fernando dijo...

Precioso viaje
Buena semana Luz

Kety dijo...

Luz, dejar volar la imaginación, o transmitir lo que se siente está bien.
Muy bien relatado.

Un abrazo