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domingo, marzo 15, 2009

EL SR. ANDRÉS


Apenas puede andar y sin embargo, todos los días se recorre tres kilómetros. Casi no ve, pero cuando me acerco lo suficiente, me reconoce. No oye, por eso se coloca y me coloca de tal forma que podamos entablar una conversación.

Le pregunto por sus ocho hijos, me habla de ellos. Algunos han estudiado carreras y uno de sus nietos está en el equipo del astronauta Duque. sus pequeños ojos sonríen cuando me dice que le van a hacer bisabuelo a sus ochenta y tres años. Deriva la conversación hacia temas monetarios y me corrige cuando intento pasar de pesetas a euros. Me cuenta que también ha tenido que hacerlo con abogados y otras personas con estudios. Después me confiesa que su mayor afición ahora es hacer sudokus y los difíciles de doce números son los que más le apasionan.

Nos despedimos y le veo que se aleja pasito a pasito en su figura baja, delgada, enjuta. Ha conseguido llegar hasta el corral y recoger una gavilla de sarmientos cargándosela a la espalda. Ahora bajará la cuesta que antes subió.

Las cosas y en especial las personas, no son lo que parecen hasta que nos acercamos a ellas a una distancia suficiente para conocerlas mejor.

Luz del Olmo

15 comentarios:

Kety dijo...

Luz, qué razón tienes. Me han gustado tus palabras, tal vez porque hay unas, asociadas a mi entorno.
Un abrazo

Edgardo dijo...

“Las cosas y en especial las personas, no son lo que parecen hasta que nos acercamos a ellas a una distancia suficiente para conocerlas mejor”


Que mas puedo agregar a esta afirmación, es totalmente cierto, nada es como parece ser, mucho menos a la distancia, los sentidos nos engañan, ya lo dicen los filósofos, por lo tanto, hay que saber tener paciencia, hay que acercarse, darse tiempo para conocer lo que sucede. Las personas somos mas que nuestra forma, que nuestra apariencia, eso es lo superficial, pero somos mas que lo superficial. “Lo esencial es invisible a los ojos” dice el Principito, bueno, lo dice su autor, por lo tanto, hay que saber ver de otra manera.

Bella reflexión.

Saludos.

HologramaBlanco

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Cuántas cosas nos perdemos por no pararnos y dedicar unos minutos...

Abejita de la Vega dijo...

El señor Andrés me recuerda al señor Cayo, personaje inolvidable de Miguel Delibes.
Sigamos con nuestro yelmo de Mambrino,al que nos dice que es una bacía, ni caso.
Un abrazo

rosario dijo...

Hola Luz. Si mirásemos más a menudo con los ojos del alma, percibiríamos mucho mejor todo lo que no vemos sin ellos.
Un abrazo.
Rosario Gómez.

PMT dijo...

Hola Luz:
Nunca se puede mirar a nadie por encima del hombro: lo más probable es que sólo veas tu caspa...

alberto dijo...

Pues tienes toda la razón.
En la cocina del restaurante-cafetería donde desayuno todo los días está una mujer de unos 50 años, con su mandil hace su trabajo diaramente y nadie sospecharía a lo que se dedica cuando sale de los fogones.
Me enteré de que es motera los fines de semana y le encantan los deportes de aventura.

Vivimos tan deprisa que no nos paramos a ver lo que hay tras el traje gris de la gente, una pena.

Ele Bergón dijo...

Muchas gracias a todos vosotros, Kety, Edgardo, Pedro, Abejita, Rosario, PMT, Alberto por vuestras lectura y vuestros comentarios.

Un abrazo para cada uno de vosotros.

Luz

WALLACE dijo...

Hola. Esta persona vive en nuestro pueblo?

Ele Bergón dijo...

Hola Wallace. Esta persona no vive en Velilla de San Antonio. Vive unos cuántos kilómetros más al norte. No digo que no haya alguna persona parecida a ella, pero yo, al menos no la conozco.

Un abrazo.

Santiago L. Legarda dijo...

Enhorabuena, Luz, por este comentario tan poético y tan sensible sobre el bisabuelo en ciernes. Lo mejor de la vida está en esas cosas tan aparentemente simples en las que no nos fijamos por la aceleración que llevamos metida en el cuerpo. Y enhorabuena por tus muchos lectores, con los que tienes una complicidad tan especial.

Fernando dijo...

preciosa semblanza
Buen fin de semana

Vivo con Hades a tiempo parcial dijo...

Te acercas a las personas y descubres cosas hermosas, pero ojo, si te acercas demasiado, también olerás el hedor de los cadáveres que TODOS encerramos en el armario.

El Oráculo de Delfos ha hablado.

ALBERTO NAVERO dijo...

Que notable experiencia.
Da gusto encontrar destellos donde
menos se imagina.Siempre y cuando nos bajemos del carro veloz del tiempo cotidiano.
Abrazos amiga

A. Navero

Ele Bergón dijo...

Muchas gracias Santiago, Fernando, Hades y Alberto por vuestros cariñosos comentarios.

Un abrazo para cada uno.