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miércoles, marzo 16, 2016

ANDARÁS PERDIDO POR EL MUNDO

A la puerta de un mercado en Ivje ( Bielorrusia) Elena que se nos fue demasiado pronto, Natalia, Denis y yo 


 
Sigo con mi interpretación de los cuentos de Óscar Esquivias

Cuando era pequeña me gustaba ir a los entierros con EL JOVEN DE GOREA  que dicen venía de   una isla que existía en  tierras muy lejanas. A los dos nos admiraba la quietud y la soledad de los muertos. Nos atraía de forma muy especial, el que siempre  tuviesen los ojos cerrados  e imaginábamos que debían andar perdidos por otros mundos donde no era necesario ver y mucho menos mirar.


Luisa,  al llegar a Borisov, ya sabía  que le estaba esperando una cena de bienvenida. No era la primera vez que visitaba la Rusia Blanca.  En esta ocasión,  había dejado a su marido en España y se fue a dar aquel curso de literatura española con su amigo  Roberto. Al llegar al aeropuerto de Minsk le estaba esperando con un ramo de flores,   Ludmila Triatiacova.

Después de resolver algún que otro percance,  llegaron a la cena con cierta puntualidad donde todos les esperaban, para compartir el ritual, del discurso, la bebida de un trago de vodka en los vasos pequeños, el comer, cantar y bailar, para otra vez  repetir el discurso, bebida...... hasta las altas  horas de la noche  de aquel verano caluroso del mes de agosto. 

Al terminar el feliz encuentro, decidieron dormir los amigos más íntimos en la dacha  situada a la orilla del río Berezina, después de pasar aquellos caminos y bosques llenos de abedules. Igor, el marido de Ludmila, se hizo el despistado y se oía en el silencio de la noche el trasiego de pasos que iban y volvían por la estancia abierta donde estaban colocadas las camas. Era tal el dolor de cabeza que tenía Luisa que le fue imposible dormir.

A la mañana siguiente, Ludmila le propuso a Luisa entrar en la sauna que se encontraba a dos pasos de la dacha y allí las dos desnudas  se empezaron a acariciar la una  a  la otra con una especie de hierba que parece era muy bueno para la piel, después fueron sus manos las que acariciaban según iban recitando poemas, de esta forma  Luisa pudo olvidarse  de la  resaca del día anterior.

Al comprobar Luisa que la noche del nuevo día  estaban invitados  a casa de Mijail, le dijo a su amiga Ludmila:

- Hoy para cenar, desearía beber zumo de abedul.

- Tus deseos son órdenes para mí. ¿ No quieres vodka, ni samagón?

-No. No quiero sentirme como  EL PRINCIPE HAMLET DE MTSENSK.


Luz del Olmo

6 comentarios:

María del Carmen Ugarte García dijo...

¡Qué tendrá Rusia que nos atrae tanto!

Hicimos bien en leer todas aquellas novelas que nos llevaron a esos lejanos paisajes.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

zumo de abedul...
Qué buena forma de evocar y recrear, Luz.

Myriam dijo...

Nunca me hubiera imaginado
una bebida como zumo de abedul.
Me quedo con el vodka :-)

Besos

Ele Bergón dijo...

Carmen, ya te he contado que leí las novelas de autores rusos, pero también estuve allí.

Pedro, descubrí el zumo de abedul en una de mis estancias en Bielorrusia, lo probé, me gustó tanto, que luego me regalaron un gran frasco de este zumo con sabor muy especial.

Myriam, a mí el contrario que a ti, me gusta mucho más el zumo de abedul que el vodka que allí se bebe muy alegremente y además sirve para curarlo todo.

Besos

Abejita de la Vega dijo...

Recuerdo las fotos que me enseñabas de tu viaje a Bielorrusia, aquellas caritas coloradas, aquellos ojillos brillantes, ay el wodka que lo cura todo.

Ignoro a que puede saber el zumo de abedul pero sólo leer "zumo de abedul" es evocador.

Dos muchachas que quieren ser como los personajes tolstianos de Óscar Esquivias. Das la vuelta al cuento y nos quedamos con su espíritu.

Todos queremos que nos quieran un poquito, sí.

Besos, Luz.

Myriam dijo...

No, Luz, es que no sabia que existía. Tendría que probarla y después decirte si Md gusta más o menos que el Vodka, que me gusta mucho y me cae muy bien.El Gin, encambio, me cae pésimo y en.lis cócteles que lo llevan, lo hago cambiar por Vodka.

Besos