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lunes, noviembre 05, 2012

EL LECTOR DE JULIO VERNE



Cuando este libro  me lo regaló María Ángeles, allá por el mes de marzo, lo dejé a la espera  y creo que fue ya con el calor de verano, cuando  comencé su lectura.  

Recuerdo que debí leer unas cuarenta o cincuenta páginas y confieso que lo hice de un tirón. Era un libro que a pesar de estar muy presente el hielo y el frío, a mi me atraían sus letras.  

Después no sé qué pasó, pero no lo volví a coger hasta este mes de octubre.

Las lecturas de mis compañeras avanzaban y sin embargo yo, lo tenía en la mesilla de noche, pero no era capaz de volverle  a  “hincar el diente”. Algo había que lo vetaba. Incluso aún conociendo   mi compromiso de lectura con mis amigos de La Acequia,   me distraje con otros dos : Diario  de Invierno de   Paul Auster    y La Berlina de Prim de Ian  Gibson que por cierto, los leí sin  apenas interrupciones.

No sabía qué pasaba con este libro de Almudena Grandes, pero un día me  lo impuse y comencé a leer desde el principio. Habían pasado tantos meses que ya no recordaba lo leído en el verano  o  no lo  quería recordar.  No obstante, unos viajes en autobús y algunas estancias en el hospital acompañando a una persona, me hicieron que poco a poco fuera descubriendo la vida de Nino, el niño hijo de guardia civil que vivía en la Casa Cuartel de Fuensanta de Martos  y así recordé  su descripción del frío que puede hacer en invierno en esta provincia y el calor sofocante en un paisaje lleno de olivos. También rememoré  su viaje a ver a la familia de su madre en Almería, su  primera mirada al mar, sus primos,  capaces de quitarle los zapatos,  su vuelta a casa  en tren y su primera  experiencia directa  con  personas sin libertad.

Según iba avanzando en el libro, descubrí sus sensaciones, su gran amigo Paquito y en especial su atracción por Pepe el  Portugués, el hombre que vivía apartado del pueblo y el primero que le dejó un libro  de Julio Verne . También supe de las angustias de su madre, cuando su padre tardaba demasiado en volver a casa.

 Estaba muy presente en la lectura, la división del pueblo en dos bandos bien diferenciados que se odiaban entre sí, los del monte y  sus familiares, en especial  la soledad de las mujeres que habían perdido a su marido y a  sus hijos y ven impasibles transportar a los muertos hacia el cementerio y por otra parte, los de la  Casa Cuartel  a los que Nino  pertenecía.

Después vinieron los suicidios de Cencerro, el guerrillero del monte, tan admirado como odiado, capaz  de jugar con el dinero y de  romperlo antes de que cayera, como él, en manos de sus enemigos, igual que lo hizo su compañero de fatigas, que corrió su misma suerte. No importaba que muchos del monte murieran aplicándoles “ la ley de fugas”, pues enseguida surgía otro Tomás Cencerro, con otro nombre, pero igual de dispuesto a luchar por sus ideales.

Toda esa realidad cotidiana con la que  Nino  era capaz de vivir, yo la leía, pero a decir verdad, yo no acababa de  entrar  en el libro.

Un día intuí,  que si yo  me sumergía   de lleno en su lectura, sus palabras me  iban a hacer herida  y entonces tuve  la certeza de  que era un libro que me dolía.

 Y era un libro que me dolía porque en  sus páginas se relataba nuestra posguerra,  de la que quizá no he querido saber demasiado, aunque  conocía de su  existencia. En los años que relata “El lector de Julio Verne”, los  finales de los cuarenta, yo aún no había nacido, pero estaba a punto de hacerlo. Allí estaba contado el vivir cotidiano en un pueblo pequeño,  donde “una guerra que nunca se acaba” en palabras de Mercedes, madre del protagonista,  y esposa de Antonino Pérez, cabo de la guardia  civil,  hacia que el miedo corriese por las calles, en muchas ocasiones vacías, porque todos los niños, incluido Nino, tenían que encerrarse en sus casas  para que la muerte que  pasaba muy cerca, no les alcanzase.   

Por eso cuando  ya estuve preparada para  leer  el relato que hace el niño de diez años  de  las “películas” que él y sus hermanas, Dulce y Paula,  oían de lo que pasaba en el cuartel;  el libro me dejó  libre su entrada  y  así pude sentirlo  y  aunque  me dolían sus heridas, era  capaz de soportarlo.

Al llegar al verano de 1948 y ver como el Canijo, resiste el dolor de saber quién  es su padre y de dónde procede y sobre todo, qué es lo que ha hecho, después  de oír las amargas palabras que Catalina, la matriarca de las Rubias que vive en el cortijo con sus hijas, Paula, la novia irascible del Portugués, la bella Filo, que sabe en todo momento lo que quiere y la pequeña Chica, Catalina, repito, le abofetea en su cara sin que le roce y entonces el niño que leía novelas de Julio Verne, prestadas por Elena, la maestra represaliada, da un salto en su madurez y yo también con él , porque lo que durante un tiempo ha ido asimilando, gracias a la información de Pepe el Portugués, se le hace certeza  y ya es capaz de tomar la decisión acertada de callar y seguir su vida cotidiana, pero siendo ya otro.

Es entonces cuando empiezo a leer como lo hago con los libros que “tiran de mi” y por ello al tener la certeza de quién es el verdadero sargento Sanchis , ya no me llevo demasiado sorpresa porque poco a poco  se va desvelando una parte de lo que pasó en aquellos años de nuestra posguerra  donde el odio, la barbarie, el miedo, el despotismo, la traición y la mentira ocupaban la cotidianeidad, pero también había tiempo para el amor, la ternura,  la amistad, el compañerismo y sobre todo la lucha hasta morir por unos ideales que, en años anteriores, habían sido  aniquilados.

Era la lucha de los vencidos que no habían querido aceptar la derrota  y seguían  manteniendo la esperanza en sus ideales,  contra todos aquellos que se empeñaban en romper ese sueño, para así poder perpetuar sus privilegios.

Hay algunos libros que dejan huella, no porque sean mejor o peor, porque estén mejor o pero escritos, hay libros que te llegan por algo especial y este ha tocado lo más intimo de mi, por eso no soy objetiva y sólo decir que es un libro que   me  ha despertado gran cantidad de sentimientos  y emociones que tenía muy bien guardados.

Luz del Olmo


11 comentarios:

Pamisola dijo...

Entonces, ¿hay que felicitarte? por el examen de conciencia, y por fin haberte dejado atrapar. O el coste ha sido alto.
Después de esta extensa opinión siente uno más ganas de leer.

Besos.

Gelu dijo...

Buenos días, Luz:

Reconozco, en varias ocasiones, haber empezado a leer libros de Almudena Grandes, y no haber terminado ninguno.
Con la invitación por el Profesor Ojeda, me sumergí –hasta el fondo- en las páginas de ‘El lector de Julio Verne’.
Tampoco viví esos años de la postguerra en los que sitúa la novela.
El libro, me ha hecho pensar en lo diferente que puede llegar a ser la vida según te toque en suerte vivir en un lado o en otro de los protagonistas de la contienda.
Y siempre en lo absurdo de las guerras, y en las víctimas y en las heridas incurables de todo tipo que causan a corto y largo plazo.
Y en el respeto que hay que tener a todo lo que los niños perciban del mundo de los mayores.

Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Hay recuerdos que borramos pero no del todo y se quedan ahí, hay chispas que los sacan a la superficie. Es lo que te ha debido pasar con este libro.

El ambiente del pueblo de tu infancia no sería tan distinto del ficticio en que vive Nino. La guardia civil daba miedo, me lo ha contado mucha gente que vivía en pueblos, en aquellos años.

Sin embargo, yo, desde mi infancia urbana, fui ajena a ese ambiente. Lo que yo viví en los sesenta era un mundo de autoridad en todas partes, autoritarismo, que surgía en cualquier parte. Era la maestra siempre dispuesta a darte un cachete, el profe del Instituto lejos en su tarima , el portero que no te dejaba entrar a la más inocente de las películas si no era tolerada, el policia con su porra, el cura que te reprendía en el confesionario, el ojo de Dios en un triángulo, la foto de Franco en la clase...así era en los sesenta, la posposguerra. miedo, también, sí. Miedo urbano.

Por esa ausencia de tricornios en mi infancia, la historia de Nino no me pareció especialmente terrible, después de leer libros como "La voz dormida" o "Luna de lobos".

Nino no pasa hambre, tiene cariño y accede al mundo de los libros. No era poco en aquellos años, a pesar de los gritos tras la pared.

Nino es muy real, por eso te ha removido vivencias que dormían en el olvido. Como que es real, Nino es Cristino, en un buen porcentaje.

Bien por Almudena y bien por ti.

Besos, que no, que no soy un robot.

Abejita de la Vega dijo...

¡Has quitado las letras!

pancho dijo...

Suelo leer las columnas de Almudena Grandes del "paisito" desde hace bastantes años. Creo que no había vuelto a leer ninguna novela suya desde "Las edades de Lulú" que llamó la atención por su originalidad desde un punto de vista narrativo. Y a fe que la conserva en esta novela. No hay muchas novelas que tengan como fondo el tiempo del maquis y menos aún que el espacio se refiera a un lugar tan alejado de todos los sitios como la montaña jienense (que yo conozca, claro está). Eso por no mencionar a los personajes y su desarrollo a lo largo de la historia. Se va de sorpresa en sorpresa. Con todo y con eso lo más logrado a mi juicio es el viaje sin retorno al origen de la violencia y la salvación que ofrece la lectura a un preadolescente.

Para mí esta lectura tiene de novedoso que es la primera que hago con el nuevo soporte electrónico, que no termina de convencerme. Echo de menos poder subrayar los párrafos que me gustan y escribir en los márgenes para luego comentar sobre ellos.

Excelente y sentido comentario.

Un abrazo.

Merche Pallarés dijo...

¡Estupendo análisis del libro, querida Luz! Lo has vivido y sufrido pero ¿de eso trata la buena literatura, no? Remover conciencias. Besotes, M.

AntonioyDaniela dijo...

Hola Luz:

reconozco que no he leído este libro pero, lo apunto en esa lista que tengo de pendientes (ahora ando con Paul Auster).
Creo que la maravilla de los libros es esa, hacerte mella, hollarte porque de alguna manera es sinónimo de vivir. Gracias Bss.

daniela

Aldabra dijo...

Graciñas por echarme de menos. Ya le comenté a Myr que nos hubiera gustado mucho ir pero las circunstancias son las que son y hay que medirse mucho en los gastos.

Espero que lo hayáis pasado muy bien y que alguno de vosotros se anime a hacer un post para que a los que no fuimos se nos pongan los dientes largos.

biquiños,

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Excelente análisis de la relación con este libro, que comparto. Solo si eres capaz de aceptar ese dolor terminarás entrando en un libro que narra algo que todavía llevamos tan dentro.

Kety dijo...

Tuvieron que ser horribles aquellos momentos. Los niños de entonces vivíamos ausentes de todo-al menos yo- porque los mayores supieron protegernos de tanta crueldad.

Me falta poco para acabarlo.

Luz te felicito por tu trabajo.
Besos

Myriam dijo...

Que bien has descrito las emociones y sentimientos ue despertó este libro tan cargado de Historia, de una Historia tan dolorosa, como lo fue esta guerra entre hermanos.

No vine antes, porque quise venir con la debida calma para poder leer a fondo tus palabras. Me alegro de haberlo hecho así porque el relato de tu experiencia como lectora me llegó muy hondo.

Un gran abrazo, Luz.