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miércoles, marzo 23, 2016

ANDARÁS PERDIDO POR EL MUNDO


Un verano en Moscú
Un McDonald's en Moscú  en  el año de  1997


Después de muchas peleas con los actores moscovitas, no tuve más remedio que ceder y así la obra irreverente, alternativa y llena de transgresión que escribí para demoler a Calderón de la Barca, se quedó en un bodrio donde el sexo, mi protagonista principal, fue relegado al último lugar y mis escenas de homosexualidad quedaron fulminadas.

 Llegué a España, con un patriotismo que nunca hubiera sospechado en mi persona. No podía imaginar  que tantos años de comunismo hubieran acabado con la libertad sexual. TEMBLAD FILISTEOS, temblad. En las tierras frías de los Urales, el sexo está lleno de tabúes.


Con la vuelta de mi padre, finalizó el verano y mi curso de natación . Mis progenitores en plena reconciliación, se empeñaron en que yo siguiera haciendo deporte. Como en el barrio habían abierto LOS CHINOS, que en realidad eran coreanos, un gimnasio donde se impartían clases de taekwondo, me apuntaron para fortalecerme. Yo sentí que en realidad me querían tener muy ocupado para no molestarles en sus arrumacos.


Con el pasar del tiempo, todos los de la clase de sexto B crecimos y yo conseguí convencer a Laura para que fuera mi novia y se olvidara del tontaina que usaba aparato ortopédico y que presumía de ser mi gran amigo.



Aquel día decidimos celebrar nuestro aniversario en un restaurante chino de los muchos que pululaban por el barrio. Quedamos muy sorprendidos al ver al antiguo amor de Laura de camarero. Nos saludamos con cierta alegría  y él nos sirvió una de las comidas chinas más exquisitas que he comido, por su sabor tan especial.



A la mañana del día siguiente, hojeando los periódicos descubrí, que en ese mismo restaurante, el dueño del local había recibido un gran golpe en los riñones. No pudo ser mi antiguo compañero. Él nunca acudió a las clases de taekwondo.



Luz del Olmo




5 comentarios:

María del Carmen Ugarte García dijo...

Cuando llegue abril, vamos a quedarnos un poco perdidos, y vamos a echar de menos a todos estos personajes que nos han acompañado en marzo.

Abejita de la Vega dijo...

La Plaza Roja es casi rosa, ya nada es como era en la vieja Rusia.
Te paseas por los cuentos y los enlazas. Los personajes saltan de uno a otro relato. Juegan a la tanga, al truque, empujando la piedra de una a otra cuadrícula, con el pie. A la pata coja.
Una buena síntesis. Lo que nos espera después del 31. Noches lúgubres.¡Qué haremos con estos amigos? Carmen ya nos avisa.

Besos, Luz.

Myriam dijo...

¡Qué agradable me resultaron estas recreaciones de los cuentos de oscar!

Gracias por tus fotos, yo lo más ruso que tuve en mi vida fue a mi primer marido que era un filólogo moscovita.

Eso, sin contar mi abuela paterna ucraniana, de Odessa, que en su época
Era el imperio ruso.

Pero no he llegado a viajar allá y eso que te Go Moscú a 4 horas de avión, pero como no tengo ni familia ni amigos allá , nunca llegó a ir, quizás algún día!!!!

Ajjj ese Mac Donald. Yo los fulminante a todos, pura comida chatarra, con lo rica que es la Comida rusa!!!!

Besotes

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Esto sí es darle vueltas a los finales de los cuentos para generar otros... Una delicia.

Óscar Esquivias dijo...

Hay que ver, cómo se mezcla tu memoria personal de esa Rusia fotografiada que ya va perdiendo color con la vivísima recreación de los cuentos. Muchas gracias.