MADRID AÑOS 60
Aunque en Burgos capital descubrí el helado, fue en Madrid en tiempos de calor, cuando volví a saborear aquel manjar qué tanto me había gustado.
Al llegar a Madrid por segunda vez con mis once años, viene su sabor a mi memoria de aquél verano, cuándo mis primas Angelita y Merche me lo compraron en los tiempos de Franco, el también llamado Caudillo y Generalísimo que gobernaba España con una Dictadura, dónde la libertad de expresión y otras muchas libertades, estaban bajo su mando.
Y sin embargo mi recuerdo de esos carritos de helado con valor mágico qué tan bien rememora Cernuda en su prosa, no están en el pensamiento de mi estancia en Madrid, pero sí puedo visualizar: las calles llenas de coches, autobuses y tranvías. El no soltarme de la mano de mi prima Mercedes, con unos años más y la nombro a ella porque a mi prima Angelita, la consideraba en su carácter más mandona y enfadada.
Entrados ya en los años 60 del siglo pasado, cuándo el movimiento Hyppy recorría casi todo el Mundo, en España, no era posible. Conozco a más de una persona que asistió a una manifestación, por supuesto no autorizada, y a la qué por casualidad no acudí, librándome de la cárcel en aquella fecha famosa del Mayo del 68, por no encontrarme en la calle reivindicando nuestra libertad. Tuve más de una amiga qué sí fue y acabó en la Dirección General de Seguridad, la famosa DGS, dónde el trato de la policía franquista, llamada los grises por el color de su uniforme y porque en realidad también lo eran en su forma de pensar y comportarse.
Yo nunca fui detenida pero algunas de mis amigas sí y recuerdo a una de ellas que hasta cierto punto tuvo suerte, porque con insultarla ya fue bastante, pero sí he visto a otra amiga, con los muchos moratones que la dejaron en sus piernas. Es sabido que en la dictadura de Franco nos tenían bastante engañados, pero la verdad tarde o temprano sale a la luz.
La vida a veces es un pañuelo y dentro de esa policía represora, yo tenía a mi primo Manuel que era uno de los llamados grises y en mis años de juventud, cuando alguna vez nos veíamos, discutíamos bastante, pues él estaba convencido qué a los manifestantes en contra del Dictador, había qué pegarlos con la tristemente famosa porra, tanto a hombres cómo a mujeres y yo no entendía para nada, el porqué no nos daban esa libertad que por entonces reclamábamos, cuando a Franco ya le quedaba poco tiempo de seguir en su mandato de mordaza y represión. Por fortuna, no pisé sus cárceles, pero a más de una amiga las llevaron a la entonces llamada DGS y al salir me enseñaron los moratones qué les habían dejado.
Y para terminar este escrito agridulce, diré qué Madrid en el verano con un sol esplendido, era gris, pero por fortuna, gracias a la lucha de muchas mujeres y hombres de aquellas fechas, hoy en día gozamos de una democracia donde vamos resolviendo algunos de los problemas qué en otros tiempos, estaban bajo una dictadura férrea del tristemente famoso Caudillo. Y así podemos caminar sin temor por las calles degustando un buen helado, en mi caso ha de ser de chocolate, por ser mi sabor favorito.
(c) Fotos y texto: Luz del Olmo Veros


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