domingo, mayo 24, 2026

MADRID AÑOS 60

                                                 

                                                


                                                                   

                                                

               

Aunque  en Burgos capital descubrí  el helado,  fue en Madrid en tiempos de calor, cuando  volví a saborear aquel manjar qué tanto me había  gustado. 


Al llegar a  Madrid  por segunda vez  con mis once años,  viene   su sabor a mi memoria  de aquél verano,  cuándo mis primas Angelita y  Merche me lo compraron en los tiempos de  Franco, el  también llamado  Caudillo  y Generalísimo  que gobernaba  España con una Dictadura,  dónde la libertad de expresión y otras muchas libertades, estaban bajo su mando. 


Y sin embargo mi recuerdo de esos carritos de helado con valor mágico qué   tan bien  rememora  Cernuda en su prosa, no están en el  pensamiento de mi estancia en Madrid, pero sí  puedo visualizar:   las calles llenas de coches, autobuses y tranvías. El  no soltarme de la mano de mi prima Mercedes, con unos años más y la nombro a ella porque a  mi prima Angelita, la consideraba en su carácter más mandona y enfadada. 


Entrados ya   en los  años 60 del siglo pasado, cuándo  el movimiento Hyppy  recorría casi todo el Mundo,  en España, no era posible. Conozco a más de una persona que asistió  a una  manifestación, por supuesto no autorizada,  y a la qué por casualidad no acudí, librándome de la cárcel en aquella fecha famosa del Mayo del 68, por no  encontrarme   en la calle reivindicando nuestra libertad. Tuve más de una amiga qué sí  fue y acabó en  la Dirección General de Seguridad, la famosa DGS,  dónde el  trato de la policía franquista, llamada los grises por el color de su uniforme y porque en realidad también lo eran en su forma de pensar y comportarse.   


 Yo nunca fui detenida pero  algunas de mis amigas sí  y  recuerdo a una de ellas que hasta cierto punto tuvo suerte, porque con insultarla ya fue bastante, pero sí he visto  a otra amiga, con los muchos moratones que la dejaron en sus piernas. Es sabido que en la dictadura de Franco nos tenían bastante engañados, pero la  verdad tarde o temprano sale a la luz. 


La vida a veces es un pañuelo y  dentro de esa policía represora, yo tenía a mi primo Manuel que  era  uno de los llamados grises  y en mis años de juventud, cuando alguna vez nos veíamos, discutíamos bastante, pues él estaba convencido qué a los manifestantes en contra del Dictador, había qué pegarlos  con la tristemente famosa porra, tanto a hombres cómo a mujeres y  yo no entendía para nada,  el porqué no nos daban esa  libertad que por entonces reclamábamos, cuando a Franco  ya le quedaba poco tiempo de seguir en su mandato de mordaza y represión.  Por  fortuna, no pisé sus cárceles, pero  a más de una amiga las llevaron a la entonces llamada DGS y al salir   me enseñaron los moratones qué les habían dejado.


Y para terminar este escrito agridulce,  diré qué Madrid en el verano con un sol esplendido, era gris, pero por fortuna,  gracias a la lucha de muchas mujeres y hombres de aquellas fechas, hoy en día gozamos de  una  democracia donde vamos resolviendo algunos de los problemas qué en otros tiempos, estaban bajo  una dictadura férrea del tristemente famoso Caudillo. Y así podemos caminar sin temor por las  calles degustando un buen helado, en mi caso ha de ser de chocolate, por ser mi sabor favorito. 






(c) Fotos y texto: Luz del Olmo Veros