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viernes, febrero 16, 2018

IMITANDO A JUNG*


A los cuatro años de mi corta existencia, murió mi amiga  y vecina Elenita. 

Tengo un  claro recuerdo de su cara despejada y morena, donde le caían  dos trenzas de pelo largo y negro.

 Ella había nacido  tan solo un mes después que yo y aunque a esta edad,   tanto  niñas como  niños  juegan en solitario, a pesar de hacerlo en  compañía, estoy  bastante segura, de que ninguna de las dos,  habíamos cogido  un juguete artificial  con  nuestras manos.

Eran tiempos difíciles  y Elenita  se marchó, sin apenas conocer,   lo que era el vivir de cada día en aquellos años cincuenta de nuestra posguerra. Sin embargo su madre, la señora Gregoria, el pasado 13 de febrero,  cumplió sus flamantes cien años. Siempre que puedo la visito y  en la conversación nunca olvidamos a  la niña que se le fue, por culpa del médico, me  repite en su clara conciencia que aún mantiene,  en el centenario de su longeva vida. Su mente  sigue tan lúcida,  que es capaz de contestar  correctamente, a las preguntas de los concursos  de nuestra actual televisión, con los cuales se entretiene, y,  donde muchos jóvenes de este siglo XXI,  yerran  en la respuesta.

Felicidades  Señora Gregoria por esos flamantes  100 años .








*Estoy leyendo   el libro Recuerdos, sueños, pensamientos del médico psiquiatra y psicólogo  suizo C.G.Jung, donde va contando su vida a través de sus sentimientos. Al leerlo, en algo me identifico con él,  y decido imitarle. 


(c) Texto y foto Luz del Olmo

2 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

Elenita se fue al cielo pero nunca la olvidaste.

Elenita vive un poco gracias a tu recuerdo. Como decían los romanos: caminante, di que la tierra me sea leve.

Gracias a ti, y a Jung, y sobre todo a mamá doña Gegoria...Elenita vive...un poco... Sigue dándole vida.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Ella vive en tu recuerdo y en el de su madre. ¿Qué pasa por la cabeza de una madre que sobrevive a un hijo?
Besos.