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miércoles, enero 31, 2018

AMORES POSESIVOS



(Este artículo fue publicado en diciembre de 2005, en la revista CyT, en su número 39. Se han cumplido doce años y un mes y ahora, estamos como estamos,  por no tomar medidas a tiempo)


En estos días tan constitucionales, oí en la radio que un político catalán había dicho algo así “Los del PP quieren tanto a la Constitución que la van a matar”.

Pensé que no le faltaba razón pues todos conocemos a determinadas personas que quieren tanto a sus hijos, esposas, amigas, padres etc. que no les dejan seguir su propio ritmo de crecimiento personal.

En un determinado momento, esa hija, esposa, amiga, o madre, al igual que podría decir hijo, esposo, amigo, padre, porque en esto no hay distinción de género, decide crecer y evolucionar. Sale de la tutela de sus cariños y prefiere volar por sí misma. Es entonces cuando alguna de las otras personas, no lo entiende y la quiere amarrar con más fuerza porque cree, erróneamente, que al cambiar, va a dejarla de querer. Con ello, surgen los conflictos que, la mayoría de las veces, cuando hay un diálogo abierto y sincero, se resuelven satisfactoriamente. Si una de las partes se empecina en no dialogar y decir a todo que no, el conflicto se puede quedar enquistado en el tiempo.

Este 6 de diciembre nuestra Constitución ha cumplido 27 años, es ya muy mayorcita y tiene deseos de reformarse. La sociedad que también ha crecido con ella, ha decidido que es la hora de moverse, e ir hacía otros lados y elaborar otras normas que nos faciliten la convivencia a los españoles. Tiene ya muchos años y si no hay cambio, no hay maduración ni desarrollo.

La mayoría de los españoles comprende que esto es bueno para nuestra Ley de leyes, porque es bueno para sus ciudadanos. Si ella muda y progresa, nosotros también.

Habrá que recordarles a los señores de PP, que no sean tan paternalistas, que nuestra querida Ley , no está en peligro, que precisamente si reclama un cambio, es porque se siente fuerte y su salud es muy buena. Por eso, si de verdad quieren a la Constitución, que no lo hagan con ese amor tan posesivo que les ha entrado ahora por ella, que la Constitución hace tiempo que cumplió su mayoría de edad y desea cambiar y que ya era hora, pues tiene casi treinta años. No va a seguir siendo una eterna adolescente.

No pasa nada porque nuestros representantes hablen en el Parlamento, dialoguen, discutan y, entre todLUZ DEL OLMOos, lleguen a los acuerdos necesarios, fruto de mutuas comprensiones. Las negativas por sistema, no conducen a nada bueno. Si la Constitución quiere renovarse que se renueve. Los ciudadanos estaremos entonces de enhorabuena, porque nuestra democracia va a seguir por el camino del progreso. 


LUZ DEL OLMO


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