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miércoles, abril 08, 2015

EL HÉROE DISCRETO, PERDIDO, HALLADO Y FINALIZADO



                                  (c) Luz

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente
.
                                                                                                        Fernando Pessoa

La literatura, como todo arte, es la demostración de que la vida no basta.

                                                                                                         Fernando Pessoa

Este martes de primavera en Semana Santa, decidí mostrar al  libro  El Héroe discreto, que también en los espacios fuera de los transportes habituales, donde le ha gustado que le leyese, se podía sentir cómodo, por ello le mostré cómo de ancha puede ser Castilla y tener horizontes ilimitados.

Parece que le gustó. En  las dilatadas y amplias llanuras, me senté bajo un sol cálido que lucía en un cielo, lleno de luz azul,y,  refrescada por el aire que corría con parsimonia, avancé en mi lectura para comenzar  en ese otro martes del invierno limeño donde don Rigoberto y doña Lucrecia vivieron lo que consideraron el peor día de su vida:

Don Rigoberto tuvo que sufrir el acoso judicial de los mellizos, Miki y Escobita . Se llevó otro susto con las apariciones de Edilberto Torres que seguía teniendo su único hijo Fonchito. Tuvo una llamada de su jefe Ismael Carrera, para comunicarle que ya se encontraba en Lima de vuelta de su viaje de novios y le pedía una cita inmediata. Cita a la que acudió presuroso y donde se enteró de lo mucho que había disfrutado con su mujer Arminda y de las últimas novedades de lo que había hecho con su próspera y rica compañía y de cómo su fortuna había aumentado considerablemente.
A última hora,  su esposa, toda compungida, le comunicó la triste noticia: su amigo, tan lleno de vida, que apenas unas horas antes hablaba con él, acababa de morir.

Seguí leyendo mientras de vez en cuando miraba por un lado las cumbres nevadas de La Pinilla y por otro, la nieve de Los Picos de Urbión y la Sierra de la Demanda, para sumergirme en la traición de Miguel y Mabel, hijo y amante del otro héroe discreto Felicito Yanaqué y la consiguiente amargura y desazón en el descubrimiento, no sólo de los extorsionadores si no también, de su propia sospecha, en relación a quién era su verdadero y único hijo.

La muerte de Ismael Carrera, trajo consigo el encuentro de los personajes en la figura de la viuda Arminda en Piura y la resolución a todas las incógnitas.

Estaba empeñada en dominar este libro que se resistía en ser leído, fuera de los transportes, por eso esta mañana, decidí que el capítulo XX y último iba ser, sí o sí, dentro de mi casa y al llegar a los dos últimos párrafos, recordé al poeta portugués Fernando Pessoa, a quién cito en el comienzo de este pequeño texto.

Luz del Olmo

4 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Hay libros que se empeñan en tener su propio paisaje. Haces bien en airearlo en ese entorno tan tuyo.

Myriam dijo...

Creo que lo dejaste mareado al pobre libro de tanto menearlo y ventilarlo portantos lugaees jajaja!!!! :-) Que bueno que lo pudiste terminar!!! Besos

Abejita de la Vega dijo...

Vargas Llosa, tan viajero él,se quedaría sorprendido de los paisajes que su novela ha visto. Y él no, che guá. ¡De los Andes a la Sierra de la Demanda!

Por mi parte, vio un páramo primaveral que en nada envidia a los altiplanos de por allí abajo. Y un puente donde se pasean malatos medievales, fantasmas de leprosos. ¡Y peregrinos de mochila!

Besos, te veo el martes.

Paco Cuesta dijo...

Todo tiene arreglo, hasta la discreción de un héroe perdido.
Besos