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miércoles, noviembre 18, 2015

EL MUDEJARILLO

                             

He disfrutado y mucho con la lectura del libro El Mudejarillo, donde José Jímenez Lozano, escribe  sobre la vida de San Juan de la Cruz, con una prosa ágil y bien construida, llena de sustantivos, adjetivos y verbos, que va enumerando en algunos de sus cortos cincuenta y seis  capítulos que componen este libro, para dejarnos constancia de la personalidad física y sobre todo psicológica y espiritual del frailecillo, -nacido en Fontiveros, Ávila, en  1542 y muerto en Úbeda, Jaén, en 1591- que fue pasando por diversos lugares de la geografía española como Árevalo, Medina del Campo,  Salamanca,  Duruelo, Toledo, Granada, Segovia………  llevándonos a convivir con su madre Catalina que busca espárragos y berros en primavera, su hermano Francisco, su cuñada, Ana, sus sobrinos, el señor Ahmed, el del agua, Juan González el candilero, el de las sombras, Juan Perea, el sombrerero, el maestro de niños, Pero Sánchez...

Su amistad con Santa Teresa, la que no para de ir de aquí para allá, pero que cree firmemente en su sabiduría y así se lo trasmite a sus monjas descalzas. La atención y cuidado a  las personas que más sufrían, allí en Medina, en el hospital de bubas. La convivencia con los frailes amigos y la incomprensión de los otros religiosos a los que no les gusta su forma de pensar, de sentir, ni sus escritos que cuentan historias de pastores y tórtolas que se miran en el agua porque están solas y de alondras que se escuchan en la mañana. Después llega la noche, la noche oscura, la cárcel y su fuga y ni rastro de nada y todo el silencio que siempre le acompañó, en su sencillez, mientras leía y escribía, porque lo suyo era aprender, no sólo latín, sino también las bellas palabras del castellano, para dejarnos, los más hermosos versos que se han escrito en nuestra lengua.

Al leer el primer capítulo, titulado La visita, he recordado un documento que se puede encontrar en Internet titulado: Una visita pastoral  a la diócesis de Segovia, durante los años de 1446 y 1447, escrito por Bonifacio Bartolomé Herrero, tomando como fuente, el Archivo de la Catedral de Segovia. Códices y Manuscritos B-304-bis, donde se pueden leer estas visitas pastorales que el obispo de las diócesis solía  hacer. En los documentos se muestra claramente lo escrito por José Jiménez Lozano y mucho más, porque se aprecia con toda claridad, como funcionaba la Iglesia en aquellos años,cuando la sociedad estaba tan mediatizada por lo religioso.

Dejo una pequeña muestra de algunos pueblos de Segovia

 Los clérigos también ofrecían una imagen negativa en cuanto a la administración de los sacramentos a sus feligreses. Son muchos los casos que aparecen  de criaturas muertas sin haber recibido el bautismo, como en Duruelo, donde el “clérigo Fernand Sánches cura permitió e mandó enterrar una criatura que fallesció sin babtismo por su culpa  en el ciminterio la qual  fue enterrada  primero fuera del ciminterio e la fiso sacar e traer al ciminterio”.

Santa María de Arevalio. Fallo que vendieron un libro por quinientos maravedíes e diría se que valía mil, esto quedó del saber, e vendio se  para faser la iglesia que era derribada e otras cosas que se vendieron della.

El obispo por esos años de mediados del siglo XV, también visitó Pardilla y esto fue lo que dejó escrito:

Pardilla. Non fallé al cura. Fallé que el provisor avía dado carta de edicto e por tanto no fise otro po casso, di licencia entretanto al capellán que sirviesse examinado por mí mandándole que festa cierto tiempo seguiere por licencia del provisor.

En el pueblo de Pecharromán. “El altar mayor mucho susio, las sábanas desordenadas…la vestimenta mal cogidas como quien va de camino e el arca del tesoro abierta por mal recaudo”.

Las Cuevas de Provanco “El cura mancipado o el capellán difamado con una casada que le tomaron en casa de noche conella a puerta cerrada pero no le fallaron delinquiendo….”

Y así continúa enumerando el estado que encontraba el visitador, tanto de la iglesia, como de sus clérigos, capellanes  y feligreses  de los 347 pueblos que en aquellos años se visitaron, siendo Cardenal de Segovia Juan Cervantes.


5 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Una deliciosa manera de narrar la vida de un espíritu como el de San Juan de la Cruz, ¿verdad? Y bien documentada, como demuestras.

La seña Carmen dijo...

Y arrimando el ascua a nuestra sardina ribereña, en ese contexto de mediados del siglo XV habría que situar también el Concilio de Aranda, que tuvo su prólogo en Gumiel de Izán (monasterio de San Pedro).

Sin duda que para un libro tan aparentemente sencillo, Jiménez Lozano se documentó en todos los ámbitos, el del lenguaje me ha parecido muy logrado, pero de eso hablaremos más adelante.

Abejita de la Vega dijo...

Vivimos la humanidad de Juan de Yepes a través del bellísimo castellano de Jiménez Lozano. Un escritor que se documenta a conciencia, que lo uno no quita lo otro. Los visitadores eran bastante tiquismiquis, a juzgar por los documentos que nos presentas. Hubieran hecho falta visitadores que convirtieran los copones y las campanas en comida para los pobres.

Besos y hablamos.

JL Ríos dijo...

Otro punto de vista, y muy interesante, sin duda. Un cordial saludo.

Paco Cuesta dijo...

Hubo un tiempo en que para "descansar en sagrado" habían de cumplirse premisas que hoy nos parecerían detestables. José Jiménez Lozano lo recoge y denuncia en un artículo de El País de el 2 de noviembre de 1976 que titula: "Los corralillos".