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jueves, octubre 15, 2015

EL LICENCIADO VIDRIERA







He de  confesar que esta obra de Cervantes “ El licenciado Vidriera”, siempre me ha atraído por su título. Creo haberlo leído dos veces, una en el pasado, y ahora en la Lectura de la Acequia.  En las dos lecturas tengo la misma impresión: la duda.

No sé en realidad qué es lo que Cervantes  nos quiere transmitir con esta Novela ejemplar. Si el  protagonista, Tomás Rodaja, Tomás Rueda o Licenciado Vidriera, se cree transparente, deberíamos conocer sus más íntimos secretos y sin embargo, no es así. Simplemente nos cuenta su vida, de lo que fue y es, para descubrirnos lugares por los que pasa y a los que acude, ensartando sentencias, donde las personas lo creen y lo buscan para escucharle, pero no nos cuenta ni sus pensamientos ni sentimientos.  En este sentido, me parece que  el autor de Don Quijote y Sancho, se muestra opaco, para cerrarlo con un final precipitado donde la cordura tiene poca fiabilidad. ¿ O es un simple juego porque  el protagonista en realidad es consciente de su transparencia y juega al disimulo? ¿ Qué quiere ocultar el autor?

Dentro de mi duda quise releer una pequeña biografía  de Don Miguel, escrita por Rey Hazas Sevilla Arroyo en su libro Cervantes, vida y literatura, publicado en Alianza Cien en 1995,  donde  en su página 42 escribe:








La calle de Atocha, por otra parte, sin duda debía de traerle  a la memoria sus mejores recuerdos, porque en ella, bajando por lo que ahora son los impares, por la acera de la izquierda, a la altura del actual número 87, se encontraba la imprenta de Juan de la Cuesta, donde vio la luz de las prensas por primera vez  El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha,  en 1605. Y no sólo por eso, pues casi en frente, al otro lado de la calle, un poco  más arriba, sale  a la de Atocha la calle de San Eugenio, a la que se había trasladado la imprenta de la viuda de Juan de la Cuesta, el número 7,  cuando se imprimieron allí las Novelas ejemplares (1613) y la Segunda parte del Quijote (1615). Recuerdos cervantinos que por fortuna, no han desaparecido del todo, ya que el lugar de la calle de Atocha donde estaba la imprenta de Juan de la cuesta es el mismo que ocupa ahora la Sociedad Cervantina. 
 


Con frecuencia no bajaría por la calle de Atocha, sino que, desde su casa, la atravesaría, hacia la iglesia de San Sebastián, donde tenía su sede la cofradía de representantes de Madrid. Es más, algunos años después no tendría que atravesar calle alguna, porque allí mismo, en la esquina que forman las calles de Huertas y Príncipe, al lado del famoso corral de comedias, en el edificio que hoy ocupa la Cámara de Comercio, vivió desde 1593 el Príncipe de Marruecos y Fez, Muley Xeque, a quien llamaban el Príncipe Negro. Pues bien, justo en  frente del palacio, en la calle de Huertas, a la altura del actual  número 18, vivía Cervantes hacia 1613-14, en una casa estrecha e incómoda......


 

Tomé mi móvil y, antes de dirigirme a Flandes,  por ver si resolvía este enigma del Licenciado Vidriera ,   tomé algunas fotos  de la calle Atocha  y paseé por el  Barrio de la Letras.  No creáis que  me he vuelto  loca, no, leed mi próxima entrada.

5 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

En esta novela lo que predomina es lo externo: el licenciado sirve de catalizador para las preguntas y para que observemos la reacción de la sociedad. Por otra parte, no fue el único que se creyó de vidrio... Buena duda la tuya que te condujo a patear el Madrid cervantino.
Besos.

coroentreaguas dijo...

A pesar de todo y de la gentrificación del barrio, me gusta mucho pasear por esa parte de Madrid. La calle Atocha sigue siendo esa arteria entre medias de varios mundos.

Abejita de la Vega dijo...

El licenciado Vidriera no nos cuenta mucho de su interior, a pesar de sus transparencias. Tiene mucho de Cervantes y también de don Quijote. Echamos una buena cantidad de la propia vida del escritor, otro poco de las tradiciones griegas y latinas, también bíblicas, tópicos literarios como la Rueda de la Fortuna o el debate armas y letras, bastante de los clichés de las novelas de moda, Erasmo, cómo no, y algunos locos reales o inventados. Tomás levanta las faldas a la sociedad de su tiempo, desnuda a las gentes de diferentes oficios y clases sociales.

Acabará en Flandes,donde has ido tú a buscarlo.

Gracias por mostrarnos eso rincones madrileños y cervantinos. Hablamos.

Besos, Luz, llueve.

María Pilar dijo...

Bonitos y cargados de historia esos rincones de Madrid que nos muestras.
Siempre he pensado que el licenciado vidriera era un hombre de "vidrio", me explico: frío como un témpano, que carecía de sentimientos. Si descubres algo nuevo al respecto ya nos lo contarás.
Besos.

Gelu dijo...

Buenas noches, Luz:

Pienso que Cervantes nos presenta a un hombre que desde niño disfrutaba totalmente con los libros. No precisaba de compañía femenina. Había tenido que trabajar muy temprano –desde los 11 años-, para conseguir el dinero que le permitiera viajar y estudiar.
Tal vez, después de tanta alabanza de la dama en cuestión, quiso conocerla. Si ella no le hubiera agobiado, podía haber sido como un buen compañero.
Muy interesante lo que nos aportas en tu entrada. Se me ocurre enlazarte un post que te gustará: ‘paseo por el Madrid cervantino’, que Manuel Martínez nos deja generosamente en uno de sus interesantes blogs.

Abrazos.