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miércoles, agosto 10, 2011

LEYENDAS DE BÉCQUER ( La ajorca de oro y La corza blnca)

(c) Luz

LA CORZA BLANCA

Parece ser que Mª Ángeles la había intentado buscar allá por su retiro de Palacios de Benaver y yo hice lo mismo cuando en una tarde de este dos mil once, subí hasta el enebro.

Es fácil verles a los corzos, así en genérico, pulular por los campos y pequeños montes que rodean a los pueblos donde a veces llegan, si les falta el agua, hasta el pilón.

El que sean corzos o corzas, yo no alcanzo a distinguirlos,- lo digo por lo alejados que están de mi vista- pero sí los veo cómo se detienen un instante en sus carreras y saltos, después te miran con su cabeza pequeña y sus orejas en alerta, para más tarde seguir en su alegre camino.

Lo de la corza blanca es mucho más difícil de encontrar, pues blanco sólo tienen la parte de atrás que se distingue de todo su color marrón claro. Por eso, cuando sentada en lo alto, uno, que yo la supuse una, porque era completamente blanca, se me quedó mirando y me comenzó a hablar, quise pensar que estaba en un sueño, pero distinguí muy bien lo que ella me dijo:

- Soy Constanza, la hija del caballero Dionis y me he acercado hasta ti para aclarar que no quedé muerta, ya que Ginés, mi enamorado, cuando se dio cuenta de lo que había hecho, murió de tristeza y al hacerlo, él también se convirtió en un corzo y al verme, lamió con todo su amor mis heridas. Desde entonces, allá por el año de mil trescientos y pico, seguimos corriendo los campos. En este tiempo, nos gusta acercarnos hasta estos parajes de Burgos, porque el verano es más fresquito que en Aragón .

Al saber que me estabais buscando, me he detenido un momento para contarte a ti y a todos los que ahora andáis leyendo esta mi historia, el verdadero final, pues el tal Bécquer lo dejo inacabado.


(c)

LA AJORCA DE ORO

A Toledo se la puede amar sin tener que robarla.

Sus empinadas calles, las subo y las bajo y, extasiada recibo en mis pasos las huellas del tiempo; porque Toledo es el capricho de todos los reinos que la hicieron su joya.

Yo también, como mujer caprichosa y algo extravagante que soy, quiero y deseo poseer la hermosura de su catedral, donde he visto a mujeres de otras culturas, quizás caprichosas, quizás extravagante, llorar de emoción ante tanta belleza, pero estoy segura que nunca pediré a nadie, ni daré nada a cambio, por poseer su belleza.

Cada vez que añoro Toledo, su río y sus piedras, me acerco hasta ella y la contemplo, porque me basto a misma para sentirla y amarla.

Luz del Olmo




9 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Me ha gustado tu final de la corza blanca ¡qué romántico! Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

Así que la corza blanca fue feliz, me alegro mucho por los dos enamorados.

En mi retiro de Palacios de Benaver no he visto ni uno, menudos son aquí los cazadores. Saben esconderse en el páramo, en los pequeños valles. ¿Qué bonitos son!

Tienes razón en echar la bronca a Gustavo Adolfo. Las mujeres no somos como esas protagonistas caprichosas que son capaces de mandar a alguien a correr graves riesgos por un capricho, demostrando así su dominio. Julia Espín, Josefina Espín, Casta Esteban..no le dejaron buenos recuerdos.
Bonita ajorca...

Besos desde mi retiro. Di recuerdos a Sor Austringiliana de parte de Sor Pardilla.

el historiador dijo...

es bonito amar..querer....

pancho dijo...

Los corzos tienen el privilegio de buscar los lugares más frescos en el verano. Entre ellos no podía faltar la sombra de este espléndido ejemplar de enebro.

De Toledo me gustan sus callejuelas estrechas que en el verano manchego permiten pasear por ellas antes de que el calor apriete.

Mi libro de Bécquer no tiene ninguna de las dos leyendas que recreas. Por vuestros comentarios me voy enterando de que escribió muchas.

Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

De las campiñas a las empinadas calles de Toledo. Qué dos hermosas recreaciones de estas leyendas becquerianas.

Paco Cuesta dijo...

La corza en libertad y la ajorca en su lugar adquieren su máximo esplendor. Fuera de su entorno pierden valor.

Humberto Dib dijo...

Hola, Ele, llegué hasta tu espacio a través de un blog amigo, me pareció muy bueno, voy a quedarme por aquí como seguidor, si me permites.
Si tienes ganas (sólo si tienes ganas), te invito a pasar por el mío.
Un saludo desde Argentina.
Humberto.

www.humbertodib.blogspot.com

Humberto Dib dijo...

Muchas gracias por la visita, Ele, pero has entrado al blog equivocado, por eso te dejé el link...
Te agradezco el comentario, pero ese blog es uno que comparto con dos escritores españoles. El mío tiene sólo mi nombre.
Sea como fuere, un beso y muchas gracias, cuando puedas pásate por el otro.
Humberto.

Myriam dijo...

Me gusta tu final de la corza blanca. Y estoy de acuerdo contigo en que Toledo es una joya. A mí me encanta y guardo un muy lindo recuerdo de sus calles que suben y bajan y etcs.

Besos y muy buen fin de semana.