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jueves, mayo 01, 2014

LA CASA SIN LLUVIA

                       Foto tomada del libro Rosa- Fría patinadora de la Luna 
 
Cuando Rosa Fría entra en la casa, piensa que  al penetrar en ella  la inundará la lentitud de lo incompleto, pues sabe que  por aquí  habita la llamada  Tortuga 427, por eso decide  buscarla en cualquier rincón con polvo de siete  años.

No es capaz de hallarla , pero  sí puede escuchar y ver a distintos animales  que en la confusión de sus idas y venidas  por  pasillos pedregosos  y habitaciones  octogonales,  corren, saltan, luchan  y se saludan formando  un concierto de  ritmo efímero,   con sonidos que no guardan  similitud  en las formas que los representan. Los pájaros pueden rebuznar  y las ranas imitar a las golondrinas mientras juegan a entrar y salir por la ventana, en busca de algo que no se sabe muy bien qué es.

Los gatos  ladran en consonancia con los maullidos de los perros, mientras los leopardos balan y las ovejas mugen. Las mariposas poseen orejas de elefantes y estos tienen finas alas de diferentes colores  que no les impiden alzar el vuelo para buscar con su trompa, el néctar de una flor muy blanca, nacida en una maceta que se esconde  debajo de la escalera.

Rosa Fría se queda aún más helada  que su nombre, al ver y escuchar todo aquel alboroto, cuando de pronto reconoce  un sonido que le es muy familiar. La nieve donde ella siempre habita, se ha convertido en lluvia y siguiendo las notas de su canción, llega hasta la sala  de arriba donde encuentra a  un hombre demasiado viejo y con demasiadas canas, canturreando junto a una tortuga  con un número, que le mira de forma muy severa.

Sentados los dos alrededor de una mesa camilla, discuten sobre un arca , mientras el reloj marca las cinco en punto y ambos comienzan a beber su té, servido un minuto antes, por una  ballena azul.

En un instante de cierta paz, seguida por el silencio, todos los que allí habitan  toman conciencia de cómo en el exterior  del recinto  se ha desencadenado El  Gran Diluvio . 

Rosa Fría sabe que es la hora de salir, mas  la lluvia se lo impide y comprenden que ha de quedarse, por ahora,  con  todos sus habitantes navegando a la deriva y en constante confusión, eternizados en discusiones de cómo superar la gran crisis  a la que han llegado  sin saber su cómo ni su por qué.

Luz del Olmo







2 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Cuando uno entra en el mundo de la imaginación, queda atrapado. Buena recreación del mundo de María Teresa.
Besos.

Abejita de la Vega dijo...

Siempre hay un refugio para el diluvio. Cuando arrecia la lluvia buscamos a la tortuga salvadora.

Besos