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miércoles, mayo 07, 2014

LA CASA-BARCO DEL OSO POETA Y LA CASA DEL LOBO


LA CASA-BARCO DEL OSO POETA

Si Rosa-Fría entra en esta casa, piensa en la posibilidad de haberse equivocado de sitio, pues recuerda haber visitado otro recinto muy similar, donde los interrogantes jugaban a perderse en las paredes.

La niña, amiga de la Vaca azulina, puede comprobar cómo a un oso cantarín, lo llenan de preguntas sin respuestas, mientras él vierte lágrimas y más lágrimas en la búsqueda de un amor, al saber que en el bosque ha vuelto la primavera, cuando las persianas aún no se han levantado.

El oso presiente que la poesía le empieza a brotar en esa búsqueda de muchas preguntas y pocas respuestas que  le guiarán al Aleph  donde nacen todos los poetas: el mar.

Sonríe Rosa-Fría al descubrir que aquella casa en realidad es un barco, donde todos los saleros andan mareados por el olor tan fuerte que desprende los árboles con frutos de invierno y queda muy alarmada al comprobar que el oso, ya poeta, puede desaparecer.

Sabe que la solución sólo la tiene ella, niña que viene del frío, por eso, antes de salir de la casa-barco  y apretar  al botón, decide echarle un vaho de aire helado al oso para que así, vaya aquietando sus sueños.

LA CASA DEL LOBO

A Rosa-Fría no le gusta mucho entrar en esta casa, donde un lobo hambriento o glotón, vaya usted a saber, se pasea por todas las estancias que un día María Teresa León quiso imaginar y después escribir.

Otra vez han vuelto animales a este recinto cerrado, mas ahora, guardan similitud entre la realidad de su esencia y la sustancia de su ser, pero no así en el actuar de su supuesto comportamiento.

A los siete segundos de observación, Rosa Fría, se da cuenta de lo bobalicón que es el lobo y el gran ingenio que tienen el cordero, la mula y la cabra, por eso, mientras mira con desgana el comportamiento del uno y las otras, va aprendiendo que ante situaciones adversas, lo mejor es no rendirse y buscar por todos los caminos posibles, la parte más débil del adversario y así poderlo vencer.

Después de haber descubierto Rosa Fría el interior de esta casa, por cierto, bastante oscura por falta de luz de la calle, decide que ha de apretar el botón, y salir de ella para reírse con su gran amiga la Vaca azulina de esta historia del Lobito de Sierra Morena.

Luz del Olmo 

8 comentarios:

antonio molina medina dijo...

Casa en la que me encuentro instalado, mirando sus paredes, su techo de palma y su fuego bajo, contemplando las llamas verdes..., azuladas. Mientras la ceniza blanca muy blanco rodea sus llamas. El humo se desliza por el hueco de la chimenea y un niño y anciano sentado en un banquito de láminas de corcho las contempla. Magia o realidad... El lobo escapo a la sierra. Él sonríe y, entornado los ojos sonríe y se deja mecer por las olas del tiempo. Para seguir soñando… Sintiendo.

Un abrazo

Antonio

Ele Bergón dijo...

Hola Antonio, noto que estas casas que escribo te han llevado a la tuya propia, Gracias por el bonito texto que nos dejas aquí.

Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Me gusta cómo has acompañado a Rosa-Fría a los espacios de los cuentos y desde allí los explicas. Gracias.

Abejita de la Vega dijo...

Rosa Fría en la casa barco pulsa el botón y sale la tortuga o el osos poeta o el lobiro de Sierra Morena o el gallo o Blancanives...personajes pasados por el tamiz de la vanguardia.

Besos

Abejita de la Vega dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Abejita de la Vega dijo...

Rosa Fría en la casa barco pulsa el botón y sale la tortuga o el osos poeta o el lobiro de Sierra Morena o el gallo o Blancanives...personajes pasados por el tamiz de la vanguardia.

Besos

María Pilar dijo...

Ambiente de fábula, personjes de fábula, donde no todo es como parece y se puede sacar una gran moraleja final.
Divertido e interesante.
Un beso

PENELOPE-GELU dijo...

Buenos días, Luz:
En estos cuentos me he puesto siempre al lado de los perdedores que acaban estrellados.
Nuestro paisano Félix Rodríguez de la Fuente, que tanto sabía de sus amigos los lobos, nos habló de cómo son de verdad. María Teresa León, años antes y quizás sin saberlo, en su cuento no hace sino demostrar que no son los lobos los peligrosos.
El oso, romántico y tan enamorado de un amor desigual nos mueve a la ternura.
Y qué decir de la tortuga 427, que antes de que la lancen a la alcantarilla se encuentra perdida en ese aparente Salón de té, cargado -hacia ella- de miradas antipáticas y cuchicheos.

Un abrazo