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miércoles, diciembre 17, 2014

A MI MADRE





En esta foto podemos ver a mis padres Teodosio y Nicolasa, en una foto de la época. En realidad no sé que ha pretendido el fotógrafo, pero a mi madre se la puede ver mucho más sonriente sin las gafas que con ellas.




De ti me queda una toquilla que en estos días de invierno siempre utilizo para protegerme los hombros que es mi punto débil. Y un abrigo que guardo con nostalgia, pero que nunca me pongo.

También me quedan tus azotes en el culo con la zapatilla, tus regañinas a padre y a mi porque él siempre andaba en las nubes y yo poco a poco me iba contagiando. Eras nuestra más fiel realidad siendo padre y yo muy cómplices cuado hablábamos de ti.

Desde que murió él, casi siempre vivimos juntas y yo no sé si lo hice porque me sentía culpable por querer tanto a padre o porque en realidad también te quería a ti. Quizá por las dos cosas, pues mi relación contigo siempre fue ambivalente.

Supiste por la pérdida de un hijo, en la mejor de su vida, - tenía veintitrés años- , ser silenciosas, valerosa, resignada y cinco años después también se fue tu marido porque era mucho más débil que tú y como ya habías perdido todas las lágrimas, no pudiste llorar.

El mayor andaba por Chile, un país tan lejano que sólo conocías el nombre y así sólo te quedaban para hacerte compañía en tu dolor: el hijo que siempre te adoró y una chica adolescente llena de rebeldía.

Fueron dos años muy duros de quedarte sola en el pueblo. Los vecinos te ayudaban en tus penas y atribulaciones sin saber qué hacer, qué rumbo tomar en este pueblo de Pardilla donde fuiste sirvienta y en el que te casaste y tuviste tres hijos y una hija que vino, cuando ya nadie la esperaba.

Más tarde tu traslado hasta Madrid, ciudad que visitaste con padre, que yo recuerde, tan sólo una vez. Fueron años duros de adaptación arrastrando una gran pena. Pero como siempre hiciste, te acomodaste a las circunstancias que la vida te imponía.

Te evoco en los primeros años enfadada, después ya más tranquila, con tus nietos y conmigo y cuando llegó la hora de tu muerte, lo hiciste despacito y en silencio.

-Se está apagando como una vela – Me dijo el médico que te asistía aquí, en Velilla.

Un ocho de noviembre de 1992, dejaste de de existir. Mi casa siguió siendo tu refugio cuando nos diste a Rafael y a mi tu último adiós. Para Victoriano fue tan grande el dolor que no pudo verlo.

Aún tengo tu toquilla que en invierno tanto uso y un abrigo que nunca quiero tirar y esa sensación de que en vida no te quise lo suficiente y sin embargo aunque te fuiste con casi noventa años, estuve un tiempo añorándote y pensando que podías haber vivido más. 

Luz del Olmo  

(Mi madre, Nicolasa Veros, el pasado 6 de diciembre habría cumplido los 111 años. Este texto lo escribí dentro de un libro  que hice para mi familia, con mis últimas investigaciones sobre nuestro origen)

7 comentarios:

pancho dijo...

La muerte de un hijo es un acto contra natura, tuvo que pasarlo mal tu madre. Siempre cuando se van nuestros mayores te queda esa sensación que tan bien expresas de no haber estado más con ellos, para nada fue tu caso.
Emocionante relato.
Un abrazo.

Gelu dijo...

Buenas noches, Luz:

Un relato sincero, que seguramente en su día, escribirías entre lágrimas.
Creo que tus padres estarían orgullosos de ti.
Me he fijado en las manos trabajadoras de ambos, y en las dos imágenes con gesto tan diferente de tu madre. Quizás, unas palabras oportunas del fotógrafo, diciéndole que saldría más guapa sin gafas. Y la mano -fuerte y cariñosa- del marido sobre el hombro, lograron que dejara a un lado algún recuerdo permanente.
Me gusta la gente que se preocupa de saber de sus mayores. Los apellidos no son sólo para heredar, ni para lucirlo y conseguir perpetuarse en los mejores puestos porque alguien fue importante, ni para vivir de las rentas eternamente.
Enlazo un poema de Juan Carlos Mestre: 'Antepasados'

Un abrazo

P.D.: La abuela de mi padre también se llamaba Nicolasa. En las fotografías familiares que conservamos vestía de negro.

Pamisola dijo...

Un muy sentido homenaje, Luz, para los dos, y en particular a tu madre, dentro de esa categoría de mujeres duras, valientes y trabajadoras que hacen que las generaciones venideras sean mejores, y que no se olviden de sus raices.
Muchos besos, Luz

Y Feliz Navidad

Luis Cuesta Gordillo dijo...

Emocionante relato, Luz. Me ha encantado. Gracias por seguir compartiendo. :-)

María Pilar dijo...

Preciosas palabras, emocionante y puro sentimiento

Myriam dijo...

Me emocionaste hasta las lágrimas....

R dijo...

Qué bonito, tía. Gracias.