Escríbeme

olmoluz@gmail.com

miércoles, noviembre 26, 2014

NADA (FINAL)




                                       (c) Luz
                    
Andrea en este domingo del 23 de noviembre de 2014, sabe que no va a poder salir a la calle . Se encuentra muy cansada. Su camino hacia los noventa años está ya muy próximo y a pesar de la buena temperatura y el sol entre nubes que luce en la Ciudad Condal, nota que sus fuerzas se van agotando.

Ha cogido un pequeño resfriado y decide quedarse en la cama. Mañana lunes vendrá la señora que le cuida y la acompañará hasta el ambulatorio para que la mire su doctora de cabecera.

Puede que tenga algo de fiebre porque le parece que un letargo de ensueños la va envolviendo. De vez en cuando se despierta agitada. Ha soñado con su tío Juan y toda aquella historia del callejear en la noche para adentrarse en el corazón del Barrio Chino, cuando el niño de él y su mujer , se puso tan malito y cómo ella le acompañó, pasando toda clase de miedos, en la búsqueda de Gloria.

En otro de sus sopores, ha oído cómo la madre de Ena le estaba contando en un susurro, su historia de amor, casi inverosímil, con su tío Román.

Ya a eso de las nueve de la noche, se notó algo más despejada y el hambre que no había aparecido en todo el día, se hizo más presente. Decidió levantarse y comerse un yogur en el sillón  que tanto le gustaba y tan cómoda se sentía. Miró en la mesita pequeña donde se encontraba la lámpara y recordó que estaba leyendo un libro . Era del poeta José Hierro, poeta al que llegó a conocer en aquello años que estuvo empleada en la capital de España, haciendo el trabajo que le había proporcionado el padre de Ena, cuando dejó Barcelona.

Cogió el libro de tapas rojas donde se podía leer el título: Cuaderno de Nueva York y abrió una página al azar, entonces leyó en voz alta, como se debe de leer la poesía. 

Toda la casa quedó envuelta en las palabras de Andrea:

VIDA
                                                           A Paula Romero
Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,

después de tanto todo para nada.

8 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Uno de los mejores poemas de la poesía española.
Y qué forma más oportuna de enlazarlo con las dos fiebres de Andrea.
Un beso.

María Pilar dijo...

Qué bien lo has cerrado con ese poema de gritos como bofetadas entre el Todo y la Nada.
Besos

Myriam dijo...

He leído completo tu aporte, muy buena tu recreación del personaje de Andrea y como postre, la guinda final del poema. Recuerdo muy bien bien la Basílica Sta María del Mar, que visité en mi último viaje a Barcelona. Me pareció entrañable el encuentro de los dos amigos -ya viejitos- en ella.

Besos

María del Carmen Ugarte García dijo...

Enternecedora esta Andrea nonagenaria.

María del Carmen Ugarte García dijo...

Enternecedora esta Andrea nonagenaria.

Pamisola dijo...

Se puede considerar que Andrea en la tercera edad, ya cumplió, queda agradecerle que nos contara su historia, y a tí, como intermediaria.

Besos.

Abejita de la Vega dijo...

La nonagenaria Andrea recordará como si fuera hoy aquel recorrido nocturno por el Barrio Chino, con Gloria buscando dinero para su hijo enfermo. Y qué sorpresa, Gloria sólo jugaba...a las cartas.
Y recordará lo que un día sintió al conocer a su tío Román. ¿Sintió algo?
Antes de ir a la nada, Andrea nos ha visitado. Se envolverá en un manto de niebla y tomará la estación que no tiene punto cardinal.
Nada es todo.

Besos, Luz.

Paco Cuesta dijo...

Muy buena aportación de Luz cerrando un final abierto
Besos