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domingo, diciembre 18, 2016

DON QUIJOTE DE MANHATTAN



                           (c) Mª Ángeles Pérez

Y en oyendo esto, Sancho tomó el libro con cuidado y, en voz alta, leyó su título:

                                 Don Quijote de la Mancha
                                                                              Marina Perezagua

Y fue entonces cuando le vino hasta sus entendederas, algo menguadas, una mancha grande y roja toda cubierta de tierra que procedía de una lluvia de amapolas, que le calaba los huesos, mientras caminaba desnudo por caminos tan largos como el aire, junto a un tal Alonso Quijano, observando por el lado derecho grandes extensiones de viñedos y por el izquierdo, altas y transparentes torres, luciendo letreros que indicaban diferentes nombres de mujeres, donde una tal Marcela compartía un lugar sin existencia, con otra que respondía al nombre de Dulcinea.

Y en las aguas sin medida ni control que formaban la mayor parte de los planetas conocidos, mezclando sus nombres en giros interminables, estos dos sujetos, eran incapaces de nadar, molestos como estaban por las instrucciones de una tal Eva Gomberoff. Por otra parte, hemos de tener en cuenta que al llamado en alguna ocasión el pastor Pancino, nunca le gustó este líquido incoloro y siempre prefirió el olor que desprendía, ese jugo de colores que emanaba de las cepas que siempre conoció.

Sancho metido en su propio disparate, se durmió para tener en siete días, acaso sin noches, un sueño en imágenes nunca vistas, llegándose a meter en el sueño de otro pastor , por nombre Quijotiz, de niños y pájaros hambrientos que volaban llevando papeles, donde predominaba el color verde.

Recuerda muy bien a las dos Torres Gemelas porque a ellas subió en un ascensor donde los pisos se iban contando de diez en diez , hasta llegar al final y observar a un tal García Lorca que escribía con letras irreconocibles “ asesinado por la luna”, mientras Don Quijote, que así en verdad se llamaba su compañero, analizaba en línea recta desde lo alto, a las mariposas circunflejas que intentaban un vuelo hasta el ocaso de la Libertad.

La Ínsula que le prometieron sí pudo gobernarla a su antojo, pero hubo de pasar hambres y grandes quebraderos de cabeza , porque aquella otra Ínsula llamada Manhattan, era del todo ingobernable ante la cantidad de especies raras y extrañas que caminaban solitarias, por calles donde nunca lucía el sol, llevando centenares y miles de libros, arropados y envueltos en las prisas y la música que un cervantesco Cervantes nunca imaginó, aunque este insigne escritor, siempre fuera y es su principal protagonista.

No les  faltó, en la carrera loca que les estaba prestando el tiempo, su lucha contra él. Los instantes se posaban libres y solitarios flotando en la atmósfera, cuando el deseo de cambiar aquel mundo tan loco, por unos seres lleno de aparente demencia, que se empeñaban en ir liberando a presos y cautivos o salvar ballenas, les iba enfrentando a gigantes sin molinos y recibiendo  los palos que nunca buscaron o las sonrisas que les vinieron de mujeres nunca vistas.

Los dos soñadores de ovejas con sus piojos, iban disfrazados sin apenas llamar la atención. El más alto y delgado, sin chicha donde agarrarse, recordaba a un caballero andante, también llamado el de La Triste Figura, e   iba vestido con  un extraño traje que respondía al nombre de C3PO , a la vez que el padre de un tal Sanchico, cubría su cuerpo con un EWOK, porque este último no sabía gramática, ni la necesitaba, ya que los poetas eran una especie de engañabobos que fingían transmitir algo de lo vivido, trastocando todas las palabras.

Sancho después del mucho caminar por manchas de uno y otro lado, quedó profundamente dormido, en una habitación de un lugar en apariencia reconocible, mientras su compañero de fatigas, el llamado Don Quijote de Manhattan, decidió en ese tiempo, leer la Biblia, por ver si ese libro podría esclarecerle en algo, los extraños sucesos de esta su nueva aventura que por lugares impredecibles, les había llevado una mujer que bien se conoce nació en Sevilla,  vive en Nueva York y que utiliza con precisión las palabras, aunque estas estén disueltas en el agua. Un agua que domina con tanto acierto, que hasta lo lleva escrito en su carné de identidad.

Luz del Olmo Veros



10 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

Qué guapos y jóvenes están esos turistas en New York.
Ese tinte de amapolas y esas viñas son de otro continente, así son los sueños que casan vivencias de aquí y de allá. Tu sueño y el de Marina Aguaagua
Ya te dije que no me entusiasma este tipo de literatura surrealista y onírica; pero leo y comentó todo porque de todo tipo de literatura sę extrae belleza y placentería, vaya palabra.
Te ha quedado muy bien. Besos Luz hablamos.

Ele Bergón dijo...

Mª Ángeles, esta foto es de hace unos diez años y el tiempo pasa a pesar nuestro. Fue un viaje muy interesante. Nueva York me gustó, pero creo que no viviría en esta ciudad de tantas prisas.

Al contrario que a ti, a mí me encanta este tipo de literatura. Quizás en los sueños, en el surrealismo esté la verdad de la vida, aunque eso si, bastante descolocada y alocada.

Ayer oí en la Ser a Marina Aguaagua, como la llamas tú, en una entrevista donde hablaba de lo mucho que le gusta la apnea que practica bajo el agua. A mí, me parece una locura, pero para ella era algo magnífico. Tiene que haber gustos para todas y todos.

Besos

Abejita de la Vega dijo...

Una verdad muy encubierta es la de los sueños y sólo hay claves para el soñador. Hay quien sufre mucho con los sueños, te cuentan que han tenido una pesadilla...Yo no soy de pesadillas y mis sueños se disipan al poco de despertar no los recuerdo.

Abejita de la Vega dijo...

El Quijote contiene una sola ensoñación, la de la Cueva de Montesinos, fantástica pero bien delimitada. Y genial.
Besos Luz

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Este debate de los sueños que mantenéis aquí dice mucho de los lectores. Sé que a Mª Ángeles no le entusiasman. En eso coincide con Julián Marías, que cierra un libro en cuanto ve un sueño o deja de ver la película, aunque le haya gustado hasta ese momento. Si puedo salvar la discusión, he de decir que este no es un sueño-sueño sino una alegoría moral.
Buen recuerdo el de la foto, Luz.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Por otra parte, este sueño-alegoría moral viene a representar lo mismo aquí que en el Quijote el de la cueva de Montesinos, sabiendo, claro, que las dos novelas son bien diferentes...

María Pilar dijo...

Hola Luz, un placer leerte siempre que puedo. Esta vez estoy con Mª Ángeles, lo onírico en Literatura no me apasiona, pero sí me gusta leer las interpretaciones que hacéis de ella, parece que entonces se me abren nuevos horizontes y lo leo con más ganas. Me pasa lo mismo con el arte pictórico surrealista.
Quiero dejarte mi cariñoso saludo navideño envuelto de paz y felicidad. Besos.

María del Carmen Ugarte García dijo...

Te ha salido muy original la historia vuelta a contar desde el final.

En cuanto a la polémica entre mis dos amigas, ya sean sueños o alegorías, he de decir que a mí me encantan también las historias de sueños. Es más, si alguna vez escribí cuatro letras de ficción, en buena parte salieron se un sueño.

Abejita de la Vega dijo...

Tengo, en mi blog, varias entradas en que me meto en un sueño, es un buen recurso. Y me gustan las ensoñaciones en la literatura siempre que estén bien delimitadas, con principio y final. Y que no invadan una obra entera, que haya realidad y fantasía bien contrastadas. ¡El Quijote! Esos libros que son una pesadilla desde el principio al final, esos no son mi debilidad. El de Marina Perezagua comienza en un Manhattan con visos de realidad, aunque don Quijote y Sancho aterricen de manera fantástica. Me gusta más ese Manhattan real que el onírico en que desemboca después. No me desagrada el libro en conjunto.
Os animo a seguir con el debate.
Un beso y feliz Navidad, amigas. Y amigos.

Myriam dijo...

Interesante debate y como a mi me gusta
la hermenéutica...
:-)

¡¡Besos!!