jueves, febrero 12, 2026

LA ESCUELA DE ADULTOS



 


En mis años de 50 a 60, estuve trabajando en la Escuela de Adultos del lugar donde vivo. Para llegar hasta ahí, me exigieron  un proyecto educativo referido a este tipo de Escuela y el tribunal formado por diferentes categorías laborales,  escogió el mío, así qué me dediqué  en esa década a enseñar: Alfabetización, Graduado en Secundaria,  Español para extranjeros y ayudé a algunas alumnas a sacarse un título de Formación Profesional en Jardín de Infancia,  Auxiliar de Clínica y un Acceso a la Universidad.  

 

Teníamos tres aulas, no muy grandes, pero tampoco  pequeñas. En Secundaria venían los adolescentes que no habían sacado la ESO en el Instituto, en  general por su falta de interés, junto a  las personas de diferentes edades  que no habían tenido, por distintas razones, cómo sus trayectorias personales o cambios de residencia,  la  oportunidad de conseguir este título.


Las alumnas mayores venían con muchas ganas de aprender, cómo así lo hacían tambien,  los extranjeros qué por aquellos años habían emigrado a nuestro país, en  especial  los que  llamabamos  del Este: rumanos, polacos, búlgaros  y alguna  qué otra nacionalidad como rusos y ucranianos, añadiendo  también los venidos del continente africano y  destacando los  de Marruecos. Incluso  me vino, lo recuerdo muy bien, un chico joven que me dijo era de Tasmania. En el aula donde le recibí, había un Mapa Mundi y recuerdo mis palabras: 


-Díme exactamente dónde está tu país.

Él así lo hizo y se resolvió mi ignorancia.  


Bien os podéis imaginar que en realidad junto a otras Escuelas de Adultos dónde también se impartían estas clases,  éramos la ONU, por su diversidad de conocimientos,  razas y nacionalidades.


De los muchos trabajos que he  tenido a lo largo de mi ya extensa vida, este último ha sido para mí, cómo un remanso de paz y alegría y  excentuando las clases de los adolescentes, es  dónde mejor me he encontrado. 


Desde pequeña siempre quise ser maestra, porque cuando jugábamos en Pardilla a representar un  rol profesional, por supuesto, sin saber qué se llamaba así, yo siempre escogía el ser maestra. Por eso al terminar mi Bachillerato Superior y cuándo las circunstancias vitales me dejaron elelgir,  quise, ya lo he escrito por aquí,  comenzar el Magisterio qué nunca terminé y por  eso cuándo ya en mi década de los 50 bien pasados, tuve la portunidad de realizar mi sueño infantil, de poder enseñar a los otros lo que no conocían y  a la vez yo iba aprendiendo también lo qué ignoraba de las personas,  en especial Adultas, aunque aquellos adolescentes tan complicados que venían, estuvieron a punto de hacerme  tirar la toalla e irme de esta profesión tan buena e interesante y qué siempre me ha gustado. 


Fueron las personas  mayores con su  peroyativo de Viejas, las que formaron mi remanso de paz que entonces necesitaba porque venían a primera hora, para darme la energía  suficiente y así  después, poder soportar a aquellos adolescentes con su biología  descontrolada qué no paraban de ocasionarme problemas. 


También el enseñar español a emigrantes de otros países, me relajaba y acudía a mí el entusiamos qué siempre tuve de querer enseñar a los otros lo que yo antes había aprendido, para seguir con ellos y ellas, recibiendo  esa filosofía de la vida que da el tener que ausentarse del propio país.


Duró un tiempo de diez años y  siempre recordaré con cariño este mi último trabajo. 


Foto hecha en el Congreso de los Diputados, en una excursión qué hicimos  los pueblos de Campo Real, Loeches y Velilla con las alumnas y alumnos, junto a las profesoras María Ángeles  Merino, Esther Moreno,   Carmen  García   y la que suscribe esto.  El año no lo recuerdo y no lo  tengo datado. Ha llovido mucho  desde entonces. 

El autor de las fotos, es Manolo Reyes, el fotógrafo del Congreso de los Diputados de aquellos años.

La foto del principio está hecha por mí. En ese edificio estuve  dándo clase de Adultos con mis compañeros Jacinto y Alejandro. El edificio existe, pero qué yo sepa, no está utilizado. La Escuela de Adultos,  de estas fechas, está situada  en el Centro de Asociaciones de Velilla de San Antonio.  

Todo cambia, pero algo queda de  los sentimientos que nos acompañan a lo largo de los tiempos. 


Texto y foto: (c) Luz del Olmo  Veros