lunes, enero 07, 2019

ANTONI BENAIGUES, EL MAESTRO QUE PROMETIÓ EL MAR


Después de leer este libro, editado por Lumen, con fotos de Sergi Bernal y textos de Francés Escribano, Francisco Ferrándiz y Queralt Solé,  me siento triste con la historia de Antoni Benaigues, el maestro  catalán que aplicó el método  Freinet, a los niños de  un pueblecito  burgalés, siendo torturado, vejado  y fusilado, con otros muchos,  en la la fosa de Pedrajas, donde se trunca y rompe una historia de ilusión en la enseñanza de la II República

Sin embargo,   ni los  años de silencio  y miedo, pudieron olvidarlo y   son las casualidades y el empeño de saber de otras generaciones,  las que nos van desvelando, todo  aquello que pasó en los primeros años de represión y barbarie en Burgos, donde se dice que no hubo guerra civil, pero sí despropósitos y asesinatos, por el simple hecho de  pensar distinto, donde el odio, la intolerancia y el rencor, fueron las causas para quitar la vida.


Los niños de Bañuelos de Bureba  escriben en su cuadernillo  escolar de 1935

El mar será...

El mar será....

El mar será...



El mar será, muy grande,
muy ancho y muy hondo..

El mar será de hondo
como la veleta de la torre...

La gente irá a bañarse.

Yo no he visto el mar. 

Y yo puedo escribir:

El mar, el mar  es una ola
que viene y se va,  en la imagen
de los niños que aprendieron
a ser dueños de su propia dignidad.

Fue el odio y la barbarie
los  que cortaron vuestros sueños
y   la de aquel maestro
que  os enseñó a soñar.


El mar será...

El mar será....

El mar será...

Después de años donde el miedo
era el dueño del silencio
hoy, ya casi podemos decir:
que el mar es tan inmenso
como  la búsqueda de la verdad.

(c) Luz del Olmo


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jueves, febrero 22, 2018

UN PASEO POR LIÉRGANES CON EL HOMBRE PEZ EN LA MANO




Y allí estuvimos, a finales del pasado mes de junio, donde dicen que nació El hombre pez.

El día amaneció nublado y con amago de lluvia.
Después de transitar por carreteras de montañas con intensa niebla, donde las vacas interrumpían el trayecto,


 llegamos a nuestro destino a la hora de comer ¿dónde? No había más remedio que hacerlo en el restaurante de El hombre pez .



Su recuerdo se encuentra por todas partes y el agua, que nunca nos dejó, fue nuestra compañía.




Allí sigue el río Miera donde Francisco, el hijo pequeño de la familia de la Vega y Casar, allá por mediados del siglo XVII, encontraba su estado perfecto, al bucear en sus aguas.
También tuvo sus burlas y bromas de mal gusto, como la de un tal Quinquicino, entre otros, para sacar del pozo de Valcaba, la corona de la Virgen Blanca.
 


En  una estatua de bronce, ha quedado inmortalizado en este río Miera, mientras desde una roca mira, relajado y tranquilo, el correr de las aguas,

    después de su gran viaje desde los astilleros de Bilbao, donde lo llevaron sin su consentimiento,y, llegando por su propia voluntad, hasta Cádiz.  


Ahora reposa en la orilla, recordando sus andanzas por los fondos de los mares, donde de vez en cuando, se paraba a descansar.


El puente, con su calzada empedrada y regada por la lluvia, fue construido bastantes años antes de que, ocurriera, o no, esta historia y donde el lodo y la tierra  empaparían las calles nada agradables, para este niño-hombre de leyenda. 

En el siglo XXI han nacido las hortensias, porque quieren recordarnos, cómo todos somos muy  capaces en algo e incapaces en muchas otras habilidades. 






El hombre pez que  nos cuenta Juan Antonio Abella, basándose en su leyenda, recogida por la autoridad, que lo es, del  padre Feijó,  pudo haber existido o no, y haber hecho   su hazaña o ser un pequeño invento,  pero el autor nos lo hace  tan creíble,   que nos trasladamos a la época del Barroco, ayudados por el lenguaje de aquellos tiempos, hasta sumergirnos en el libro,  con la misma facilidad que el hombre pez, buceaba en las aguas de los ríos, mares y océanos.

Hoy,  al escribir  estas letras, recuerdo que mientras yo miraba  como el agua de lluvia caía sobre  río  Miera  que sigue atravesando Liérganes, pensaba en  su cauce que  nunca cambia. 



(c) Fotos de David Plaza  

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