martes, enero 20, 2015

LA SONRISA ROBADA

(c) Luz


A la joven alemana Edelgart Lambrecht y a su hermana Sigrid, una enfermedad genética que afectaba sus músculos, les robó la sonrisa y parte de su movilidad. Este mal, es muy posible que fuera  agravado y propiciado, antes de tiempo, por la violencia  a las que fueron sometidas ambas hermanas, al final de la Segunda Guerra Mundial,  siendo víctimas inocentes, como tantas  personas, de un bando y del otro.

En este caso José Antonio Abella, se detiene en la crónica  particular  de la familia Lambrecht , en su posguerra y la situación de dureza extrema que vivieron los vencidos alemanes. Para ello toma como referencia la bella historia real de amor entre  el joven poeta español José Fernández Arroyo y la sensible, culta y enferma Edelgart.

Para narrarnos la historia con toda verosimilitud , el propio autor se introduce en la novela  y nos va contando, paso a paso, todas sus investigaciones en los lugares, tanto alemanes como polacos, donde viven sus tragedias los personajes; inventando con  bastante credibilidad, los sucesos donde faltan los datos , a la par que nos va dando  a conocer sus propios sentimientos según  va construyendo esta novela histórica, descriptiva y documental, no exenta de poesía.

Aunque la historia de amor romántico entre  el poeta de Manzanares  y la joven  nacida en Stettin, es el motivo principal y motor de la escritura de la novela  y  la parte que más me enamora,  intuyo que en realidad el autor y por su  gran amistad con el protagonista,   lo que nos quiere dar a conocer  es esa otra visión, tan poco aireada,  de cómo también los vencedores, en especial los rusos, ejercieron una inusitada y gratuita violencia con los alemanes  en esta nuestra ¿ultima? Guerra Mundial. 


 Luz del Olmo

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miércoles, diciembre 31, 2014

LA SONRISA ROBADA

Foto tomada del Norte de Castilla

El libro que estamos leyendo  de José Antonio Abella, creo que está lleno de humanidad, en toda la extensión de la palabra, porque todas las luces y las sombras que llevamos las personas , se nos manifiestan aquí.

El sueño de un  enamoramiento en la distancia,  que  los dos protagonistas  de esta historia, la joven alemana Edelgard y  el poeta español José Fernández  viven, amando la imagen que cada uno, se ha formado del otro a través de las correspondencia  mantenida a lo largo de los años,   es la aldaba a la que se agarran tanto uno como otra, para así poder sobrevivir y curar unas heridas  que las guerras de uno y otro país,  han dejado en ellos.

Junto a esas luces de ternura, cariño, amor, valentía, coraje y sensibilidad, se nos muestran también las sombras que poseemos las personas  cuando  se desata en nosotros la violencia y la barbarie, sustentadas en la arrogancia de un poder conseguido por la fuerza, capaz de cometer las peores atrocidades. 

Junto a los dos protagonistas y su historia, se nos va intercalando  otra  crónica donde  el  narrador es el propio autor de este libro y  su proceso de investigación y buceo en cómo  se ha ido gestando la novela,  porque él, ha quedado atrapado, seducido en la historia de lo que nos está narrando, de tal forma que es un personaje más, consiguiendo que  dudemos cuando él duda, nos alegremos o nos quedemos tristes y desilusionados, según sean sus hallazgos,  y es entonces cuando  yo como lectora,  quedo contagiada  de esa facultad, tan humana, que es la seducción.

Uno de los capítulos que más me ha impresionado de los que llevo leídos, voy por el 23, es el titulado: El Nombre del padre, tanto es así que al leer su primera parte, me inspiró este poema

El tiempo se me vuelve
inconsciente vestimenta de los días
y recuerdo, sin quererlo,
tu presencia inexistente
que se fue apagando
como el  último  fuego
que queda en el rescoldo
de unas brasas decididas
a no irse.

Por la noche me perturbas
y reclamas  mi atención
en fatales pesadillas.

Te has ido, te has ido
me repito sin saberlo
y en mi búsqueda,
voy descubriendo,
tu fatal desenlace
que anunciaste en los sueños,
preguntándole a mi culpa ,
si eres un espíritu engañoso
 o  viniste a revelarme
lo que nunca yo,
quise saber.
                                                Luz del Olmo

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