SONATA DE PRIMAVERA
(c) Luz El amor y la muerte, los temas más utilizados en literatura, son los que Valle propone con más nitidez que en las anteriores, en esta Sonata, y los va intercalando en todo su recorrido por el palacio Gaetani de una primavera italiana.
Empieza la Sonata con una muerte esperada y termina con otra inesperada. En este intérvalo de tiempo, el incontinente seductor Marqués de Bradomín, practica su irrefrenable juego de seducción al que nos tiene acostumbrados; en esta ocasión con la casi niña María del Rosario.
A la vez que la parafernalia de la muerte sigue su curso, él , como siempre hace, tienta, similar a un demonio, a la jovencita para que haga, lo que más le pone en este juego, porque es lo que le acelera al máximo su pulso: que ella, la virginal, la que está destinada para ser monja, traspase la línea de su castidad y se entregue en cuerpo y alma a este don Juan porque para eso lo es.
Una y otra vez, mientras el fallecimiento del Obispo de Betulia recorre el palacio, e inunda calles y lugares donde la representación de la muerte es lo cotidiano, Bradomín va persiguiendo, tanto de día como de noche, a María del Rosario por unos jardines pletóricos de primavera, donde Valle crea unos magníficos y espectaculares ambientes, hasta llevarnos al instante en que ese juego de seducción está llegando a su cenit. Es entonces cuando surge lo inesperado.
Luz del Olmo
Etiquetas: Lectura de la Acequia, Sonata de primavera, Valle-Inclán
