lunes, marzo 11, 2019

EL CIERVO ESCONDIDO



                            
   http://animalesextincion.net/los-10-animales-que-matan-seres-humanos/
            

Un leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar el ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:

-Un leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó dónde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.

-Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado un ciervo. Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero -dijo la mujer.

-Aun suponiendo que encontré el ciervo por un sueño -contestó el marido- ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?

Aquella noche el leñador volvió a su casa, pensando todavía en el ciervo, y realmente soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y también soñó quién lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró el ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al leñador:

-Realmente mataste un ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró el ciervo y ahora te lo disputa, pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo que otro había matado. Luego, nadie mató al ciervo. Pero como aquí está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan.

El caso llegó a oídos del rey de Cheng y el rey de Cheng dijo:

-¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?

 LIEHTSÉ  ( c. 300 a.C)

(Ando metida en esto de los ensueños y en el Libro de sueños de Jorge Luis Borges, encuentro este cuento que me ha gustado y me ha hecho reír. Ahí os lo dejo)

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jueves, diciembre 13, 2012

EL PLACER DE LA LECTURA II



Hace ya unos cuantos años, escribí este cuento que pienso puede tener relación con la propuesta que nos hace Pedro Ojeda sobre el  Placer de la Lectura. Es mi pequeña aportación.

                       SEGROB


Fue una época de mi vida en la que me dio por leer y leer. Quizá la causa estaba en el invierno frío y lluvioso, por ello, mi mayor placer consistía en enclaustrarme dentro de la Biblioteca.

Cuando llegaba la hora de cerrar, el encargado muy amablemente me indicaba que debía irme. Yo le miraba sin comprender y era precisamente mi incomprensión lo incomprensible para él.

Recogiendo como un autómata el manojo de letra impresa, salía a la calle. El dueño del kiosco cercano, no tiene horas fijas de cierre, lo cual me alegraba mucho, pues así podía comprar los periódicos de la tarde (los de la mañana los tenia ya leídos), las nuevas revistas y todo lo que oliese a lectura. Con toda aquella preciada carga me dirigía muy ufano al autobús.

Y fue precisamente en este medio de transporte donde descubrí, en uno de los libros de préstamo, un billete de metro con la siguiente inscripción:
         
          Los días que uno espera olvidar, los días que
          uno sabe que olvidará.
          ¿Qué importa el tiempo sucesivo si en él,
          hubo una plenitud un éxtasis una tarde?

Inmediatamente contesté:
    
          Intemporal. Inaccesible,
          el momento del éxtasis
          siempre permanece.

Al día siguiente, devolví el libro y olvidé‚ por completo el asunto. 

 La época febril de lectura, poco a poco fue pasando. Los días comenzaban a ser largos y paseaba por las calle de la ciudad. A veces, era ya muy entrada la noche, cuando volvía a casa.

Compré una bolsa grande, especie de mochila, y decidí llenarla con todo lo que en mis largos paseos me pareció más interesante.

Con el tiempo decidí vaciarla. Allí encontré‚ de todo: cáscaras de pipas, alas de mariposa azul, flores secas, dos piedrecitas blancas, tres plumas  de distinto  tamaño y grosor, una madera en forma de lagartija putrefacta, briznas de hierba, hojas de morera, un bigote de gato, tierra, arenilla, migas de pan y lo mas extraño, un papel- ya para entonces había roto definitivamente con  aquel mundo-.No recordaba en qué momento lo había metido en la mochila. Seguramente lo confundí con otra cosa. Mi curiosidad quedó fija en él y dejé de prestar atención a todo lo demás.

Al tenerlo entre mis manos, vi que era un billete de metro amarillo con letra impresa en  bolígrafo azul. Mis circuitos de memoria comenzaron rápidamente a actuar, hasta darme cuenta que aquel era el famoso billete de metro que yo había encontrado en un libro de los que por entonces me hacían compañía.

Cuando el sol empezaba a ponerse pesado, algo volvió a obsesionarme: ¿De quién eran aquellos versos que parecían dispuestos a seguirme?

Una mañana al levantarme, tomé la resolución de volver a mí época de lectura, pero esta vez iba a ser seleccionada e intencionada.

Al verme el encargado de la biblioteca, le percibí de nuevo su incomprensibilidad y me miró desde lejos como distraído. Yo hice lo mismo, pero los dos supimos  que había vuelto a establecerse un equilibrio roto.

Mientras leía con paciencia y detenimiento verso a verso todos los poemas de los clásicos españoles y los clásicos extranjeros, una o dos veces, me fijé en el rostro de la gente y por su cara deduje que el otoño, nos había envuelto en su acostumbrada tristeza.

Seguí leyendo poemas y descubrí la cantidad de versos que han escrito los hombres a lo largo de los tiempos. La forma de pensar y sentir es tan actual, que me dejaban perplejo.

¿Por qué aquel empeño en cuatro palabras? ¿Por qué no lo dejaba y me dedicaba a otra cosa? ¿Merecía la pena?

Sostuve una gran lucha  entre el desánimo  y el deseo de descubrir hasta que  ganó el continuar la búsqueda.

Un domingo, unos amigos insistieron en llevarme a su casa a pasar el día. Ellos estaban bastante preocupados por mis continuas rarezas de hacer siempre lo mismo en una determinada época y después dejarlo para coger otra  manía. Al fin y al cabo, decían, eso no era normal.

A mí me parecía que sus manías eran muy similares a las que yo frecuentaba, lo que pasa es que yo las variaba por temporadas y ellos tenían  una durante muchos años.

No obstante, decidí pasarlo con ellos lo mejor posible, la verdad  es que eran amables y siempre se habían portado bien conmigo, aunque  de vez en cuando comentasen mis "rarezas".

Llegué a su casa dispuesto a sufrirlos lo mejor posible; y al entrar en el enorme salón, ordenado y limpio, me atrajo poderosamente la atención una gran fila de libros, todos del mismo color, que estaban colocados en la estantería del mueble.

Imantando por ellos, casi sin saludar a mis amigos, me acerqué para  mirarlos. Olían a papel recién salido de fábrica.

Al ver mi gesto, me explicaron que era una colección de poesía comprada a un vendedor, que  los trajo a casa y como el color combinaba con el marrón claro de la estantería, decidieron comprarlos. Además la forma de pago era un tanto cómoda e incluso me hicieron la pregunta afirmación:

¿Verdad que el color es precioso?

Yo les contesté‚ con otra pregunta ¿Los habéis leído?

- No, me replicaron, apenas si tenemos tiempo.

Como ya había ocurrido otras veces, nuestro diálogo se averiguaba algo discontinuo y troceado. Decidí olvidarlos, aunque fuese una descortesía  y cogiendo un libro al azar, comencé a leer.

Y cuando mis ojos tropezaron con aquello  de:


"( los días que uno espera olvidar, los días que uno sabe que
olvidará)" callé bruscamente y comprendí el autentico significado de mis obsesionantes versos. Lo que pasó después, es algo que no voy a contar, nos pertenece a ellos y a mí.

Seguí leyendo, ahora ya en voz baja y completamente absorto en el poema.

          ..............................
          ................................................

          ¿Qué‚ importa el tiempo sucesivo sí en él
          hubo una plenitud, un‚éxtasis, una tarde?.

Cerré‚ el libro  y encontré‚ su autor.

Hubiese deseado  compartir esos momentos con mis amigos, pero ellos siempre estuvieron ajenos y jamás comprendieron que estaba ocurriendo en mi.

Pasamos el resto del día más o menos como se pasa en estos casos, dejándonos llevar por la rutina establecida para un domingo con invitados.

Al volver a casa abrí ilusionado la mochila para comprobar que allí seguía el preciado billete de mis sueños, junto a él, algunas flores secas a las que antes no había prestado atención, me miraban  interrogantes. 



(c) Texto y foto: Luz del Olmo

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martes, octubre 27, 2009

EL JUGADOR

Hace ya unos años, escribí este cuento

EL JUGADOR

Ahora lo veo claro: jamás he tenido suerte.

Mi vida ha sido el juego y mi obsesión el casino de Montecarlo. Los pocos

que me conocen saben que esto siempre fue así y que nunca podré cambiar.

La mayoría de las veces me he engañado creyendo que me llegaría al fin un

golpe de fortuna. Esta noche se cumplió: Tuve en mi mano un millón

de dólares.


¿Por qué rayos los matones de Luciano Morelli estaban allí,

esperando como cuervos para no dejarme ni tan siquiera perderlo?

Mas que nunca he llegado a casa derrotado, no tengo ni un mísero billete que

jugar y ya no me quedan fuerzas para pedir ese dólar que siempre he creído

iba a cambiar mi mala estrella.

Abro la ventana. Es la hora del conticinio y nadie pasea por la acera. Algunos

despertarán con el ruido que haga mi cuerpo al estrellarse contra la calle. Hace

frío y noto el frescor del alfeizar en los pies, por eso deslizo uno después el otro y ...............

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lunes, enero 08, 2007

EL ÚNICO ESPECTADOR

                                 

   
                   

I
 mientras dormimos aquí estamos despiertos en  otro lado y que así cada hombre es dos hombres.
Jorge Luis Borges.


 La sala estaba oscura y vacía. En una pantalla grande se podía ver y escuchar el nacimiento, desarrollo y evolución técnica del Ferrocarril en España. Pasada media hora, el vídeo, como un niño obediente y aplicado que se ha aprendido bien la lección, volvió a empezar desde él principio: "El ferrocarril tardó algún tiempo en establecerse en España, en relación con los demás países europeos,...........” Y el único espectador no se movió de su butaca, seguía allí imperturbable con los ojos fijos en las imágenes que se sucedían entre paisajes, máquinas y vagones arrullados por la voz melódica del presentador. 

Pasaba el tiempo y todo seguía igual, el único movimiento rotatorio era el de la cinta que se sucedía una y otra vez agotando los minutos y las horas. Llegado el momento, la máquina se desconectó. En la pantalla aparecía en letras mayúsculas esta inscripción: HISTORIA DE LA RENFE y fue entonces cuando quedó todo a oscuras y en completo silencio. Y el único espectador permaneció inmóvil como la muerte.

 II

 Aquella mañana del mes de Julio no sabia qué hacer. Estaba aburrido y salí de casa sin decidir un destino fijo. Bajé por la Gran Vía (Yo vivo en una de las calles adyacentes, en Barbieri) y al llegar a la esquina del Banco de España, torcí por el Paseo del Prado. Aún no hacía calor, pero el frescor y la sombra de los robles me gustaba y andando llegué hasta la nueva estación de Delicias. Un cartel anunciaba que había una exposición sobre el Ferrocarril en España. Desde muy pequeño me han atraído los trenes, solía jugar con mis amigos a ser maquinista acoplando cajas de cartón que encontrábamos en la basura, las uníamos con un cordel y después viajábamos por lugares exóticos e imaginarios.

Recordando viejos tiempos decidí visitar la exposición. Era curiosa. Máquinas de todas las épocas se sucedían junto con algunos vagones que servían de vagón-cafetería. Era como viajar en el tiempo sin sucesión de paisajes y sin movimiento. Después de disfrutar de aquellos vagones de madera y máquinas antiguas de vapor, me acerqué hasta un tren en miniatura que corría y corría sin parar,  haciendo un recorrido tan corto, que al minuto estaba otra vez de vuelta. Subí las escaleras. En la segunda planta se anunciaba un vídeo. Como no tenía otra cosa que hacer, pensé que podía pasar un rato agradable y fresco, pues para esa hora ya debía de pegarle bien el calor. 

 La sala estaba oscura y vacía. Una especie de escalofrío me recorrió el cuerpo; en la pantalla unas letras mayúsculas anunciaban: HISTORIA DE LA RENFE. Me senté. Las luces se apagaron y mis ojos quedaron inmóviles y fijos en la pantalla. 

 (c) LUZ DEL OLMO

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sábado, diciembre 30, 2006

CUENTO-EL BESO



EL BESO


Al despertar de aquel día me encontraba muy débil y apenas si pude incorporarme del camastro donde me había acostado la noche anterior. Tenía la impresión de haber dormido mucho y de no salir todavía del sueño.

Con dificultad conseguí levantarme y cuando intenté poner los pies en el suelo, mis piernas se balanceaban como las cañas de bambú movidas por el fuerte viento.

Sufría en la cabeza un dolor intenso y las sienes me golpeaban como los rápidos del río.

Al ver que mi cuerpo no respondía, decidí acostarme otra vez y vagamente, porque los ojos se me cerraban como una pesada losa, comencé a recordar:

Cuando el sol tiñe de púrpura la sabana, como otras veces, me había acercado a los pantanos de las llanuras de Kamolondo, cerca de los lagos, y allí pesqué tantos peces que pensé llevarlos al día siguiente,  al mercado de Kinshasa. En todo ese tiempo no sentí nada especial, sólo el calor de la estación seca, me hizo evocar a mi joven y guapa esposa que un día de agosto perdí por culpa de una enfermedad tan rara, que el hechicero fue incapaz de curarla.  En  ese momento  las lágrimas se me escaparon y quizá por eso,  percibí como si su espíritu me pinchase muy cerca del corazón.

Ahora sé que nunca iré a la ciudad y que nadie podrá vender mis peces. La nebulosa en que me encuentro me trae un olor fétido y Ondondgo Muana Mayi, el maestro de la palabra, como a él le gusta que le llamen, no pasará por esta choza hasta la tercera luna y aún estamos en la primera. Ya para entonces mi olor se habrá fundido con el olor del pescado.

Cada vez tengo más sueño y cada vez me voy alejando más y más de este mundo.

Muana Mayi me había advertido en su anterior estancia:

No siempre los cocodrilos son los animales más peligrosos del río Congo. Procura no ensimismarte en los pantanos, allí un día la mosca tse-tse puede enamorarse de ti y darte el beso del sueño que te llevará a la muerte. Si quieres saber su nombre científico, los médicos de otros lugares,  llaman a esa enfermedad,  tripanosiomiasis.

Sé que entonces cerré los ojos amé la muerte y quede dormido para siempre.


 (c) Foto AC  y texto: Luz del Olmo

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