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jueves, febrero 27, 2014

UN E-MAIL PARA LAURA CASTAÑÓN




De: "Luz del Olmo" olmoluz@gmail.com
para : Laura Castañón

En primer lugar perdona mi osadía por escribirte este correo electrónico de una forma pública, sin a penas conocerte, pero me resultaste tan cercana, que eso me ha impulsado a hacerlo.

Tus dos besos a la entrada de la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos, me extrañaron y para bien, pues no todos los autores que van a presentar un libro y en este caso, libro ya con cierto éxito, se comportan así, con esa sencillez que nos mostraste al conocernos.

Cuando accedimos a la sala, donde yo era la primera vez que entraba, mis amigas Mª Ángeles ( La abejita de la Vega ) y Andrea , que viven en Burgos, me soplaron cómo en este lugar se celebran exposiciones y otros actos importantes. El marco, no sé a ti, pero a mi me gustó y mucho.

Supongo que desde tu mesa y en compañía de nuestro profesor Pedro Ojeda, podrías comprobar, cómo poco  a poco, la sala se fue ocupando casi por completo, con personas de distintos tipos y edades. Es verdad que por un lado estaban los más jóvenes y por el otro los veteranos, entre los que me incluyo.

Lo primero que me fijé fue en tu sonrisa. Cuando lo haces y por fortuna es a menudo, se te ilumina la cara y después de la interesante y didáctica presentación que hizo Pedro, cuando empezaste a hablar, esa sonrisa me seguía transmitiendo confianza porque tus palabras las percibía , sencillas, profundas, y sobre todo muy sinceras.

Costó un poco romper el hielo entre los asistentes, hasta que, empujados por Pedro, fueron surgiendo las preguntas que tú de forma tan amable y alegre- incluso asomaron las bromas- nos fuiste contestando y saciando nuestra curiosidad . El blog La Arañita Campeña, hace una buena reseña de ello.

Por mi parte me gustaría destacar el ambiente que se fue creando, e imagino que te debiste sentir cómoda con nosotros, pues al terminar , te percibí feliz .

Al finalizar el encuentro,  nos firmaste los libros y charlaste de forma más individual con los que nos acercamos hasta la mesa. Me gustó tu dedicatoria.

Este e-mail es para darte las gracias por la tarde tan llena de lluvia fría en el exterior de Burgos y tan cálida y productiva en el interior del Teatro Principal.

Aún no he terminado  de leer Dejar las cosas en sus días, así que ese final que en la tarde del martes no se quiso desvelar, aún lo espero y quizá, en mi inconsciencia, lo esté retrasando, porque puede que no quiera acabar esta tu primera novela que tan buenos momentos me ha hecho pasar.

Recibe un beso, que no me atreví a darte en mi despedida.

Con cariño

Luz



sábado, febrero 22, 2014

VIVÍ, DORMÍ, SOÑÉ Y HASTA HE CREADO





En los años 80 y 90 del siglo pasado, pertenecí a la Asociación Cultural Antares que también lo llamábamos Grupo Poético, porque la mayoría éramos poetas que dábamos recitales en Centros Culturales de Madrid y estos recitales los solíamos acompañar de música, diapositivas y también diferentes elementos, según fuese el tema que tratásemos. 

Recuerdo el que hicimos En el Centro Cultural Antonio Machado del barrio de San Blas y aunque soy desordenada y a veces mis papeles se trastocan, he encontrado el boceto de aquel recital donde le hicimos un pequeño homenaje a D. Antonio Machado que llevaba por título: VIVÍ, DORMÍ, SOÑÉ Y HASTA HE CREADO. A  partir de ahí fuimos intercalando, música, poesía del poeta y nuestra, en un escenario que lo llenamos con  los elementos que acompañaron en su vida a D. Antonio: silla, mesa, sombrero, bastón, libro, periódico del la época,cigarro, taza de café, una vieja maleta, banderas republicana y francesa y un trozo de pan y queso, que incluso tengo anotado,  se podía dar a los asistentes  junto al programa de mano y que al final estoy segura  no lo hicimos, pues éramos varios con diferentes pareceres, por lo que no faltaban las discusiones entre nosotros, pero al final lo llevamos a término. 

Os dejo el empiece:

ENTRADA

Escenario apagado y en silencio. Se oye de fondo una leve música  que poco a poco va subiendo de tono. Se baja la música y comienza a oírse la voz en off de Manolo con el siguiente texto:

El 22 de Febrero de 1939 Antonio Machado moría en Francia después de un largo y penoso viaje desde Gerona hasta la frontera.

Desde este horizonte de posguerra que aún nos late en tanto dolor olvidado, nos imaginamos al gran poeta, gravemente enfermo poco después de su llegada a Collioure mirando el mar y pensando muy posiblemente en esa lejana cercanía de una España destruida por la guerra y la intolerancia, mientras su mano manoseaba el último papel arrugado con el último verso dentro del bolsillo de su gabán : "Aquellos días azules y aquel sol de la infancia"
  
Se oyen las guitarras según van entrando las luces...........
 
Viene a mi memoria toda la preparación que hicimos y creo que era en esta preparación, junto con los ensayos, donde más disfrutábamos, donde todas nuestras emociones salían a flote y cuando más vivíamos. Este recital fue uno de los más "movidos" y al final  el que más había participado no llegó a estar en él o  si lo hizo, sólo fue un mero espectador. Yo que también recorrí Madrid en busca de documentación, al final actúe en la sombra, pues fui la encargada de indicarle al técnico qué luces y sonidos debía de utilizar en cada momento concreto. 

A pesar de todo el recital salió muy bien y aunque no tengo el programa de mano, sí  guardo una fotocopia de un libro que encontramos, creo que en el Ateneo, con la letra de D. Antonio Machado. El final de su  de su artículo, lo he dejado en la cabecera de esta entrada. 

viernes, febrero 14, 2014

DEJAR LAS COSAS EN SUS DÍAS



Al poco de comenzar a leer el libro  Dejar las cosas en sus días,   me doy cuenta que no leo una novela, si no dos,  que de forma paralela me va contando la autora, pero al avanzar en sus páginas, descubro cómo sus personajes me anuncian  y relatan  varias historias, similares a esas muñecas rusas o matroscas que van surgiendo unas de otras y así,  quedo sorprendida de lo que puede pasar y aún no pasa. Recuerdo entonces mi lectura de hace  ya varios años y quizá por ello esté algo equivocada en mi percepción,  de Drácula,  la excelente novela   del  escritor  irlandés Brack Stoker, creada allá por el siglo XIX ,que  tanto éxito cinematográfico ha tenido después.   

Laura Castañón,  juega con el tiempo, el espacio y los personajes,  para seducirnos a nosotros, los lectores,  sirviéndose  de diversas técnicas narrativas que ella conoce y aplica muy bien, llevándonos, de esta forma,  por  distintos ambientes del pasado y presente, adaptando el lenguaje a cada época y circunstancia, mientras  con gran detalle y minuciosidad, nos lo describe; a la par que se apoya en  algunas realidades históricas, para  conseguir y dar   mayor verosimilitud, a este relato que promete y que a lo largo de sus páginas, adivino se  irán encajado todas las piezas de este puzzler  que ahora nos presenta, sin abandonar   el buen  ritmo y tono que,hasta lo que he leído, lleva, para desembocar en un    final donde converjan,  como vasos comunicantes, todos sus fragmentos en una sorpresa  total, porque por fin sabremos, si las cosas se quedan en sus días o por el contrario, se trastocan y evolucionan en su todo.

Luz del Olmo

viernes, febrero 07, 2014

martes, febrero 04, 2014

VEINTE POEMAS DE AMOR


Estas son  las palabras de Pablo  Neruda, escritas  en el libro de la imagen en páginas  155-156

( Prólogo para una edición francesa de Veinte poemas de amor , 1960)





ESTE LIBRO ADOLESCENTE



Este libro fue escrito hace 36 años( me parece) y aunque separado de él por tantas distancias, he seguido envuelto por aquella primavera marina que lo produjo, por la atmósfera y las estrellas de aquellos días y noches. Los ojos de mujer que en este libro se abren fueron cerrados por el tiempo; las manos que en este libro arden, los labios interrumpidos por el fuego, los cuerpos de trigo que se extendieron en estas páginas, toda esa vida, esa verdad, esas aguas, entraron en el gran río de la vida, palpitante, subterráneo hecho de otra y de todas las vidas. 


Pero la niebla, la costa, el tumultuoso mar del Sur de Chile, que aquí en este libro adolescente encontró su camino hacia la intimidad de mi poesía siguen taldrandro mi memoria, azotándola con su jerárquica espuma, con su geografía amenazante.



Yo crecí y amé en esos paisajes fluviales y oceánicos, en la más abandonada juventud.



Sin embargo, en el litoral frío de los mares australes, allí en Puerto Saavedra o Bajo Imperial, algo me esperaba.



Niño aún, vestido de negro , desemboqué en pleno verano en un patio en que todas las amapolas del mundo crecían de manera salvaje. Antes, apenas había visto alguna de ellas, sangre o rubí entre los cereales. Aquí por millares balanceaban sus largos tallos como delgadas serpientes verticales. Las había blancas, nupciales y marinas, como anémonas de mar que las reclamaba con voz de toro negro, algunas de su corola agregaban un borde purpúreo como orilla de herida, otras eran violáceas o violetas, amarillas, coralinas, cibrizas y hasta las que nunca vi antes, las amapolas negras, supersticiosas como apariciones de aquel patio solitario, en los comienzos de la Antática. Que también reservaba en su dominio final, la última amapola helada. El Polo Sur.



Y todo el puerto con la fragancia lechosa y venenosa de un millón de amapolas que me esperaban en el jardín secreto.



El jardín de los Pacheco. Los pescadores Pacheco, el bote abandonado...



Porque allí se descargaban las grandes tempestades del Pacífico Sur. La población, hace años, vivió de los naufragios, y en el fondo del huerto, entre la inmensidad de las amapolas, una canoa de salvataje de un marco muerto. Allí mirando hacia arriba el cielo de azul endurecido por el viento frío, perdí muchas veces conciencia de mi mismo: fijo en el centro de una espiral azul, bajo todo el peso de la verdad desnuda del cielo, mi razón se debatía y se movían alrededor mío las olas del mar.



Fueron escritos estos poemas con aire, mar, espigas, estrellas y amor , amor. Desde entonces andan rondando y cantando.. El tiempo les despojó sus primera vestidura, el cataclismo de Chile, suspendido siempre como una espada de fuego, cayó sobre Puerto Saavedra y aniquiló mis recuerdos. Entró el mar que resuena en este libro y la marejada arrolló las casas y los pinos. Los muelles quedaron retorcidos y rotos. Una ola gigante azotó las amapolas. Todo quedó destruido en este año de 1960.



Todo... Que mi poesía guarde en su copa la antigua primavera asesinada.



Paris, noviembre de 1960


domingo, febrero 02, 2014

GUARDANDO LA HISTORIA

Revolviendo papeles he encontrado un texto fechado el 22 de diciembre de 2004 que envié, probablemente al diario "La Razón" y que no me publicaron. Lo rescato porque hablaba de Félix Grande, recientemente fallecido. Dice así:


FÉLIX GRANDE


De los tres escritores galardonados en 2004 con los premios más importantes de la literatura española - el Cervantes, el Nacional de las Letras y el de Narrativa- al que más he leído es a Juan Manuel de Prada pero a quien mejor he escuchado es a Félix Grande. Asistir a un recital del poeta emeritense fue uno de esos privilegios gozosos que se recuerdan con delectación durante toda la vida. Por aquél entonces no podíamos imaginar que su voz poética se apagaría 25 años como una guitarra guardada en el arcón de las últimas notas.
En el transcurso del acto, celebrado en un reducido salón del Círculo de Bellas Artes, nunca utilizó un tono grandilocuente ni para presentarlo ni recitando. Todo lo contrario. Antes de leer sus versos, algunos de honda raíz machadiana, se maravilló de que, en aquella hermosa tarde de mayo de 1987, unos cuantos jóvenes hubiéramos preferido escuchar sus palabras a cualquier otra actividad. Pensó, con voz queda, que aquel encuentro se semejaba a una reunión ancestral en el vientre secreto de las catacumbas.
"La historia de la palabra poética -nos dijo es algo que nos antecede ilimitadamente y que habrá de sobrevivirnos ilimitadamente". Por ello llamó al recital "Homenaje". Homenaje a la tradición porque "el lenguaje -escribió Luis Rosales- como las emociones nacen de una fuente remota del sentir colectivo". Son nuestra herencia. "No somos otra cosa -razonó convencido y convincente- que afortunados que pueden usufructuar las emociones y las palabras".
Es difícil expresarlo mejor de como lo hizo aquel día Félix Grande. Aún no estaba encanecido de decepción como lo está ahora, aunque ya fuera un decepcionado, pero, en aquel mágico momento de intimidad colectiva, comenzó asonetando el aire con su voz pausada y musical, dejando que el verso fuera tirando de la memoria poética, las oraciones y los fonemas, sombreados y asombrados, soleados y desolados, que fueran cayendo como las páginas de un libro cubiertas de nieve y de silencio, del molde de sus labios, con ritmo, con pausas, con inquietud. Aquellos primeros poemas que nos hablaban del gran pan del idioma, del cuerpo de las mujeres, de la ausencia, del paso del tiempo, pertenecían alas "Rubaiyátas de Horacio Martín" pero su hermosa, dolorida y modulada voz se posó también en los versos de "Biografía" con esa infinita delicadeza del que sabe conjugar lo escrito y lo leído sabiamente y transmitirlo para que puedan disfrutarlo quien lo escuchan.
Hoy Félix Grande se siente abandonado por la puñetera inspiración pero piensa que el merecido premio puede servir para que nuevos lectores se interesen por su obra. Que así sea."
Santos Maroto (c)
(Una de las pocas personas que estuvieron conmigo en el recital del Círculo de Bellas Artes,  al que hago referencia en el escrito anterior, fue el autor del blog  
Final de página, él que gurda mejor los papeles que yo, ha dejado este escrito y  lo quiero dejar por aquí. Ambos pertenecíamos al extinguido grupo ANTARES, junto con Inocencia, Ramón, Fernando, Miguel y Manolo. Fue una bonita época)