Ayer tarde, le di un respiro a mis quehaceres habituales, para pasear por estos lugares que tanto me gustan.
Después me pasé por el centro cultural Casa de Vacas para ver esta exposición:
Quedé muy sorprendida por su pintura, fresca, llena de colorido,
jugando con las líneas y demostrando que, tanto Beato como Mota, son dos
veteranos artistas que saben dominar las formas, en su encuentro con el
color, para conseguir la gran armonía, dentro de un aparente caos.
Al penetrar en la estancia, una música me acompañaba, hasta que una
puerta me indicó, el lugar de donde salían las notas. La persona
encargada del orden en la sala, muy amablemente me subió hasta un palco
vacío del teatro, que estaba al completo, donde escuché a un joven pianista, que nos deleitó con
dos piezas: una de jazz y otra dedicada a Cádiz , que me llevó hasta esa
ciudad tan maravillosa que nunca olvido, desde que la visité.
Antes, una mujer había estado tocando, creo que el chelo.
Terminado el concierto, nos fuimos todos a la inauguración y allí me
encontré con mi amigo Arturo Ledrado, que hacía muchísimo tiempo, no lo veía. Charlamos un rato y mientras comíamos un aperitivo y bebíamos un vino, nos pusimos al día.
Después de un ratito, me volví muy satisfecha a casa, después de regalarme una tarde de asueto.
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