miércoles, abril 01, 2020

UN ADIÓS, PARA JULIÁN FERNÁNDEZ DE QUERO




Esta mañana me levanto en el lugar de mi confinamiento y se me ocurre mirar Facebook. Ha sido grande mi sorpresa al leer la triste noticia: Ha muerto por coronavirus  el activista contra la violencia de género, Julián  Fernández de Quero

En principio, como suele ocurrir en estos casos, no te lo puedes creer, pero poco a poco, aunque cuesta,  te vas haciendo a la idea.

Julián fue una persona importante en mi vida, tanto personal como profesional. Fue mi maestro, mi guía, mi amigo. De él aprendí tanto.... a conocerme a mi misma, a encauzar mis caminos, a saber  discernir lo que  importa  y lo que no.  

Él  era  especial, auténtico, sin dobleces, siempre fuerte y libre , sin estridencias, por eso hoy, somos muchas las personas que nos sentiremos huérfanas, como su Carmen y sus hijos, hijas y nietos...que imagino llenos de dolor.

No es la primera  vez que le dedico unas palabras en  este blog. Ya lo he hecho en otras ocasiones y  quiero dejarlas, de nuevo aquí:

Cuando te escribo, pienso que eres la brisa fresca de una mañana de julio.

Sosegado y  suave, lo que más admiro de ti, es la fidelidad que prestas a tus principios.

Fuerte y quimérico, estás lleno de molinos de la Mancha que te vio nacer, a los que sé  no vas a renunciar, por mucho que te jubiles.

Para aprender de tu sabiduría, hay que detenerse, seguir tu ritmo y escuchar.

Hoy,  aquí, sentada en el jardín de mi casa, oigo los sonidos que me gustan: El movimiento de las hojas en la higuera, el poema de los pájaros, los bostezos de la gata y el lento caminar de la tortuga.

Y eso, lo que aprendí de ti, a sentirme bien y en equilibrio con las pequeñas cosas que me rodean, y a luchar por todo aquello en lo que creo.

Soy tan ilusa como tú, porque me  ensañaste a serlo, dándome a conocer tu mundo utópico, sin prisas, sin ruidos, donde "nadie sea más que nadie", para llegar a respirar  todos y todas, respeto y una auténtica libertad y eso lo vamos a conseguir, insistías con determinación.

 Son muchas y muchos a  los que has formado en tu filosofía  de vida y luego, nosotros hemos sembrado en otros, que a su vez enseñan y enseñarán a muchos más.

Te quiero y aunque te fuiste,  en la mañana del 30 de marzo del tristemente famoso año 2020, recuerda, que nunca te voy a olvidar.

 (c)Luz del Olmo

(c) Foto hecha en Campo de Criptana por María Ángeles Merino Moya el 1 de mayo de 2016



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martes, enero 07, 2020

MARUJA MALLO

                                               " La verbena" Maruja Mallo

Un 5 de enero de 1902, nacía en Viveíro- Lugo- Maruja Mallo ( Ana María Gómez González),  la pintora y transgresora del 27, que vino a Madrid, junto a su hermano Cristino Mallo, para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.  

Amiga inseparable de la  poeta, dramaturga  y cineasta, Concha Méndez, formaron parte, junto a otras muchas  mujeres,   de la  famosa Generación del 27, siendo piezas fundamentas en la Vanguardia de aires nuevos de aquellos años. 

En 1928, Ortega y Gasset, le organiza su primera exposición en los salones de la Revista de Occidente, con un gran éxito.

Colaboró activamente en la Escuela de Vallecas, junto al escultor, Alberto Sánchez, el pintor Benjamín Palencia y el que fue su amante, Rafael Alberti.

En 1932, marcha a París, donde acude a las tertulias de los padres del surrealismo: André Bretón y Paul Éluard, que la presentan a los principales pintores de la época:  Magrittre,  Ernst,  Miró, Picasso....

En  1933, regresa a Madrid y conoce a Miguel Hernández, teniendo ambos una estrecha relación y dejando su influencia, en algunos de los poemas más bellos del autor. 

Se compromete como profesora con la II República y vuelve a  formar parte, de la  vida cultural de España, en su faceta como pintora, dentro de las Misiones Pedagógicas,  hasta  que en el el comiendo de la Guerra Civil  Española,  tiene que huir  a  Portugal, donde la recibe la  que con el tiempo sería premio Nobel de Literatura,  Gabriela Mistral.

En el exilio, comienza su periplo por  por varios países de Europa y Sudamérica, para  instalarse de nuevo en Madrid, en el año de  1962, recibiendo a lo largo de su vida, varios homenajes, premios y medallas. 


Muere en Madrid en  el año de 1995.

Su obra pictórica, no es mucha, pero sí  está llena de  gran originalidad  en  una búsqueda constante por su imaginación, para sorprendernos, siempre que admiramos sus pinturas, en sus formas geométricas  y exóticas, llenas de fuerza en sus sugerencias. 



(c) Foto del Museo Reina Sofía.   
(c)  Texto Luz del Olmo




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domingo, marzo 29, 2009

JUAN ANTONIO


Tenía el pelo rizado y negro. Los ojos igual. Por entonces nos gustaba mirarnos fijamente mientras hablábamos de cualquier cosa . Él sabía por lo que habían comentado mis amigas y compañeras, lo mucho que me gustaba y a mi, sus compañeros y amigos me habían informado de lo importante que era yo para él. Sin embargo, nunca nos dijimos nada de una forma explícita.

En aquellos años de mi difícil primer trabajo, los días se hacían menos duros cuando coincidíamos en los turnos. Si el lunes de esa semana me tenía que levantar a las seis de un invierno infernal, lo hacía sin pereza, con ilusión porque sabía que al llegar a aquellos interminables ficheros donde estaban los nombres de todas las medicinas, Juan Antonio estaría allí. Si la coincidencia era en el turno de la tarde, el salir a las once de la noche y llegar a casa pasadas las doce, se me hacía mucho más soportable. Esas semanas no me importaban las regañinas de los impresentables y dictadores jefes que teníamos. Después él se iba al turno de noche y yo vivía con la esperanza en el paso del tiempo hasta llegar a la coincidencia de nuestros ojos.

Después él tuvo que irse. Sus obligaciones del servicio militar se lo imponían. Aquella noche de su despedida, esperé una palabra que nos llevara a algún tipo de compromiso, pero no llegó y entonces lloré, lloré y lloré hasta que las lágrimas consiguieron decirle adiós.

Pasado unos meses volvió a hacernos una visita, pero yo ya estaba ocupada y él se retiró.

Me fui de aquel trabajo y pasado mucho tiempo por una serie de casualidades nos volvimos a encontrar. Los dos estábamos casados y teníamos hijos, él chicas, yo chicos. Decidimos que podía estar bien volver al trabajo que nos había unido para ver a los compañeros que aún seguían allí. Así lo hicimos. Lo pasamos bien y al despedirnos nos intercambiamos los teléfonos que nunca quisimos utilizar.

Hace unos días he vuelto a hablar, por ese empeño que tiene la vida en jugar con el tiempo, con la que fue mi mejor amiga Mari Tere.

- ¿Te has enterado? Juan Antonio hace unos años murió.

-No, no sabía nada.

Y de pronto vinieron a mi todas estas vivencias de mi ya lejana adolescencia.

Luz del Olmo

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domingo, marzo 15, 2009

EL SR. ANDRÉS


Apenas puede andar y sin embargo, todos los días se recorre tres kilómetros. Casi no ve, pero cuando me acerco lo suficiente, me reconoce. No oye, por eso se coloca y me coloca de tal forma que podamos entablar una conversación.

Le pregunto por sus ocho hijos, me habla de ellos. Algunos han estudiado carreras y uno de sus nietos está en el equipo del astronauta Duque. sus pequeños ojos sonríen cuando me dice que le van a hacer bisabuelo a sus ochenta y tres años. Deriva la conversación hacia temas monetarios y me corrige cuando intento pasar de pesetas a euros. Me cuenta que también ha tenido que hacerlo con abogados y otras personas con estudios. Después me confiesa que su mayor afición ahora es hacer sudokus y los difíciles de doce números son los que más le apasionan.

Nos despedimos y le veo que se aleja pasito a pasito en su figura baja, delgada, enjuta. Ha conseguido llegar hasta el corral y recoger una gavilla de sarmientos cargándosela a la espalda. Ahora bajará la cuesta que antes subió.

Las cosas y en especial las personas, no son lo que parecen hasta que nos acercamos a ellas a una distancia suficiente para conocerlas mejor.

Luz del Olmo

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sábado, diciembre 30, 2006

PARA JULIÁN



Cuando te pienso, siento que eres la brisa fresca que aparece  en esta mañana de julio mientras  te  escribo.

Sosegado y suave, lo que más admiro de ti,  es la fidelidad que le prestas a tus principios. 

Fuerte y quimérico estás lleno de los molinos de la Mancha que te vio nacer, a los que sé no vas a renunciar por mucho que te jubiles.

Para aprender de tu sabiduría hay que detenerse, seguir tu ritmo y escuchar.

Hoy, aquí, sentada en el jardín de mi casa, oigo los sonidos que me gustan:

El movimiento de las hojas en la higuera, el poema de los pájaros, los bostezos de la gata y el lento caminar de la tortuga. Y eso es lo que aprendí de ti, a sentirme bien y en equilibrio, con las pequeñas cosas que me rodean y a luchar por todo aquello en lo que creo.

Soy tan ilusa como tú porque  eres mi amigo y maestro,  enseñándome  un  mundo utópico sin prisas ni ruidos,  donde “nadie sea más que nadie”,  respirando  todas las personas unidas,  respeto y auténtica libertad. 

Son muchas y muchos a los que has formado en tu filosofía de vida y luego nosotros hemos sembrado en otros,  que a su vez enseñan y enseñarán a muchos más.

Por eso hoy, 8 de julio, quiero darte las gracias y decirte con permiso de tu entrañable Carmen, tu Cuchi, que te quiero y que espero sigas teniendo la buena suerte, de la que me hablabas hace unos días, en tu nueva andadura que ahora empiezas. Creo que te lo mereces.

Besos. LUZ

(c) Foto y texto: Luz del Olmo

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