martes, febrero 04, 2014

VEINTE POEMAS DE AMOR


Estas son  las palabras de Pablo  Neruda, escritas  en el libro de la imagen en páginas  155-156

( Prólogo para una edición francesa de Veinte poemas de amor , 1960)





ESTE LIBRO ADOLESCENTE



Este libro fue escrito hace 36 años( me parece) y aunque separado de él por tantas distancias, he seguido envuelto por aquella primavera marina que lo produjo, por la atmósfera y las estrellas de aquellos días y noches. Los ojos de mujer que en este libro se abren fueron cerrados por el tiempo; las manos que en este libro arden, los labios interrumpidos por el fuego, los cuerpos de trigo que se extendieron en estas páginas, toda esa vida, esa verdad, esas aguas, entraron en el gran río de la vida, palpitante, subterráneo hecho de otra y de todas las vidas. 


Pero la niebla, la costa, el tumultuoso mar del Sur de Chile, que aquí en este libro adolescente encontró su camino hacia la intimidad de mi poesía siguen taldrandro mi memoria, azotándola con su jerárquica espuma, con su geografía amenazante.



Yo crecí y amé en esos paisajes fluviales y oceánicos, en la más abandonada juventud.



Sin embargo, en el litoral frío de los mares australes, allí en Puerto Saavedra o Bajo Imperial, algo me esperaba.



Niño aún, vestido de negro , desemboqué en pleno verano en un patio en que todas las amapolas del mundo crecían de manera salvaje. Antes, apenas había visto alguna de ellas, sangre o rubí entre los cereales. Aquí por millares balanceaban sus largos tallos como delgadas serpientes verticales. Las había blancas, nupciales y marinas, como anémonas de mar que las reclamaba con voz de toro negro, algunas de su corola agregaban un borde purpúreo como orilla de herida, otras eran violáceas o violetas, amarillas, coralinas, cibrizas y hasta las que nunca vi antes, las amapolas negras, supersticiosas como apariciones de aquel patio solitario, en los comienzos de la Antática. Que también reservaba en su dominio final, la última amapola helada. El Polo Sur.



Y todo el puerto con la fragancia lechosa y venenosa de un millón de amapolas que me esperaban en el jardín secreto.



El jardín de los Pacheco. Los pescadores Pacheco, el bote abandonado...



Porque allí se descargaban las grandes tempestades del Pacífico Sur. La población, hace años, vivió de los naufragios, y en el fondo del huerto, entre la inmensidad de las amapolas, una canoa de salvataje de un marco muerto. Allí mirando hacia arriba el cielo de azul endurecido por el viento frío, perdí muchas veces conciencia de mi mismo: fijo en el centro de una espiral azul, bajo todo el peso de la verdad desnuda del cielo, mi razón se debatía y se movían alrededor mío las olas del mar.



Fueron escritos estos poemas con aire, mar, espigas, estrellas y amor , amor. Desde entonces andan rondando y cantando.. El tiempo les despojó sus primera vestidura, el cataclismo de Chile, suspendido siempre como una espada de fuego, cayó sobre Puerto Saavedra y aniquiló mis recuerdos. Entró el mar que resuena en este libro y la marejada arrolló las casas y los pinos. Los muelles quedaron retorcidos y rotos. Una ola gigante azotó las amapolas. Todo quedó destruido en este año de 1960.



Todo... Que mi poesía guarde en su copa la antigua primavera asesinada.



Paris, noviembre de 1960


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miércoles, enero 22, 2014

VEINTE POEMAS DE AMOR






                       Suena, resuena el mar lejano.
                                            Poema XVIII


Te añoro y voy recordando
momentos lejanos
pasados contigo.


Y mientras pisaba tu arena,
mis pies sonreían
mirando tu azul.


En días de cielos oscuros,
tus olas se alzaban
tan altas, tan altas..


Mas luego volvía la calma
y entonces sentía
tu amor infinito
por la libertad.
                        Luz del Olmo


LA NOCHE
En campos abiertos
sombría y negra
se llena de estrellas.


Distinta e igual
acude a su cita
de todos los días.


En el mes de junio
las ondas de viento
demoran su vuelta.


Allá por diciembre
activan su ritmo
las ondas de frío.


Sabe ser especial
recordar un amor
y tener un dolor.


Entonces Neruda
puede escribir
los versos más tristes.


Es ella en silencio,
testigo callado
del sueño en el tiempo.

                                      Luz del Olmo


( de mi libro Juegos de Luz )



 

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miércoles, enero 15, 2014

VEINTE POEMAS DE AMOR




  Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose.
                               Pablo Neruda. Poema XIII


Te atrapaba mi boca con besos chiquitos
pero siempre llegando a la raíz de tu piel.

Mis labios seguían su rumbo por todo tu cuerpo
similar a un barquito perdido en el mar.

Y en ese misterio de no detenerme,
insistía besando, tu rostro, tus ojos, tu cuello,
llegando a tu ombligo y ya, muy cerca del pubis,
sentía tu entrega porque ya tenías la mía.

Tu cuerpo era un mapa
con cabos y golfos e islas perdidas
que yo recorría, tejiendo tus días, tejiendo tus noches
y tú complacido, me ibas sintiendo
mientras, mi amor se extendía
en lazos y fases de unión.

Tú eras el yo y yo era el tú.

La tela ya estaba expandida
y el infinito se llenó de espuma
similar a ese mar que acaricia
en olas muy grandes de besos salados,
el abandono de una playa sin gente
donde sólo existe una araña, sedienta de ti.
Luz del Olmo


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miércoles, enero 08, 2014

VEINTE POEMAS DE AMOR

                            (c) Luz


                                                    He visto desde mi ventana

                                                   la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
                                                              Pablo Neruda -   Poema X

  
 Estos atardeceres donde lo dorado lo ocupa todo,
me van llenando de un júbilo tranquilo
al reconocer que ya no son necesarias las ausencias,
porque me basto a mi misma para seguir el camino,
mientras la inquietud se adormece, en la alternancia del color.

Al mirar alborozada cómo va cambiando el horizonte
espero, serena, la mudanza de las estaciones 
que por ti y por mi no dejan de pasar, 
para arroparnos en los años de experiencia
con  el regalo de una cierta plenitud. 

Desde nuestra ventana, veo 
allá en los dos cerrillos de mi infancia,
cómo se va apagando el día 
y sin nostalgias por un tiempo ya lejano,
respiro una sentida calma
al igual que el sol, cuando se va......

 Luz del Olmo



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