jueves, octubre 31, 2024

MI BIBLIOTECA

 



No tengo solo una estantería para guardar los  libros que a lo largo de mi ya dilatada vida,  he ido acumulando y,  en general, para lo desordenada que soy, suelo respetar el orden alfabético por autores. 


En la imagen que dejo en esta foto,  descansan  las prosas, es decir, las novelas y cuentos de diferentes escritores que escriben en lengua española  y en otro apartado, los  autores que publican en nuestra lengua, pero que escriben en la suya. 


Por fortuna,  tengo la suerte de tener una  amplia habitación, en la parte de arriba de la casa, donde la luz, mi inseparable compañera, me va alimentando en el transcurrir del tiempo,  por ello  los libros se acumulan, al compás de mis años, porque a pesar de ahora poder leer  en las pantallas de diferentes tamaños, mi preferencia sigue siendo el papel.


Por otra parte, la poesía también tiene su estantería particular. Es más pequeña y por eso su morada se encuentra en el  comedor, donde también se hallan   los libros  de teatro, junto a los que me han publicado y he publicado.


Los libros que nos hablan de filosofía y en especial de psicología, reposan tranquilos en un descansillo de la escalera,  con su correspondiente orden alfabético, como siempre, por autores . 


No me olvido que tengo dos casas  y que hay otros que permanecen silenciosos, un poco sin orden ni concierto,  en la casa que me vio nacer y  donde reposan en  sus correspondientes estanterías.


En fin, que creo no haber llegado casi a los mil libros  que  tenía mi querido amigo Felipe A. Rodriguez y donde nos muestra una entrada que lleva por nombre: PÓRTICO: " LOS INADAPTADOS"  y aquí os dejo el enlace  por si queréis saber donde han ido a parar. 

 https://lahoradelabanana.blogspot.com/2024/10/portico-los-inadaptados.html

 

En principio me resisto a desprenderme de ellos, pero un refrán me recuerda que: "Nunca digas, de este agua no beberé" y otro  que también me viene a la mente y es ese de " Hay que darle tiempo al tiempo". 


(c) Texto y foto: Luz del Olmo Veros

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viernes, octubre 18, 2024

EL BREZO







 He ido a la florestería y me he comprado un  BREZO,  en un tiesto pequeño para luego trasplantarlo en el jardín. 

No sé cuál será   su trayectoria a lo largo de este otoño, pues parece ser que estas plantas de diferentes colores en sus floración, pueden ser blancas, amarillas, rosadas, azules... teniendo la facultad de sobrevivir tanto al aire libre como  dentro de casa.  

De raíces finas y tierra, con ph ácido, su abono ha de ser específico, siendo  el agua de lluvia  la que  más les  conviene.  

Y así según voy navegando por estos canaliculos, que diría sor Austringiliana(*) intento recordar, mientras pienso si por las tierras castellanas, existe esta planta en las pequeñas laderas y  no acabo  de visualizarlas en mis recuerdos. 


Sí puedo  imaginar muy bien: cómo en primavera se llenan los  caminos y laderas de flores blancas, llamados por Pardilla,   los pañales de la virgen y otras pocas azules, a las que damos el nombre de  pañales del niño, junto a las amarillas, creo que son las retamas, pero.... en concreto, este brezo, cuya floración se empieza a dar por el otoño,  no  se encuentra en mis recuerdos. 

Sigo leyendo a Cernuda en su prosa  multicolor que titula  EL BREZAL:

"... tantas cosas como el brezal pudo decirte antes, y ahora que lo tenía allí estaba inexpresivo  y mudo, ¿ o eras  tú quién lo estaba? porque el brezo es planta  de parajes desolados y solitarios...

Y es entones cuando pienso en mis paseos solitarios en esa  deseada soledad, donde puedo disfrutar de los amplios horizontes, mientras el campo me va regalando los paisajes que llegan hasta mis ojos  para poder contemplar, ese pasar de las estaciones  en su aparente mudez y cómo me van mostrando estos caminos de tierra  donde los horizontes de uno y otro lado, se extienden allá, a lo lejos, mientras voy pisando la tierra roja   con sus piedras rodantes y ancestrales, vestigios de otros tiempos, cuando los  habitaron las aguas,  para llegar a ese reposo que mis pasos van marcando, según mis ojos observan en paz y tranquilidad, todos los horizontes que la Tierra en su redondez, me va mostrando, mientras busco y no encuentro, en mi  pensamiento,  si en Pardilla, existirán  también los brezales de diferentes colores que empiezan a surgir en este tiempo del otoño,  cuando escribo, sin lapiz ni papel,  sobre  esta planta, cuyo nombre no conocía, llamada  EL BREZO





                                              


(c) Texto y fotos: Luz del Olmo Veros 

La última foto está sacada del libro: LA FELICIDAD DE VIVIR CON LA NATURALEZA , de la autora  Edith Holder en la  Editorial BLUME.






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sábado, octubre 12, 2024

SILBOS DE MIRLOS

                                               



Silbos de mirlos 
estáis muy callados
en este cable. 
                                                 
                             

Viene el día y  cuando es  otoño salgo al jardín, para darme cuenta que estos pájaros con pico dorado   de plumaje negro en  machos  y pardo en hembras, en el ahora de mi escritura, han desaparecido  y me pregunto  si se fueron, porque ya no tienen comida  en los abundantes higos que dio la higuera, dejándome las huellas de su satisfecha comilona, por las piedrecitas blancas que cubren buena parte de mi siempre querido  oasis o  porque ya la parra de uvas blancas se han terminado en sus dulces racimos. Por todo ello pienso que han  emigrado  a otros lugares, buscando los insectos, larvas, gusanos ... y  según he leído, hasta algún renacuajo y rana pequeña. 


No,  en el río Jarama en su tramo por Velilla de San Antonio, no deben de estar, pues  no los  escucho  en mis paseos diarios por su ribera.


A decir verdad, los echo de menos en su insistente y bonito canto de flauta y de forma especial,  en las  primeras horas de esas mañanas  primaverales, cuando salía al jardín lleno de violetas en sus comienzos de estación, para seguir en el color morado de los lirios y lilas y  poder oler las rosas  rojas,  naranjas, amarillas,  rosadas, blancas.... y  también al  transitar  por las calles llenas de colorido, mientras observaba cómo  los diferentes pájaros y en especial estos mirlos,  se movían  por   el asfalto,  en las calles y aceras  con sus  saltitos pequeños buscado algo qué comer. 


Pasará el otoño con sus nostalgias y diferentes tonalidades en su camino hacia el invierno y yo no sé si estas aves migratorias que son los mirlos, llegarán  a ser sedentarias para quedarse con nosotros en los inviernos, como ya parece que está pasando en algunas ciudades y pueblos de Europa. 


De momento, en el lugar donde vivo, yo los estoy echando de menos en sus cantos que ya no oigo, ni los veo por las aceras, donde hace apenas unos meses, no se asustaban de mis pasos porque me gustaba contemplarlos en ese afán que tenían, de picotearlo casi todo. 


En otros tiempos ocupaban los bosques donde hacían sus nidos, pero ahora, también pueden hacerlos en nuestros pueblos y ciudades, ¿estarán perdiendo el miedo a los humanos?



(c) Texto y foto: Luz del Olmo Veros 





                     

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lunes, septiembre 30, 2024

EL RÍO JARAMA Y SUS LAGUNAS


                                           

                                                                            

 En la laguna,

           la sonrisa del agua,

      la lleva el viento. 


Vivo en Velilla de San Antonio, un pueblo cercano a  Madrid. Cuando vinimos desde Vicálvaro, fue por tener  una casa mejor y también para estar más cerca del campo. La transformación en estos dos lugares, como en otros tantos de la capital, ha sido rápida y fulgurante. ¡Quién te ha visto y quién te ve! me dijeron en alguna  ocasión y  esto también es muy aplicable a los dos pueblos, donde he pasado y paso varias etapas de mi ya un poco larga existencia,  como también pasa el Río Jarama con sus aguas,  mas bien opacas,  en  su abundante caudal. 


Al caminar  por diferentes senderos y lo  hago casi todos los días,  me gusta visitar y entretenerme en contemplar las tres lagunas que  acompañan al  río, mientras él,  ajeno a ellas,  sigue su curso, hasta verter las aguas en el Tajo a su paso por Aranjuez


Los nombres de estas lagunas son:  El Raso, Picón de los Conejos, El Soto,  y en mis pasos, las veo a uno y otro lado, con sus aguas tranquilas y reposadas, en los diferentes colores que el cielo les va regalando, en especial si  a las nubes blancas, incrustradas en el azul del cielo, les da por mirarse en sus aguas quietas, apenas movidas por la brisa del aire que las recorre, en compañia de los diferentes árboles,  para dejarme observar en los colores  de sus hojas, el pasar por las cambiantes  estaciones del año.


Aquí dejo uno de mis  poemas, dedicado a estas lagunas:



                                                                               

  

   LAGUNAS DEL RASO

Se formaron sin querer

porque el río las dejaba,

acercándose a las piedras 

y algún árbol del camino.


Llenas de calma crecieron

 vigiladas por los montes 

y el vuelo de algunas aves 

en noches de luna azul.


En tardes de cielo rosa

la soledad y el silencio,

llegaron a su armonía

con el agua y su paisaje.


Y al estar ya terminadas,

dos ánades se pararon.

Mujeres, niñas y hombres

en silencio las miraron.





(c) Texto y fotos: Luz del Olmo Veros 



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jueves, septiembre 26, 2024

LA CIUDAD QUE ME IMPACTÓ.

                                                          




                                                                        

                                                        DOS RASCACIELOS


Alicia antes de entrar, mira hacia arriba e intenta buscar el cielo.


Abre la  boca un ascensor. Hombres, mujeres, niñas y niños andan, con zapatillas por una moqueta verde. No hablan, no ríen, sólo tienen prisa por llegar.  

        

Puede subir de piso en piso, pero como todos, lo hace de diez en diez. Es tan grande que tarda días y noches en ver:


Que no hay hierba ni mosquitos, telarañas o primavera. No hay ojos de gato, ladridos de perro, manchas en los manteles ni ruidos de codorniz. No hay cerezas en los  árboles ni rosas amarillas. Pero si encuentra: ceniceros, bombones, muñecos que hablan, estatuas y estatuillas, tazas de porcelana, mucho hierro y aluminio, mermelada envasada, papel y plástico en todos lados, pantallas de ordenadores, batas y chaquetas blancas, bombillas y fluorescentes, innumerables botones, armarios llenos de abrigos y algunas pieles de animales muertos.


No hace frío ni calor y no se oye la lluvia ni el rugir del viento, ni el bee de la ovejas, ni el cric del grillo , ni el muu de a vaca, ni el pío  del pájaro , ni el cric  rac de las ratas, pero se oyen los buf del cansancio, el plaf del objeto que se rompe, el clic de las máquinas, el mic de un juguete mecánico y el ring  de los teléfonos; el mm por ver un pastel, el clin-clan de cucharillas y el abrir y cerrar de puertas .


No puede escuchar  el SSSSS del aire o el silencio; está interrumpido por diferentes palabras en distintas lenguas y el rumor de las hojas del periódico.


Huele a desodorante y humo  de tabaco. No hay perfume de glicinas ni  árbol del paraíso. Imposible tocar la nieve o mirar el otoño.


Busca la luna y cuando llega al piso 176 se siente  Asesinada por el cielo. Sólo tras el grueso cristal de la cárcel donde se metió, divisa fuego en una Isla que tiene una estatua a la que llaman  Libertad.


Como no puede tocar el atardecer, mira hacia el suelo y encuentra: casas y coches tan pequeños que ella es gigante  metida en otro gigante. Las luces forman ríos interminables y entonces se siente feliz porque  imagina desde arriba, una ciudad de juguete.


Aunque quiere  no puede salir por otro lado que no sea la puerta de la calle. Sigue  el  camino de todos y espera que el cristal se abra al contacto con el pie para pisar la ciudad que pudo ver cuando aún estaba  muy cerca de las nubes.

 

 (c) Texto: Luz del Olmo Veros

Foto tomada de aquí, La verdadera razón de la caída de las Torres Gemelas | Meer


 Nota: Este escrito forma parte de mi libro inédito: Las casas de Alicia. Y está dedicado a las Torres Gemelas de Nueva York, antes de sufrir el tremendo atentado  de 2001 y nuestra visita a esta singular ciudad que nunca olvidaremos. 

 

 

 

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martes, septiembre 24, 2024

LOS AMORES



 A  ellos  los contemplo desde el camino que me lleva a la Fuente de los pájaros. Y en el paseo cada vez están más cerca de mí. 


Después de pasar por el asfalto, llega un momento que el sendero se convierte en casi una carretera llena de baches y piedrecitas que se escapan del alquitrán. Después una rotonda de no hace muchos años, nos indica que por arriba pasan los coches de la Nacional I, mientras yo me sumerjo en un pequeño túnel abierto, donde sus paredes  están llenas de  churretones formados por la lluvia, de tal forma, que parecen un cuadro abstracto. No obstante,  al salir de este surrealismo, los diviso allá a lo lejos a esos álamos que siempre quise, pues forman una alameda y mientras camino, noto cómo me voy acercando cada vez más al objeto de mi deseo: el mirar, si es que me deja la maleza, cómo la Fuente de los  Pájaros,  todavía es capaz de manar agua pura  y cristalina, después de atravesar por el arroyo permitiéndome  pasar, aunque sea mojándome un poco, hasta el otro lado, donde me espera el agua cantarina, que nunca se  borró de mi memoria. 


No siempre tengo la oportunidad de comprobarlo, pues a veces, como este tiempo de atrás me ha ocurrido, el arroyo de Ríofresno está seco y ya no se forman  esas pequeñas  balsas de agua, donde en tiempos de mi niñez existían al menos dos de  estos remansos, para poder lavar y aclarar, las sábanas y luego tenderlas   por la amplia pradera, a una y otro lado del arroyo,  donde las  aguas  limpias y transparentes, eran acompañadas  a veces, por el  ulular de los árboles,  si al viento suave y fresco le daba por despertarse. 


Este año, cuando quise pasear por  allí, todo esto que anida en mis recuerdos, ha desaparecido. Las balsas de agua que se formaban con el arroyo de  Pardilla, que nace en Honrubia, claras y trasparentes,  ya no existe  y  no se necesita ir colocando los pies en determinadas piedras para pasar  y seguir el camino de Fuentenebro, no solo por la cantidad de maleza que existe a su alrededor, sino también porque el Arroyo, se ha secado y no he podido comprobar  si mi querida Fuentes de los  Pájaros aún  seguía manando para preguntarme  ¿ y si el agua  ha desaparecido? ¿o su manantial es tan pequeñito, que no tiene fuerza para llegar hasta el camino? Las malas hierbas que han crecido  por todos los lados,  no han dejado  nacer a  los juncos y berros,  que siempre estuvieron ahí. 


Existen varios tipos de amores y todos ellos, sino los cuidamos, puede venir un tiempo de sequía, que hasta los manantiales de siempre se queden,  sin su constante alimento. 


(c) Texto y fotos Luz del Olmo Veros 


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viernes, septiembre 20, 2024

NO A LA GUERRA, SÍ A LA PAZ




¿Qué puede el hombre contra la locura de todos? y sin volver los ojos ni presentir el futuro, saliste al mundo extraño desde tu tierra en secreto ya extraña.     

Luis Cernuda


Ha pasado mucho tiempo, desde que el poeta sevillano escribiera estas palabras, mientras recuerda el paso de España en guerra y Francia en paz. La nación vecina, poco tiempo después, como  una buena parte de toda Europa,  tampoco se libró de los enfrentamientos que aún  sigue habiendo en diferentes lugares de nuestro planeta y sus incomprensibles luchas. 

Esto me lleva a recordar la primera vez que crucé la frontera por Irún, para pasar a territorio francés, en un tren que nos llevaba en aquel septiembre de 1974 para llegar con  las luces de la madrugada y así  pude  observar cómo  los carteles, estaban escritos en francés, para llevarme al recuerdo de mi antiguas    clases  en este idioma, impartidas por una profesora nativa que también hablaba y escribía en un perfecto  español. 

Íbamos a Toulouse donde  la familia de mi marido se había refugiado en territorio francés cuando tuvieron que huir, como muchos otros españoles, a causa de nuestra triste Guerra Civil y así llegamos hasta la bella ciudad de Albi, para después  esperar un coche que nos acercaba a un pueblecito pequeño, lleno de viñedos y casitas bajas, rodeadas de huertos y jardines, donde la naturaleza me hacía recordar,  al lugar de mi nacimiento. También, entre otros pueblos, visitamos la ciudad de Montauban, donde está enterrado, Manuel Azaña, el último presidente de la República Española.  


En el país vecino,  nos recibieron con toda amabilidad y cariño, sintiéndonos felices, al estar unos días por aquellos campos,  donde la amplitud de  sus horizontes, era un poco similar a nuestra Castilla en primavera, por ser terreno sin apenas montañas, pero también fuimos conscientes de cómo se  respiraba esa libertad que en España, por entonces, no existía. Se podía hablar de todo y de todos, algo que en nuestra país, a pesar de estar  a las puertas de una transición hacia la democracia, no había sucedido. El dictador aún seguía con nosotros.

A los pocos días de andar por allí y dejar de tomar clases para manejar la bicicleta que  todas las personas utilizaban, decidimos coger Mariano y yo de nuevo el tren  hasta  París, porque ir a Francia y no ver París, es casi una herejía.

A la capital  francesa,  hemos vuelto varias veces y es una ciudad tan, tan hermosa ....que nunca te cansas de visitarla en  el andar por su  amplias y largas calles, para mirar y detenerte en los muchos edificios  de interés, necesitando unos cuantos días, sabiendo que tendrás que volver, pues no puedes acaparar  tanta belleza: Arco del Triunfo, Museos de Orsay, El Louvre,  El Sacré-Coeur,  en  Montmartre, Notre Dame, La Torre Eiffel,  los Jardines del Trocadero..., el paseo en barco para turistas por el río Sena... pero yo siempre me quedo con La Sainte Chapelle, aquellas vidrieras,  vistas en un día de sol, me impactó de tal forma que si vuelvo, hace tiempo que no vamos,  es lo que siempre quiero visitar.

Francia, nunca te podré olvidar  en  especial, por esa libertad, que por fortuna,  ahora también se respira por aquí, en nuestra España porque a pesar de todo, vivimos en democracia. 



(c) Texto y Fotos: Luz del Olmo Veros 

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martes, septiembre 03, 2024

SANTA Y SANTO



Ruinas del convento de las monjas del siglo XVI en Santo Tomé del Puerto.


 Al estar estudiando desde los once años a los dieciséis con las monjas agustinas, ellas siempre nos hacían hincapié  en el gran santo que  fue San Agustín, famoso obispo de Hipona y  la anécdota de aquel encuentro con el niño de la concha, que quería meter todo el agua del mar en un agujero  hecho en la arena de la playa, siendo   tan incomprensible  como el Misterio   de la Santísima Trinidad. 

Y no me extraña, porque  ser Dios, uno y trino,  a la vez, no es nada fácil de entender y  cómo pueden ser  tres  personas distintas, en un solo dios verdadero, según nos repetían las agustinas de aquellos años 60, donde el franquismo de nuestra España, lo inundaba todo.


  No por ser el santo más famoso que yo conocí, mientras me explicaban su  biografía y por todas las cosas buenas que hizo, las monjas agustinas,  nunca se olvidaron de recordarnos  a otros santos, en especial  a Santa Teresa de Ávila, y  por supuesto su inseparable amigo San Juan de la Cruz, a los cuales  siempre los he sentido como muy cercanos entre sí.


Y siguiendo con mis recuerdos de entonces, están de forma más nítida, algunas profesoras seglares  que nos daban clases en el Colegio que tiene por nombre  Inmaculada Concepción. Mi favorita era la de Física y Química, la cual me tenía un cariño especial, ella sabrá su porqué, pues  siempre me estaba mandando a los recados  y así sucedía  que me perdía muchas de sus explicaciones, con aquello de la fuerza, los julios, los amperios y todo eso de la causalidad, que yo nunca entendía, porque la Física, no entraba en mi cabeza. Sin embargo, cuando llegábamos a   la Química  con sus   famosas  reacciones,  en números y letras, sí me gustaban  y hasta  parece  ser que sabía hacer los ajustes con bastante precisión. 


Yo quería hacer letras, pero la madre Mercedes Ruiz que enseñaba muy bien las Matemáticas, me dijo que no, que las letras no servían para nada y aunque a mí se me daba bastante bien el  Latín, con aquello del rosa rosae, me convenció para seguir en quinto y sexto de bachillerato con ciencias. Algo  que a lo largo del tiempo me ha venido bien, aunque a decir verdad, mis favoritas siempre fueron las letras y en especial la Literatura que nos daba la madre María Antonia, que por cierto era la directora del colegio. 


Y qué tiene esto qué  ver junto con todo lo escrito anteriormente,  en lo referido a esa SANTA que escribe Cernuda en OCNOS, ya que el poeta  sevillano, se refiere  a  La Santa fundadora de conventos,  que tuvo una vida muy agitada,  salpicada de sus famosos éxtasis, interesante para leerla,  porque vivirla.....tal y como ella misma la cuenta  en sus escritos, no debió de ser nada fácil,  teniendo siempre por compañero a San Juan de la Cruz , el fraialecillo, que así nos lo presentaba la madre María Antonia y a riesgo de equivocarmen, siempre pensé que el gran poeta místico es él, pero Santa Teresa, no  se queda muy atrás.

   

SANTA TERESA DE JESUS  

            1515-1582

Versos nacidos del fuego del amor de Dios 

                    que en sí tenía 


Vivo sin vivir en mí,

y tan alta vida espero,

que muero porque no muero.


                GLOSA

Aquesta  divina unión,

del amor con que yo vivo,

hace a Dios ser mi cautivo,

y libre mi corazón;

mas causa en mi tal pasión

ver a Dios mi prisionero, 

que muero porque no muero.

¡Ay! que larga es esta vida!

¡Qué duros estos destierros,

esta cárcel y estos hierros

en que el alma está metida!

Sólo esperar la salida 

me causa un dolor tan fiero

que muero porque no muero.

...........................

SAN JUAN DE LA CRUZ 

                (1542-1591)

  COPLAS DEL ALMA QUE PENA 

                POR VER A DIOS 


Vivo sin vivir en mí,

y tan alta vida espero,

que muero porque no muero.


En mí yo  no vivo ya 

y sin Dios vivir  no puedo;

pues sin él y sin mí me quedo,

este vivir, ¿qué será?

Mil muertes se me hará

pues mi misma vida  espero,

muriendo porque no muero.

Esta vida que yo vivo

es privación de vivir;

y así es contino morir

hasta que viva contigo.

Oye mi Dios lo que digo,

que esta vida no la quiero:

que muero porque no muero.

........

Santa es Santa Teresa y Santo es San Juan de la Cruz, que mueren porque no mueren en su amor a Dios


(c) Texto y foto: Luz del Olmo Veros




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domingo, julio 14, 2024

BURGOS, CIUDAD DE LA MESETA

                                                                                                           

                                                                                                            


El recuerdo que tengo de  la primera vez que conocí Burgos, provincia en la que nací, se remonta allá por los últimos años de los cincuenta. Tendría yo unos ocho o nueve  y eso se debió a que mi tía Cayetana, la  cocinera de los señores Plaza,  de la que ya he  escrito en este blog, me llevó unos días de verano a pasarlos  con ella. 


La imagen que más se repite en mi mente,  son los helados que mi tía me  compraba en el Paseo del Espolón. Caminábamos por este popular paseo  a  diario,  porque la casa de los señores Plaza, estaba muy cerca, un poco tirando hacia el Castillo que yo  podía ver, si me asomaba a la ventana de la cocina. Por ello el sabor de estos helados, sigue en mi mente sin olvido.  Ahora cuando vuelvo a transitar por el  conocidísimo paseo, recuerdo muy bien los sabores  guardados  en mi mente  de nata y vainilla, siendo mi  preferido el del chocalate que por entones, mi  generosa tía me compraba.


 Cuando a veces me he sentado en sus magníficas terrazas con mi amiga Mª Ángeles y tomamos  el suculento chocolate que hacen, acompañado de sus correspondientes seis  churros, todos los recuerdos de entonces, vuelven siempre a mi memoria, tanto los sabores, como los olores y lo que no recuerdo  bien son los árboles entrelazados que tanta sombra dan y adornan a este  conocidísimo paseo. Sin embargo no guardo recuerdo de las grandes estatuas de diferentes personajes importantes que se erigen a lo largo de este bulevar  que engancha con La Isla


Recuerdo que mi  tía también  nombraba mucho a otro lugar  llamado Fuentes Blancas, porque  en más de una ocasión,  ella cocinaba  de forma especial,  pues  debía ser el de su libranza, para trasladándonos a comer hasta esa grande y hermosa  arboleda, en los días del estío. 


Cómo mi estancia era en verano, para nada recuerdo el famoso frío de Burgos ¿Y la Catedral? Algo de su  reminiscencia  está en mí, pero no especialmente. Ahora, sin embargo, cuando vuelvo a  contemplar su belleza, no me canso de mirarla tanto en su parte exterior, como su interior.  No hace mucho, tuve la dicha de verla sola, pues siempre la he visitado en compañía  y he de deciros que fue una delicia admirarla , sin guía, disfrutando de lo que todos mis  sentidos me enseñaban y yo percibía.


Luis Cernuda,  nos describe esta ciudad gris y sin embargo, siempre acompañada por una luz especial que emana de sus propios edificios. En alguna ocasión la he visitado con nieve,  pero el frío es tan intenso que cuesta pararse y admirarla.  Por el contrario,  si  el  tiempo acompaña, me detengo al pasear  por la orilla del río Arlanzón, viendo su fauna y su flora, mientras se escucha el rumor del agua en su recorrido, atravesando puentes y más puentes  de diferentes formas y estructuras  y por supuesto con sus correspondientes nombres: San Pablo, Santa María, Bessón, Castilla, Malatos, San Amaro, Universidad......


Burgos, ciudad donde el frío puede ser protagonista, pero también lo  es toda la belleza que sus calles, plazas, árboles y paseos,  nos va mostrando cuando quedamos sorprendidos al contemplar, en las piedras de tanta historia, cómo nos van hablando al pasear en las diferentes estaciones del año, aunque hay un dicho popular que dice:  En Burgos no hay  más que  dos  estaciones, la del invierno y la del ferrocarril. 


(c) Texto y foto: Luz del Olmo Veros.




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miércoles, mayo 29, 2024

EL/LA AMANTE



 



Sí, lectora o lector, me estoy refiriendo al agua que viene y va en  EL MAR/LA MAR, como también lo hace Cernuda en su título,  para escribir por ese amor  que siente hacia el   MAR ,  al igual  que lo  nombra su compañero de Generación llamada del 27, Rafael Alberti, cuando llega a Madrid y escribe estos versos, tan conocidos:


El mar, la mar

¿por qué me trajiste padre 

a la ciudad?


 Otro de los amigos de Alberti y Cernuda, el  gran Federico García Lorca nos recuerda  en su poema FÁBULA Y RUEDA DE LOS TRES  AMIGOS de su libro Poeta en Nueva York,  en  su última estrofa: 

                         Ya no me  encontraron

                    ¿No me encontraron?

                    No.  No me encontraron.

   Pero se supo que la sexta luna huyó torrente  arriba,                     

    y que  el mar recordó ¡de pronto!

    los nombres de todos sus ahogados


Los años en la  vida de una persona qué son sino olas  en constante repetición, una detrás de otra: iguales  y distintas,  pues aunque parezcan similares, siempre tienen alguna variación en su forma, fuerza y  color, como los  días,   en el pasar del tiempo que  es  nuestro vivir.


Aunque en otras entradas, haya dejado escrito sobre el agua que nos cubre  a la  tierra, diré que mi amante, en relación al mar, es  el Cantábrico, aunque el Atlántico, tampoco está nada mal y no descarto el tranquilo Mediterráneo, porque amo a  todo lo que sean olas que van y vienen, vienen y van sin  reposo ni descanso,  en  su ritmo que no cesa y quedo extasiada  en su  su vaivén, de esa masa de agua, tan cambiante en su color, al ser mirada por el cielo que no deja de observarla 


Mi amante favorita en este sentido es La playa de los Locos, a la que he escrito y descrito en más de una ocasión en este blog, porque siempre hay un amante o amada de agua que te impresiona más que las otras o los otros.  Eso me sucede a mí, con esta playa  cuyo flechazo me llegó  en la primera vez que nos miramos, como también existe en los  grandes amores. 


Este año pasado, conseguí no solo verla de lejos, como otras veces, pues  tiene una bajada bastante empinada, por ello  a pesar del frío de sus aguas, decidí  dejar que sus olas me acariciasen, no solo en los pies, sino también todo mi cuerpo, pero su frialdad, hizo que no me mantuviese mucho tiempo en nuestro contacto íntimo. Esta playa, en realidad es una pequeña cala que  en marea baja,  viene a visitar el mar, para cubrirla casi al completo en la llamada marea alta. 


Parece ser que según la  teoría de Oparín, venimos del mar. A mi siempre me ha gustado pensar  que  bien puede ser  así, por  ello, al mar, siempre vuelvo,  quizás influya el haber nacido en Castilla, que en realidad también es otro  mar en su paisaje y de forma especial en los meses de primavera y verano,  con la  extensión de sus campos en la meseta,  donde el horizonte se extiende allá, allá en el infinito.









(c) Texto y fotos: Luz del Olmo Veros 

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miércoles, mayo 22, 2024

ESTÍO






                                


Llegó un momento que los estíos, ya no los pude  pasar a la sombra de mi padre y de mi madre. Mi vida había cambiado mucho con los años que no paraban en su movimiento constante,  dentro de su propia mutación. 


La casa donde nací, tenía luz con los cables  bien visibles en sus paredes enjalbegadas y donde los interruptores de encendido y apagado, me llevaban a  decir que  las  bombillas, nos obedecían,  si  dábamos un pellizco en la pared. 


Por el contrario, no podíamos disfrutar del agua corriente,  eso implicaba que la primera tarea de la jornada, consistía  en  ir con  el botijo y los cántaros vacíos, para llenarlos en la fuente  del pueblo que se encontraba y se encuentra a la orilla del Ayuntamiento, que sigue en vigor, pero no así las Escuelas donde ya no funcionan, como tales, aunque sí se utilizan de otra forma. 


Ahora, una de sus  aulas a la que podemos llamar  multiusos,  sirve como Capilla y también para celebrar alguna que otra reunión  que el pueblo necesita. Las paredes están llenas de estanterías formando una pequeña biblioteca, donde  los libros se fueron  acumulando y los pusimos con algo de orden,  para que el pueblo pueda leerlos cuando lo quiera o los necesite. También existe un archivo bien ordenado por la Diputación de Burgos, con papeles  de otros tiempos.


Siguiendo mis recuerdos en los años de mediados de los 60, los veranos en los pueblos, se iban  llenando después del éxodo a las ciudades de Madrid, Barcelona y Bilbao, viviendo todavía en la dictadura franquista, aunque ya algo más atenuada y no era tan férrea como en épocas anteriores. 


Mi madre por aquellos años se quedó sola en la casa  donde todos sus hijos habían nacido y ninguno estaba para acompañarla: Rafael seguía  y sigue de sacerdote. Evencio había muerto en 1957 y Victoriano se marchó con un buen trabajo que le salió en Madrid. Y yo, seguí  con mis estudios en la capital.


Tengo que recordar y volver a dar las gracias a Cándida y Anastasio, aunque ya no estén con nosotros,  que en el otoño y el invierno  del año de 1964 y continuaron en el 1965,  estos  vecinos y  amigos, estuvieron muy pendiente de mi progenitora, acompañándola, en su soledad.


Al llegar las vacaciones de Navidad, yo  me fui con ella para pasarlas llenas de pena, en el recuerdo de su marido y mi padre muerto   y  en el verano siguiente,  volví a Pardilla  para vivir  mis tres meses de vacaciones, sin apenas salir de casa, porque por aquellas fechas el luto era muy riguroso. Recuerdo que aterricé en el pueblo   con una falda blanca y negra y un suerte también del mismo color. Era lo que se llamaba entonces el medio luto o alivio luto.  Por ello mi madre nada más llegar, me tenía preparado un vestido completamente negro, donde le añadió en pleno verano, unas medias y zapatos del mismo  color.


Al llegar el  comienzo del otoño y cuando la flores quitameriendas, van apareciendo por prados, eras  y praderas, decidimos que podríamos vivir en la capital de España, nuestra madre, Victoriano y yo. Así lo hicimos y pasamos a  la época de mi naciente juventud, donde ya he contado algo en mis anteriores entradas. 


(c) Texto y fotos: Luz del Olmo Veros


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domingo, mayo 12, 2024

APRENDIENDO EL OLVIDO













¿Cuándo llegué a conocer el Retiro de Madrid, teniendo en cuenta que estuve  viviendo a poca distancia de este magnífico parque? No lo sé, pero de lo que sí estoy segura es cómo  su visita,  en cualquiera estación del año,   se asemeja bastante a esos placeres  de la vida, que  son imprescindibles. 


Lo que  tengo claro  en mi ahora, es  lo bien que me siento cuando  doy un  paseo   por los senderos, contemplando  el verde de las praderas y  los colores   distintos de las rosas  en  su famosa Rosaleda.  Observar  los animales, buscar las flores, admirar los árboles y también las aguas,  en pequeños regatos y estanques artificiales. Quedar sorprendida por  las  exposiciones en El Palacio de Cristal, La Casa de Vacas, o el Palacio de Velázquez. Poder ir a  su  Biblioteca. Detenerme en sus estatuas  que representan a diferentes personas ilustres de nuestra historia. Las casas y casitas, de cuentos de hadas y muy especial  sus  cantarinas fuentes. El caminar por los  anchos paseos  siempre rodeados de naturaleza y  también de todo tipo de personas, andando siempre de un lugar a otro, o ver las pequeñas barcas en el  Estanque Grande del Buen Retiro. Si el paseo es por la  tarde, detenerme para observar cómo a lo lejos, se  va ocultando el sol en su atardecer. 


He de confesar  que las fechas cuando más disfruto, son en esos primeros días de septiembre, aún sin llegar el otoño y  cuando el verano poco a poco, se va agostando en su propio paisaje.


Me  gustan esos días  para pasearlos en la soledad con todo lo que me rodea, porque este parque es bello y más  cuando te aísla, de  todo lo que ocurre en la gran ciudad. Allí, el tono es reposado, tranquilo, aunque últimamente puede haber bastante tráfico de bicicletas, patinetes  y demás artilugios modernos que  se supone no hacen ruido, pero sí tienen ruedas. No obstante,  es en ese remanso de paz y tranquilidad, donde se puede pensar mientras paseas y  hasta  llegas a olvidar, alguna que  otra pena que te  puede estar rondando y  quisieras superar, pues ya la llevas arrastrando con el paso de los años, pero que no se va, se queda ahí, quieta contigo y me temo que es para   siempre.


Más de una  vez y al mirar las casas que se levantan hasta el cielo, en el horizonte, me he preguntado quién serían los  afortunados o afortunadas vecinas que podrían vivir  en las torres altas que se divisan por encima de los árboles, en este tiempo y también en  otros anteriores, cuando Madrid, era distinto porque bien se puede decir de la Capital  aquello de ¡Quién te ha  visto y quién te ve!


Al leer la prosa poética APRENDIENDO OLVIDO, y cuando estamos en el mes de mayo de este 2024,   pienso en  la ubicación  de esa casa donde el poeta sevillano, se encontraba con su  amor prohibido, para  escribir:  Por el balcón abierto, frente al cual se extendía a lo lejos, las frondas espesas del parque, venía otra vez hasta ti, más insistente y concreto,  el aroma de las acacias mojadas de lluvia y las estrellas parecían más límpidas y próximas que antes allá abajo desde la calle ¿Cuál era el sueño? ¿ El sufrimiento interior o el  goce exterior, de la piel, del olfato, al sentir la caricia del aire limpio ya y frío de la madrugada, pasado  con aroma de flor y humedad de  lluvia, en la primavera  del tiempo humano?


Es imposible superar la belleza de estas palabras que Luis Cernuda escribió en estas prosas poéticas, a las que voy siguiendo, hurtando un poco sus títulos. 



 (c) Texto y foto: Luz del Olmo Veros

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martes, mayo 07, 2024

EL MAR, SIEMPRE EL MAR


Te conocí por la noche, cuando todo estaba oscuro  y en tu playa  sentí las piedras que te iban acompañando. Me diste miedo en el sonido. Te imaginaba, grande, enorme, infinito y con mucho poder. 


Yo que nací en el  corazón de Castilla, llegué a ti,  con mis diecisiete años cumplidos. Unos meses antes Mari Tere, mi amiga de entonces y que ahora he recuperado, me convenció para que viajaramos  juntas a Estepona (Málaga)  y   fue allí, en esa playa poco arenosa de aquellos  años de 1966, cuando  ella, me indicó  que no tuviese miedo y que al  volver a verte con la luz de la mañana, bien  podía quedar sorprendida, al mirar  toda tu belleza.


Y así fue, pero me seguías dando algo de  temor. Tus aguas ya eran azules y no negras, como yo las imaginé en la noche anterior  y comencé  a caminar, con mucha cautela por la orilla, donde con tus constantes olas, ibas y volvías   sin esconder tu ruido. Se calmó un poco mi  alerta, porque veía tu agua cristalina y limpia que acariciaba mis pies. No obstante, si te acercabas más de lo normal, para jugar con  tus olas,  creía que en un momento de mi despiste, me llevarías contigo. Algo imposible, pero el miedo a lo que no conoces, tiene por real, lo que solo es imaginario. 


Con el tiempo nos fuimos haciendo amigos tú y yo, porque la atracción de tus aguas, era más fuerte que aquel pavor del principio,  aunque siempre fui muy cautelosa contigo y si ahora disfruto  con tus malas pasadas, cuando la ola llega sin avisar, todavía me queda algo de aquella imagen de nuestro primer encuentro.


Aprendí a nadar muy poco, por eso lo que más me gusta es caminar hundiendo mis  pies, en la arena fina de tus playas, mientras miro y observo, todo lo que se va extendiendo a nuestro alrededor, para oír esa canción que en la oscuridad querías cantarme y yo, por desconocimiento,  solo podía temblar .


Después te he visitado en varios lugares, donde ejerces no solo de mar sino que llegas hasta ser un océano, siempre con  tus olas,  iguales pero  distintas y  en más de una ocasión,  a veces  me has pillado ensimismada mirándote y aunque  enamorada de  ti,  sin ser capaz de alejarme  demasiado de tu orilla, quizás esa cautela que tuve al conocerte, se quedó incrustado en  mi mente,  para  permanecer  a lo largo de los años.


También  te  he visitado desde barcos pequeños,  medianos,  grandes... y hasta en más de una ocasión, he dormido en ellos, porque mis viajes hacia a  ti,  han recorrido los diferentes lugares donde te encuentras  y así,  te he  conocido en ciudades  y  pueblos de Europa, donde  las playas  grandes y bellas, se van sucediendo,  pero donde tus aguas no son  tan cálidas, como las que bañas en nuestras costas de España. Lo que sí me llamaba la atención era en algunos lugares como en Francia o Reino Unido,  junto a los Países Nórdicos, tus subidas y bajadas en esas mareas que te da por mover tanto el agua, eran rápidas y espectaculares  y comparándolas con las que he visto en nuestras costas españolas,  son, algo más comedidas.


Si algo distinto quedó en mi retina, fue aquella vez que vimos    cómo la nieve en un mes de abril, había llegado hasta las playas de Riga en Letonia.  Yo no he vuelto a ver una playa tan nevada, como la que entonces disfruté por su gran novedad. 


Allá en los lugares dónde puedes llegar con tus subidas  y bajadas de agua, también tendrás  su belleza,  cuando vas recogiendo a los ríos en un gran caudal, para arrastrarlos contigo  y donde te sentirás, con un gran poder. Por ello creo que un poquito del miedo que sentí al conocerte también lo saben todas las personas que te conocen, te cuidan y viven de ti y  sino hay  miedo, si al menos, mucho respeto. Nos has demostrado que tu furia, puede hacer también mucho daño, por ello al contemplarte,  te suelo mirar desde lejos. 


 



(c) texto y foto: Luz del Olmo Veros 





            

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